Los
temores de fracasar volvían a hacerse presentes. Últimamente la relación entre
los miembros de la banda se ha vuelto insoportable, las constantes discusiones
que mantenían mis dos mejores amigas hacía de la convivencia un completo infierno a eso se sumaba la
falta de criterio de Andréu por repetirme una y otra vez que yo tenía la culpa
de todo lo que estaba pasando, claro, también esta la persona sumisa… la que se
mantiene al margen y que sin duda siempre me apoya aunque esté cometiendo el
peor error de mi vida, Alex.
Había
rumores dentro de nuestro propio círculo, estaba en el aire una frase que me
mantenía disgustada y que hacía de todo algo mucho peor. Recientemente había
llegado a mis oídos la noticia de que Mischa posiblemente abandonara la banda, algo inaceptable; pero el asunto se
pone peor… oh si, ella pretendía irse
a Polution, la banda de Bytha, aunque luego que arreglamos nuestros asuntos
hicimos las pases… eso no quería decir que yo iba a dejar que eso pasara, o
peor aún, no dejaría que mi amada amiga me traicionara de esa manera, no
después de todo lo que hemos tenido que pasar para llegar a donde hoy estamos.
Ya
era viernes, habían pasado cinco días desde el cumpleaños de Mischa, ya tenía
los 35… envejecía a la velocidad de la luz, pero claro, a ella ni se le notaban.
Estábamos
todos reunidos en el hall de un hotel en San Francisco, firmando autógrafos,
tomándonos fotografías y saludando a toda la gente que se acercaba a nosotros.
El lanzamiento reciente del último álbum había sido un maravilloso éxito, los
que nos mantenía aún sobre la cresta de la ola, aunque debo admitir que era
difícil sonreír y simular que las cosas estaban esplendidas… Pero eso no era
impedimento para disfrutar del momento, hay que admitir que a los cinco nos
hacía bien ver a tanta gente preocupada por nosotros, ver a niños motivados al
vernos, al decirnos que éramos su fuente de inspiración, eso nos alienta a
seguir adelante, pase lo que pase.
–
¿Qué hay? – sonreí.
–
¡Nixie! ¡Amo tu trabajo, te ves genial hoy! –
dijo una chica – ¿Podrías firmarme el disco y esta camiseta?
–
Claro, no hay problema – sonreí de media luna.
Lo hice, como era costumbre, una persona tras otra, alegre de
vernos, impresionados de tenernos en frente. Hubiera querido que Petter estuviera
aquí… pero no era posible, él aún se estaba recuperando de todo.
Pasaban las horas y la gente seguía llegando, pasaban los minutos
y Jackson comenzaba a inquietarse, él era el representante que la disquera
había mandado con el staff de la banda para que supervisara todo el asunto. Se
acercó un poco preocupado mirando su reloj como era costumbre en él.
–
Necesito que
vayan finalizando todo… – susurró en mi oído.
–
¿Ya? – me extrañé.
–
El vuelo sale en una hora y deben preparar sus
cosas para subirlas.
–
Está bien, avisa para que cierren las puertas,
nos tomamos las últimas fotos con los fans y nos vamos de aquí en cuanto
acabemos ¿de acuerdo? – levanté las cejas.
–
Perfecto – besó mi cabeza de una forma extraña.
Yo solo sonreí, estaba acostumbrada a este tipo de situaciones
extrañas y fuera de lo común. Como sea. Fueron unas 15 personas más o menos y
acabamos, dimos las gracias a todos los asistentes que se habían presentado
para ayudarnos y asistirnos en lo que podían, como traernos agua y esas cosas.
–
Vamos perras – dijo Mischa bajando de la
plataforma.
–
Perra serás tú – le respondió
Lu.
–
¿Perdón? – se giró enojada.
–
Basta, no comiencen de nuevo – empujé a Mischa
para que siguiera caminando.
–
¡Ves que ella es la que empieza todo! – gritaba
mi hermana frunciendo el seño bajo esas oscuras gafas.
–
Sí, sí… – dije harta.
Entonces caminamos a la salida trasera, nuevamente agradecimos al
hotel por dejarnos participar y salimos de allí, una gran van vino por nosotros
y nos llevó al aeropuerto, en donde se encontraban nuestras cosas y nuestros
instrumentos.
–
¿Listos? – preguntó Emily, una asistente de
sonido que viaja con nosotros.
–
Estamos listos, ¿a que hora sale el avión? –
preguntó Alex.
–
En diez minutos, así que aprovechen de ir al
baño si es que tienen ganas… y comer algo, están sacando el avión del hangar –
sonrió.
–
Nos reunimos aquí en 10 minutos entonces –
sonreí acomodando mi remera.
–
Está bien – levantó su pulgar.
