sábado, 10 de marzo de 2012

Chapter 79.



NARRA:             James Hetfield.

Sus escrituras me hacían recordar, imaginar… pero más que nada, me transportaban a un lugar en el que me sentía mejor. Ella estaba angustiada, dolida e incómoda por algún asunto, sus ojos oscuros lo reflejaban como siempre lo habían hecho desde que la conozco… Dejé los papeles a un costado y la miré, su perfil era como el de una niña pequeña, su rostro jamás ha tenido mayores cambios, me asombré bastante al ver su mirada perdida en el vacío de mi sala, viendo la pared, un cuadro de un atardecer, no estaba interesada en la pintura, claro que no… sus pensamientos estaban atormentando su subconsciente y en realidad debía saber lo que la mantenía así. Me acerqué a ella con cautela, encogí mis ojos y me guié por sus ojos hacía la pared una vez más, nada interesante. Puse mi mano frente a sus ojos y la moví con cuidado, pestañeó lentamente y miró la alfombra, la saqué de un trance extraño que se la estaba llevando…

         ¿Qué te sucede?
         Nada – dijo sin más.
         No me mientas – susurré.

Sus ojos oscuros me cautivaron otra vez, esa mirada de costado que tanto le gustaba actuar, mover solo sus ojos para parecer interesante; mantuvo la mirada en mí, respiró profundo y volvió a mirar la alfombra, miró los papeles, mis manos y la alfombra otra vez…

         Hija, sabes que puedes confiar en mí…
         Lo sé – dijo sin dejarme acabar.
         Entonces habla, sé que te está pasando algo.
         No quiero hablar de ello – susurró.
         Pero yo si – tiré las hojas a la mesita de centro – Mírame, dime que es lo que te pasa – encogí mis ojos preocupado.

Tocó su frente en silencio, cerrando los ojos, aguardando más aquella incómoda situación. Sentía como el aire se podía cortar con un cuchillo.

Lamió sus labios como lo hacía a menudo, rascó su nariz como siempre… mantenía el silencio entre ambos. Tomó mi mano y la apretó con fuerza, cuando ella hacía eso es porque estaba muy mal, y lo digo porque ya la conozco hace unos buenos 14 años, por algo ella me llama padre…

Comenzó a contarme los problemas que estaba teniendo con Mischa, los líos que estaban trayendo a ella sus decisiones en la banda; la reciente recuperación de Petter mantenían un gran dilema dentro de Nevinger, ella quería a Sullivan dentro, al igual que el resto… pero era Petter el que debía estar como bajista, claro, él estaba convaleciente, no podía llegar un día y comenzar a tocar el bajo como lo hacía antes, debía pasar un buen tiempo para que él regresara, pero Mischa no quería entender eso. Estaba iniciándose una rivalidad entre sus dos mejores amigas, un caos del cual ella era la intermediaria.

Su voz se volvió frágil, delicada y angustiada, su mirada decayó al nombrar varias veces a Mischa como la culpable de todo, pero también recriminarse a ella por ser tan drástica con sus decisiones. Yo le dije que la apoyaba en todo lo que ella dijera, más que mal… era ella la que daba las órdenes dentro de ese núcleo, pero claro está que la gran Bauer es una gran potencia dentro del mismo círculo.

Estaba abatida, como hace mucho solía estarlo en estas situaciones, ella estaba comportándose diferente, más sensible de lo normal, no estaba acostumbrado a estas acciones de parte de Nixie Bauer, ella era la chica indestructible que hacía todo con la cabeza muy fría y verla así, de esa manera me hizo cuestionar muchas cosas. Tal vez la vida de casada la estaba cambiando, tal vez el ser una madre más presente de lo que había sido años anteriores la estaba sensibilizando, tal vez el constante afecto de su familia más cercana que se estaba haciendo presente la estaba haciendo dudar de sus capacidades independientes… en verdad no tengo idea de lo que la esté cambiando, tal vez sean los años… ya cumplió 34 años, y a esa edad la crisis se hacen notar con más frecuencia.

