NARRA:
James Hetfield.
Sus
escrituras me hacían recordar, imaginar… pero más que nada, me transportaban a un
lugar en el que me sentía mejor. Ella estaba angustiada, dolida e incómoda por
algún asunto, sus ojos oscuros lo reflejaban como siempre lo habían hecho desde
que la conozco… Dejé los papeles a un costado y la miré, su perfil era como el
de una niña pequeña, su rostro jamás ha tenido mayores cambios, me asombré
bastante al ver su mirada perdida en el vacío de mi sala, viendo la pared, un
cuadro de un atardecer, no estaba interesada en la pintura, claro que no… sus
pensamientos estaban atormentando su subconsciente y en realidad debía saber lo
que la mantenía así. Me acerqué a ella con cautela, encogí mis ojos y me guié
por sus ojos hacía la pared una vez más, nada interesante. Puse mi mano frente
a sus ojos y la moví con cuidado, pestañeó lentamente y miró la alfombra, la
saqué de un trance extraño que se la estaba llevando…
–
¿Qué te sucede?
–
Nada – dijo sin más.
–
No me mientas – susurré.
Sus
ojos oscuros me cautivaron otra vez, esa mirada de costado que tanto le gustaba
actuar, mover solo sus ojos para parecer interesante; mantuvo la mirada en mí,
respiró profundo y volvió a mirar la alfombra, miró los papeles, mis manos y la
alfombra otra vez…
–
Hija, sabes que puedes confiar en mí…
–
Lo sé – dijo sin dejarme acabar.
–
Entonces habla, sé que te está pasando algo.
–
No quiero hablar de ello – susurró.
–
Pero yo si – tiré las hojas a la mesita de centro – Mírame,
dime que es lo que te pasa – encogí mis ojos preocupado.
Tocó
su frente en silencio, cerrando los ojos, aguardando más aquella incómoda
situación. Sentía como el aire se podía cortar con un cuchillo.
Lamió
sus labios como lo hacía a menudo, rascó su nariz como siempre… mantenía el
silencio entre ambos. Tomó mi mano y la apretó con fuerza, cuando ella hacía
eso es porque estaba muy mal, y lo digo porque ya la conozco hace unos buenos
14 años, por algo ella me llama padre…
Comenzó
a contarme los problemas que estaba teniendo con Mischa, los líos que estaban
trayendo a ella sus decisiones en la banda; la reciente recuperación de Petter
mantenían un gran dilema dentro de Nevinger, ella quería a Sullivan dentro, al
igual que el resto… pero era Petter el que debía estar como bajista, claro, él
estaba convaleciente, no podía llegar un día y comenzar a tocar el bajo como lo
hacía antes, debía pasar un buen tiempo para que él regresara, pero Mischa no
quería entender eso. Estaba iniciándose una rivalidad entre sus dos mejores
amigas, un caos del cual ella era la intermediaria.
Su
voz se volvió frágil, delicada y angustiada, su mirada decayó al nombrar varias
veces a Mischa como la culpable de todo, pero también recriminarse a ella por
ser tan drástica con sus decisiones. Yo le dije que la apoyaba en todo lo que
ella dijera, más que mal… era ella la que daba las órdenes dentro de ese
núcleo, pero claro está que la gran Bauer es una gran potencia dentro del mismo
círculo.
Estaba abatida, como hace mucho solía
estarlo en estas situaciones, ella estaba comportándose diferente, más sensible
de lo normal, no estaba acostumbrado a estas acciones de parte de Nixie Bauer,
ella era la chica indestructible que hacía todo con la cabeza muy fría y verla
así, de esa manera me hizo cuestionar muchas cosas. Tal vez la vida de casada
la estaba cambiando, tal vez el ser una madre más presente de lo que había sido
años anteriores la estaba sensibilizando, tal vez el constante afecto de su
familia más cercana que se estaba haciendo presente la estaba haciendo dudar de
sus capacidades independientes… en verdad no tengo idea de lo que la esté
cambiando, tal vez sean los años… ya cumplió 34 años, y a esa edad la crisis se
hacen notar con más frecuencia.