Los
cinco nos dispersamos por diferentes lugares. Andréu fue por café, Mischa fue
al baño, Lu a ver la televisión, Alex a mirar como abordaban las personas por
las puertas y yo me quedé frente a una tienda de revistas. Sean estaba en la
portada, lo habían entrevistado hace unos pocos días para saber como iba
nuestro matrimonio, como iba su nueva vida conmigo… una mujer completamente
diferente a él; pero dejó bien puesto mi nombre, en ese momento quería tenerlo
conmigo, abrazarlo, sentirlo mío, sentir su aroma tan varonil y sus labios
besándome.
–
Ya es hora – dijo Andréu
en mi oído.
–
Bien – asentí saliendo del trance.
–
¿Cómo crees que saldrán las cosas? – me
preguntó mientras caminábamos al punto de encuentro.
–
¿A que te refieres?
–
Ya sabes, las chicas… no pueden ni hablarse, son peor que
tú con Eddie al comienzo. Realmente no sé cuanto dure esta situación Nixie…
–
Durará lo que tenga que durar – suspiré.
–
Pero no podremos soportar tanto, hay que tener una sana
convivencia y eso tú lo has planteado desde el comienzo, debes hablar con ambas
seriamente… Yo no quiero que esto continúe así – me miró
–
¿Y qué quieres que haga? – tomé su brazo.
–
Lo que has hecho siempre… arreglar las cosas – apegó mi
brazo al de él.
–
No sé si esta vez resulte todo como siempre ha sido…
–
Saldrá bien, tú eres la que decide las cosas, y si… ya
sabes… si tiene que irse alguna, así será. No puedes mantenerlas siempre junto
a ti.
–
No me hagas elegir de esa manera – fruncí el seño.
–
Tienes el vuelo para pensar como vas a hacerlo, pero antes
de llegar a Roma quiero que la situación cambie, que sea la correcta.
Asentí
mientras los asistentes nos sonreían, ya estaban todos, menos Lu… Los chicos
tomaron algunas cosas que tenían y subieron a nuestro avión, el gran transporte
resaltaba con ‘NEVINGER’ en sus costados, sí, tenemos nuestro propio avión.
–
¿Dónde se metió Sullivan? – me dijo Jackson
perturbado, mirando su reloj.
–
Debe estar en el baño… voy por ella – dije sin
más.
–
Déjala, será mejor el viaje sin ella – sonrió
Mischa.
–
Tú cállate – dije sin ganas.
Caminé al baño, apresurada, no quería perder el vuelo, aunque en
verdad no debíamos ser tan estrictos en ello, ya que el avión es privado, pero
ya saben… el aeropuerto mantiene un orden que debemos respetar.
Llegué al baño, por suerte no había tanta gente como pensé, no
estaba en la zona de lavamanos, y sentí un lloriqueo que provenía desde la
última puerta de inodoros. Me acerqué con cautela, mirando la hora en el
celular, puse mi espalda contra la puerta y mantuve el silencio.
–
¿Quién está
ahí? – dijo con la voz tiritona.
–
Soy yo.
–
¿Qué quieres?
–
Es hora de irnos… Deja de llorar y vámonos de
aquí – suspiré.
–
No voy a ir con
ustedes, ya no soporto todo esto – comenzó a llorar otra vez.
–
No voy a discutir contigo ahora, sal del
maldito baño y sube al avión, esto va a cambiar, pero te necesito conmigo para
que esto resulte Lu, ¿vas a abandonarme? – miré al frente, manteniendo mi postura
contra la puerta.
–
Yo… – guardó
silencio – Nunca pensé que esto sería de
esta manera…
–
Nada es como imaginamos… la vida nos sorprende
incluso cuando creemos que conocemos todo en el mundo, son años de experiencia
mi querida, no puedes echarte a morir porque discutes con la testaruda de
Mischa, ella es solo una niña caprichosa. Vamos a tener una charla, las cosas
cambiarán, pero te necesito cerca, conmigo… no llorando aquí en el baño del
aeropuerto – giré mi cabeza hacía un lado.
Entonces quitó el seguro, su rostro estaba empapado de saldas
lágrimas, nuestros cuerpos sostuvieron contacto en un abrazo duradero, logrando
que se calmara, que su pulso se tranquilizara y que su presión se volviera
normal; acaricié sus cabellos de una manera dulce, casi con cuidado como ella
lo hacía cuando estaba en las mismas situaciones.
Debo admitir que es difícil ser el punto neutro, ellas son mis dos
mejores amigas, las personas más importantes que se han hecho presente en mi
vida, y tenerlas en esta situación tan complicada… es duro, incluso
perturbador, más aún cuando se debe tener una buena relación para continuar con
este proyecto llamado Nevinger. Porque sería fácil dejar que se mataran y no
hacer nada al respecto, pero no se puede, la banda debe continuar y no voy a dejar
a ninguna atrás en el camino, abandonada, sin comprender el porqué de todo lo
que está pasando.