         Todo pasará, debes tener calma – le dije como consuelo.
         No sé cuanto pueda soportar con todo esto…
         Eres la mujer más fuerte que conozco, no te vas a echar a morir por una discusión ¿no? – levanté las cejas.
         Quien sabe…

Apoyó su nuca con el respaldo del sofá, cerró los ojos y pude ver como por su garganta circulaba una gran cantidad de saliva. Ya me estaba molestando tanto silencio, comenzaba a incomodarme más de lo normal, tomé los papeles una vez más, los miré rápido y sonreí, realmente me gustaba la forma de escribir de esta niña, mantenía una emoción extrañada en cada párrafo de todas sus canciones.

         Ya hablé con Dave – sonreí sin mirarla.
         ¿Sobre qué? – me miró de reojo.
         Sobre la gira en Europa…
         Neh’… – dijo levantando parte de su labio.
         ¿Cómo que neh’? – fruncí el seño.
         Ya no estoy interesada en ese asunto – suspiró.
         ¿Cómo que no? – me extrañé.
         Tengo cosas más importantes que hacer, la gira puede esperar un tiempo más James, no es tan urgente como piensas…

Al fin decidió mirarme, sus ojos estaban cansados. Me miró extraño, como pensando en algo, pero no queriendo decirme, se puso de pie y me quitó la carpeta con las canciones.

         Te veo mañana… – besó mi cabeza.
         ¿Ya te vas? – la miré.
         Se me hace tarde, debo ir a ver a los chicos… debo ir a supervisarlos antes de que se maten – levantó las cejas.

La miré molesto, no me gustaba verla tan… decaída. Me puse de pie y la abracé, la apegué a mi pecho mientras ella permanecía tensa, la rodeé con mis brazos y apegué mi mentón en sus cabellos, acaricié su espalda de una manera tan fraternal que hice que reaccionara, sus brazos rodearon mi cintura.

         Te amo – dijo mientras me apretaba.
         Y yo a ti hija. Sabes que no me gusta verte así…
         Deberías estar acostumbrado, es normal en mí – rió sin ganas.
         No, no lo es…
         No comiences a recriminarme… llévame con los chicos – acarició mi espalda.
         Está bien – besé su cabeza – Vamos – tomé su mano.

Asintió con la mirada ida, como ya estaba hace un rato. Tomó nuevamente sus canciones y caminó de mi mano al auto, encendí el motor, encendí la radio y charlamos un poco sobre las canciones que había escrito. Tenían buena trama y un sentido alucinante, me gustaban, pero ella no estaba convencida del todo, por eso había venido a pedir mi opinión. 

Hablamos sobre los hijos, sobre las ideas que tenía en mente para la banda de su hermano que estaba trabajando conmigo. La hice reír cuando comenzamos a recordar cosas que pasaron en su boda, en el bautizo de los pequeños y en los cumpleaños recientes de ella y Cristal, mi ahijada. Verla sonreír me animó un poco, era como una hija para mí, más aún después de todo lo que tuvo que vivir sin su padre, sin su apoyo y sin más nadie que yo. 

Permanecí junto a ella desde que la conocí cuando apenas tenía casi 20 años, cuando la vi tocar por primera vez en Lordi… desde aquel entonces nos volvimos amigos, de una manera muy especial… poco a poco me fui enterando de lo que ha tenido que vivir, de las cosas que ha tenido que pasar. Le prometí que la cuidaría siempre, porque una chica jamás debe estar sola en un mundo tan peligroso como el de hoy, nuestra unión se fue haciendo más fuerte con los años, y claro, nuestra diferencia de edad dejó mucho al azar, hasta que un día… en una conversación tan seria y profunda me dijo que para ella yo era como un padre.