–
Todo pasará, debes tener calma – le dije como consuelo.
–
No sé cuanto pueda soportar con todo esto…
–
Eres la mujer más fuerte que conozco, no te vas a echar a
morir por una discusión ¿no? – levanté las cejas.
–
Quien sabe…
Apoyó
su nuca con el respaldo del sofá, cerró los ojos y pude ver como por su
garganta circulaba una gran cantidad de saliva. Ya me estaba molestando tanto
silencio, comenzaba a incomodarme más de lo normal, tomé los papeles una vez
más, los miré rápido y sonreí, realmente me gustaba la forma de escribir de
esta niña, mantenía una emoción extrañada en cada párrafo de todas sus
canciones.
–
Ya hablé con Dave – sonreí sin mirarla.
–
¿Sobre qué? – me miró de reojo.
–
Sobre la gira en Europa…
–
Neh’… – dijo levantando parte de
su labio.
–
¿Cómo que neh’? – fruncí el seño.
–
Ya no estoy interesada en ese asunto – suspiró.
–
¿Cómo que no? – me extrañé.
–
Tengo cosas más importantes que hacer, la gira puede
esperar un tiempo más James, no es tan urgente como piensas…
Al
fin decidió mirarme, sus ojos estaban cansados. Me miró extraño, como pensando
en algo, pero no queriendo decirme, se puso de pie y me quitó la carpeta con
las canciones.
–
Te veo mañana… – besó mi cabeza.
–
¿Ya te vas? – la miré.
–
Se me hace tarde, debo ir a ver a los chicos… debo ir a
supervisarlos antes de que se maten – levantó las cejas.
La
miré molesto, no me gustaba verla tan… decaída. Me puse de pie y la abracé, la
apegué a mi pecho mientras ella permanecía tensa, la rodeé con mis brazos y
apegué mi mentón en sus cabellos, acaricié su espalda de una manera tan
fraternal que hice que reaccionara, sus brazos rodearon mi cintura.
–
Te amo – dijo mientras me apretaba.
–
Y yo a ti hija. Sabes que no me gusta verte así…
–
Deberías estar acostumbrado, es normal en mí – rió sin
ganas.
–
No, no lo es…
–
No comiences a recriminarme… llévame con los chicos –
acarició mi espalda.
–
Está bien – besé su cabeza – Vamos – tomé su mano.
Asintió
con la mirada ida, como ya estaba hace un rato. Tomó nuevamente sus canciones y
caminó de mi mano al auto, encendí el motor, encendí la radio y charlamos un
poco sobre las canciones que había escrito. Tenían buena trama y un sentido
alucinante, me gustaban, pero ella no estaba convencida del todo, por eso había
venido a pedir mi opinión.
Hablamos sobre los hijos, sobre las ideas que tenía
en mente para la banda de su hermano que estaba trabajando conmigo. La hice
reír cuando comenzamos a recordar cosas que pasaron en su boda, en el bautizo
de los pequeños y en los cumpleaños recientes de ella y Cristal, mi ahijada.
Verla sonreír me animó un poco, era como una hija para mí, más aún después de
todo lo que tuvo que vivir sin su padre, sin su apoyo y sin más nadie que yo.
Permanecí junto a ella desde que la conocí cuando apenas tenía casi 20 años,
cuando la vi tocar por primera vez en Lordi… desde aquel entonces nos volvimos
amigos, de una manera muy especial… poco a poco me fui enterando de lo que ha
tenido que vivir, de las cosas que ha tenido que pasar. Le prometí que la
cuidaría siempre, porque una chica jamás debe estar sola en un mundo tan
peligroso como el de hoy, nuestra unión se fue haciendo más fuerte con los
años, y claro, nuestra diferencia de edad dejó mucho al azar, hasta que un día…
en una conversación tan seria y profunda me dijo que para ella yo era como un
padre.