Y fue allí cuando me di cuenta de lo importante que era en su vida, más que mal yo la acompañé cuando nadie lo hizo, en su primer embarazo… el de Cristal, yo estuve en el parto, yo la ayudé a criar a la pequeña, le di una gran ayuda para comenzar con Nevinger, la defendí de muchas mentiras que el mundo hablaba sobre ella, la apoyé cuando muchos le dieron la espalda… La he ayudado siempre que he podido.

El caso es que… charlamos sobre muchas cosas, la hice sentir un poco mejor, cantamos juntos unas canciones que sonaron en la radio del auto, me comentó las cosas que estaban haciendo los pequeños gemelos, las palabras que habían aprendido y que no le dijeron mamá, si no que Nixie, lo que me provocó mucha gracia, pero ya saben como son los pequeños… siempre nos sorprenden.

Llegamos a aquel lugar donde solían ensayar, bajamos del auto luego de estacionarlo afuera en la acera, caminamos juntos a la entrada, la puerta se nos abrió gracias a Mischa que estaba disgustada quien sabe porque, miró a Nixie, y luego a mí de una manera perturbadora, enfurecida, reteniendo palabras que de seguro me denigrarían.

         ¿Qué haces aquí? – preguntó extrañada, pero molesta.
         Traje a Nixie – tomé los hombros de ella.
         Vamos adentro – dijo Nixie caminando delante de mí.

Me guiaron adentro, donde vi a los dos chicos escribiendo en unas hojas mientras que Lu estaba con unos grandes audífonos en sus orejas, tocando el bajo.

Me senté en unos de los asientos de primera fila y vi como cada uno trabajaba, Mischa subió rápidamente al escenario y le arrebató los audífonos a Sullivan de una manera poco educada, entonces la chica se molestó, la miró incómoda y le gritó, Mischa le devolvió el grito diciéndole que Nixie ya había llegado; comenzaron a discutir, parecía una competencia de quien gritaba más fuerte, Lu se puso de pie y miraba hacia abajo a Mischa, porque ella era más alta, entonces la líder subió su tono de voz.

         Basta – dijo sin ánimo.
         ¡Es hora de que comiences a obedecer! – gritaba Mischa.
         Yo estaba haciendo lo que debías estar haciendo tú, así que no me jodas – le respondía Lu.
         ¡Basta! – gritó más alto.
         Hora de la pelea – susurró Andréu a la lejanía.

Nixie se puso de pie y las miró con sus manos en la cintura, comenzó a gritarles para que guardaran silencio, pero ninguna de las dos estaba prestándole atención para ser sincero, me preocupaba mucho que esto acabara en algo mucho peor, las peleas de mujeres son terribles y tener que presenciar una no era lo que quería precisamente…

         O se detienen o se van… ¡YA! – gritó.
         ¡¿Es que acaso no entiendes que ella solo está estorbando en el grupo?! – la miró Mischa.
         ¡¿Estorbando?! ¡Cómo si tú hicieras algo útil! ¡Lo único que haces es esperar que Alex termine sus acordes y modificarlos a tu gana! – le respondía Lu.
         Esto es el colmo… – dijo Nixie caminando atrás del escenario.

Desapareció en la oscuridad del costado del anfiteatro, demoró un minuto en volver a aparecer mientras estas dos seguían gritándose, un par de grandes vasos con agua traía en sus manos, subió por el costado con cuidado, con esa cara de enfado sin expresión que tanto la representaba cuando estaba harta, se aproximó a las chicas y le lanzó uno a cada una, haciendo al fin que guardaran silencio.

         Se van a callar el par de idiotas o comenzaré a cortarles la cabeza…
         ¡Ya era hora! – rió Alex a la lejanía.
         ¡¿Pero que has hecho?! – gritó Mischa tiritando de frío.
         Hice que te callaras – dijo Nixie abriendo grande sus ojos, enfadada.
         ¡Acabas de arruinar mis composiciones! ¡Y el bajo! – gritaba Lu.
         No me importa, las escribes de nuevo y yo compro otro bajo… fin del asunto – respondió seria.
         ¡Eres una idiota! – le gritó Bauer.

Nixie sonrió.

         No volveré a escribir las cosas que tu arruinaste – se movía Lu de un lado a otro para secarse.
         No las hagas si no quieres…

Bajó del escenario en dirección a la puerta, caminando lentamente, lanzando los vasos a los asientos de por ahí. Todas las miradas la asecharon, observando que es lo que pensaba hacer ahora.

         ¡¿A dónde mierda crees que vas?! – gritó Mischa empapada, enojada.
         ¡A un lugar en donde nadie me estorbe! – se giró enojada.
         ¡Pero acabas de llegar! – se puso de pie Andréu rápidamente.
         Y esto se terminó – dijo entre dientes.
         ¿Cómo que se terminó?
         No volveré aquí hasta que las cosas estén bien, hasta que ella – apuntó a Mischa – se de cuenta que nada puede volver a ser como antes y que ella – apuntó a Lu – deje de ser tan infantil. Si quieren mi presencia… maduren – frunció el seño.
         ¡Espera… ¿Qué?! – gritó Mischa desde el escenario.
         ¡Jódete! – le gritó mostrando su dedo medio.

Se dio media vuelta y se marchó, dejando a todos con la boca abierta y sin entender el porqué de su extraña explosión de furia. Las chicas estaban empapadas, tiritando por el frío de invierno que aún permanecía en el ambiente, Alex fue por toallas y Andréu corrió atrás de Nixie para detenerla, la puerta se cerró atrás de él y no sabremos si charlaría con ella o qué, pero luego de su ida las chicas se sentaron en el borde del escenario, alejada una de la otra. Alex le dio una toalla a cada una y allí permanecían ambas, sin decirse nada.

Pasó un largo rato para que el francés volviera a aparecer, decaído sin la sonrisa con la que se fue… era obvio que lo que Nixie le podría haber dicho era incierto, era obvio que las cosas no andaban bien y precisamente la banda corría un cierto riesgo de seguir adelante. 

Tuve entonces, que pararme frente a ambas chicas, hablarles imponente, con fuerza y decisión, aclararles todo lo que estaba pasando, todo lo que estaba afectando a su líder y vocalista. Debían hacer las pases si querían continuar con aquello que tanto les había costado trabajo construir.

         Pero Petter era nuestro bajista – discutió Mischa.
         ERA – dije serio.
         Pero…
         Nada de peros Mischa, ella es la que manda y tú la que obedeces… siempre ha sido así, es un poco inmaduro que comiences a comportarte así por celos – murmuré.
         ¿Celos? – rió.
         Celos de que Lu sea una gran amiga de TU mejor amiga…
         ¿Celosa yo? ¿De eso? – siguió riendo cínica – Pero que poco me conoces James – dijo molesta.
         Te conozco bastante, por eso lo digo niña, no vengas a hacerte la que no comprendes las cosas cuando en verdad si sabes de lo que estoy hablando – levanté las cejas.
         Eso no es cierto – miró a otro lugar.

Lu se puso de pie y miró a Mischa antes de irse.

         Yo no voy a arrebatarte a Nixie, no puedo creer que pienses que vine a la banda para alejarte de todos – dijo con cierto tono de decepción.

Mischa la miró irse sintiéndose extraña, ¿de que forma? No lo sé, pero sabía que todo lo que le había dicho era cierto, todos lo sabían y ella con mayor razón. Todos se marcharon, dejándome a mí solo con ella, aún empapada, me senté a su lado.

         No hagas que ella se aleje de ti otra vez, no seas tonta – susurré.
         Yo sé lo que tengo que hacer – dijo obstinadamente.

Se puso de pie y se marchó. Quedé solo en un lugar que no me correspondía, entonces debí emprender marcha a mi casa una vez más, imaginando que había echo un buen trabajo aconsejando a aquella mujer, que ella haría lo correcto frente a esta situación, pero todo era incierto… nadie sabe lo que va a pasar.

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