Y
fue allí cuando me di cuenta de lo importante que era en su vida, más que mal
yo la acompañé cuando nadie lo hizo, en su primer embarazo… el de Cristal, yo
estuve en el parto, yo la ayudé a criar a la pequeña, le di una gran ayuda para
comenzar con Nevinger, la defendí de muchas mentiras que el mundo hablaba sobre
ella, la apoyé cuando muchos le dieron la espalda… La he ayudado siempre que he
podido.
El
caso es que… charlamos sobre muchas cosas, la hice sentir un poco mejor,
cantamos juntos unas canciones que sonaron en la radio del auto, me comentó las
cosas que estaban haciendo los pequeños gemelos, las palabras que habían
aprendido y que no le dijeron mamá, si no que Nixie, lo que me provocó mucha
gracia, pero ya saben como son los pequeños… siempre nos sorprenden.
Llegamos
a aquel lugar donde solían ensayar, bajamos del auto luego de estacionarlo
afuera en la acera, caminamos juntos a la entrada, la puerta se nos abrió
gracias a Mischa que estaba disgustada quien sabe porque, miró a Nixie, y luego
a mí de una manera perturbadora, enfurecida, reteniendo palabras que de seguro
me denigrarían.
–
¿Qué haces aquí? – preguntó extrañada, pero molesta.
–
Traje a Nixie – tomé los hombros de ella.
–
Vamos adentro – dijo Nixie caminando delante de mí.
Me
guiaron adentro, donde vi a los dos chicos escribiendo en unas hojas mientras
que Lu estaba con unos grandes audífonos en sus orejas, tocando el bajo.
Me
senté en unos de los asientos de primera fila y vi como cada uno trabajaba,
Mischa subió rápidamente al escenario y le arrebató los audífonos a Sullivan de
una manera poco educada, entonces la chica se molestó, la miró incómoda y le
gritó, Mischa le devolvió el grito diciéndole que Nixie ya había llegado;
comenzaron a discutir, parecía una competencia de quien gritaba más fuerte, Lu
se puso de pie y miraba hacia abajo a Mischa, porque ella era más alta,
entonces la líder subió su tono de voz.
–
Basta – dijo sin ánimo.
–
¡Es hora de que comiences a
obedecer!
– gritaba Mischa.
–
Yo estaba haciendo lo que
debías estar haciendo tú, así que no me jodas – le respondía Lu.
–
¡Basta! – gritó más alto.
–
Hora de la pelea – susurró Andréu a la lejanía.
Nixie
se puso de pie y las miró con sus manos en la cintura, comenzó a gritarles para
que guardaran silencio, pero ninguna de las dos estaba prestándole atención
para ser sincero, me preocupaba mucho que esto acabara en algo mucho peor, las
peleas de mujeres son terribles y tener que presenciar una no era lo que quería
precisamente…
–
O se detienen o se van… ¡YA! – gritó.
–
¡¿Es que acaso no entiendes que ella solo está estorbando
en el grupo?! – la miró Mischa.
–
¡¿Estorbando?! ¡Cómo si tú hicieras algo útil! ¡Lo único
que haces es esperar que Alex termine sus acordes y modificarlos a tu gana! –
le respondía Lu.
–
Esto es el colmo… – dijo Nixie caminando atrás del
escenario.
Desapareció
en la oscuridad del costado del anfiteatro, demoró un minuto en volver a
aparecer mientras estas dos seguían gritándose, un par de grandes vasos con
agua traía en sus manos, subió por el costado con cuidado, con esa cara de
enfado sin expresión que tanto la representaba cuando estaba harta, se aproximó
a las chicas y le lanzó uno a cada una, haciendo al fin que guardaran silencio.
–
Se van a callar el par de idiotas o comenzaré a cortarles
la cabeza…
–
¡Ya era hora! – rió Alex a la lejanía.
–
¡¿Pero que has hecho?! – gritó Mischa tiritando de frío.
–
Hice que te callaras – dijo Nixie abriendo grande sus ojos,
enfadada.
–
¡Acabas de arruinar mis composiciones! ¡Y el bajo! –
gritaba Lu.
–
No me importa, las escribes de nuevo y yo compro otro bajo…
fin del asunto – respondió seria.
–
¡Eres una idiota! – le gritó Bauer.
Nixie
sonrió.
–
No volveré a escribir las cosas que tu arruinaste – se
movía Lu de un lado a otro para secarse.
–
No las hagas si no quieres…
Bajó
del escenario en dirección a la puerta, caminando lentamente, lanzando los
vasos a los asientos de por ahí. Todas las miradas la asecharon, observando que
es lo que pensaba hacer ahora.
–
¡¿A dónde mierda crees que vas?! – gritó Mischa empapada,
enojada.
–
¡A un lugar en donde nadie me estorbe! – se giró enojada.
–
¡Pero acabas de llegar! – se puso de pie Andréu
rápidamente.
–
Y esto se terminó – dijo entre dientes.
–
¿Cómo que se terminó?
–
No volveré aquí hasta que las cosas estén bien, hasta que
ella – apuntó a Mischa – se de cuenta que nada puede volver a ser como antes y
que ella – apuntó a Lu – deje de ser tan infantil. Si quieren mi presencia… maduren – frunció el seño.
–
¡Espera… ¿Qué?! – gritó Mischa desde el escenario.
–
¡Jódete! – le gritó mostrando su dedo medio.
Se
dio media vuelta y se marchó, dejando a todos con la boca abierta y sin
entender el porqué de su extraña explosión de furia. Las chicas estaban
empapadas, tiritando por el frío de invierno que aún permanecía en el ambiente,
Alex fue por toallas y Andréu corrió atrás de Nixie para detenerla, la puerta
se cerró atrás de él y no sabremos si charlaría con ella o qué, pero luego de
su ida las chicas se sentaron en el borde del escenario, alejada una de la
otra. Alex le dio una toalla a cada una y allí permanecían ambas, sin decirse
nada.
Pasó
un largo rato para que el francés volviera a aparecer, decaído sin la sonrisa
con la que se fue… era obvio que lo que Nixie le podría haber dicho era
incierto, era obvio que las cosas no andaban bien y precisamente la banda
corría un cierto riesgo de seguir adelante.
Tuve entonces, que pararme frente a
ambas chicas, hablarles imponente, con fuerza y decisión, aclararles todo lo
que estaba pasando, todo lo que estaba afectando a su líder y vocalista. Debían
hacer las pases si querían continuar con aquello que tanto les había costado
trabajo construir.
–
Pero Petter era nuestro bajista – discutió Mischa.
–
ERA – dije serio.
–
Pero…
–
Nada de peros Mischa, ella es la que manda y tú la que
obedeces… siempre ha sido así, es un poco inmaduro que comiences a comportarte
así por celos – murmuré.
–
¿Celos? – rió.
–
Celos de que Lu sea una gran amiga de TU mejor amiga…
–
¿Celosa yo? ¿De eso? – siguió riendo cínica – Pero que poco
me conoces James – dijo molesta.
–
Te conozco bastante, por eso lo digo niña, no vengas a
hacerte la que no comprendes las cosas cuando en verdad si sabes de lo que
estoy hablando – levanté las cejas.
–
Eso no es cierto – miró a otro lugar.
Lu
se puso de pie y miró a Mischa antes de irse.
–
Yo no voy a arrebatarte a Nixie, no puedo creer que pienses
que vine a la banda para alejarte de todos – dijo con cierto tono de decepción.
Mischa
la miró irse sintiéndose extraña, ¿de que forma? No lo sé, pero sabía que todo
lo que le había dicho era cierto, todos lo sabían y ella con mayor razón. Todos
se marcharon, dejándome a mí solo con ella, aún empapada, me senté a su lado.
–
No hagas que ella se aleje de ti otra vez, no seas tonta –
susurré.
–
Yo sé lo que tengo que hacer – dijo obstinadamente.
Se
puso de pie y se marchó. Quedé solo en un lugar que no me correspondía,
entonces debí emprender marcha a mi casa una vez más, imaginando que había echo
un buen trabajo aconsejando a aquella mujer, que ella haría lo correcto frente
a esta situación, pero todo era incierto… nadie
sabe lo que va a pasar.
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