Abordamos el avión ya con casi diez minutos de lo acordado, Lu
tomó asiento junto a Alex y Jackson tomó mi brazo y me llevó hasta la zona de
‘cocina’ que tenía el avión.
–
¡Sabes que estamos perdiendo tiempo valioso! –
dijo en voz baja.
–
Deja de fastidiarme – abrí mis ojos molesta.
–
No quiero que estas cosas se repitan Nixie,
sabes que el tiempo es oro y que Europa nos está esperando con ansias, no voy a
dejar que arruines esto – frunció el seño.
–
Me importa una mierda lo que me digas, yo velo
primordialmente por mi gente, más aún por mis amigos, y si debo perder millones
de dinero por estar consolando a algunos de ellos… voy a hacerlo.
–
Espero que esto…
–
Sí, como digas – volví con los chicos.
Lo dejé hablando solo. Era costumbre esas formas de reaccionar en
mí, me disgustaba bastante tener a alguien supervisando mi trabajo, como si no
supiera lo que tengo que hacer… ya llevo como 15 años haciendo esto, si cometo
un error… ya sé como solucionarlo.
Elevamos el vuelo, emprendimos camino hacia el viejo continente a
eso de las 22.45 horas, todos permanecíamos despiertos, los chicos entablaban
algún tipo de conversación que no duraba más de dos o tres minutos, el ambiente
entre nosotros era realmente incómodo, las chicas ni se miraban, la gente del
staff me miraba para que hiciera algo y sinceramente ya me estaba hartando de
tener que arreglar todo, era una responsabilidad que jamás pedí, pero que sin
embargo debía cargar al ser la líder de esta familia.
Cuando atravesábamos el océano atlántico ya no había turbulencias
que nos molestaran, podíamos caminar por el avión como quisiéramos, no había
peligro alguno. Andréu viajaba con Mischa y Alex con Lu, me paré frente a los
cuatro y pedí su atención, aún no se quedaban dormidos ni nada así que no
estaba interrumpiendo nada como para que comenzaran a reclamar.
–
Vamos a dejar las cuentas claras – miré a los
cuatro.
–
¿Sobre qué? – dijo irónica Mischa.
–
Me vas a escuchar bien porque no voy a
repetirlo dos veces y si solo estoy perdiendo el tiempo… voy a tener que tomar
decisiones que no le van a gustar a ninguno – los miré seria, paciente,
calmada.
–
Habla entonces – dijo Lu con un aire extraño,
muy seria.
Las cosas que se hablaron fueron muchas, había sentimientos
retenidos en cada una de mis palabras, tenía tantas ganas de mandar todo a la
mierda que para ser sincera… no sabría como acabaría esta conversación. Comencé
por los inicios de la banda, por todo lo que tuve que tolerar cuando Eddie
estaba con nosotros, su trabajo dentro de la banda era inoportuno y solo estaba
estorbando, hacía de la convivencia un suplicio, un castigo que ninguno de los
cinco debíamos vivir. Él era nuestro manager, el que se supone ‘nos ayudaría a
salir adelante’ ¿Pero que fue lo que
hizo? Pues me daba todo el crédito a mí, hacía que la banda girara a mi
favor, los músicos no importaban, yo era lo que mantenía viva la imagen de la
banda, si hubiera sido por él… Nevinger sería más comercial que una fuente de
inspiración para muchos. Él denigró muchas veces el nombre de Max y Mischa como
guitarristas, dijo que Andréu era un aficionado de la batería y que Petter era
solo un estorbo dentro de la banda, creyendo así que yo me sentiría halagada y
que me iría a trabajar como solista con él a mi cargo, pero no. Provocó mi ira,
cada vez lo odiaba más, por cada palabra que me dijera yo lo asesinaba con el
pensamiento. El primer año de la banda había sido un completo azar, regíamos
bajo sus ordenes e instrucciones, más que mal se suponía que él era un
profesional, pero no estaba haciendo bien su trabajo. Un día, cuando ya estaba
harta de que me alabara, hablé con los chicos y llegamos al acuerdo de
despedirlo y quedarnos sin manager, y la decisión de los cuatro fue que yo me quedara
a cargo de la banda. Ellos me entregaron el poder porque dijeron que era lo
mejor para todos… porque si yo no me preocupaba de la banda, jamás hubiera
despedido a aquel hombre.
La manera en que ambas me miraban era perturbadora, no sé si
querían matarme o abrazarme, era incierto; no tenía idea de lo que debía pasar.
Les aclaré a ambas que eran muy importantes para mí, que yo no quería que esto
continuara. Dieron sus opiniones, me aclararon ciertas dudas, sus puntos de
vista eran muy opuestos, tanto así que no sabía bien lo que me estaban
diciendo, era como escuchar a un chino hablar con un ruso… no comprendía bien
lo que estaban pensando, ni mucho menos lo que querían.
Con toda calma les expresé mi odio a la situación actual, les
mostré toda la diferencia que estábamos teniendo desde que Lu había llegado a
la banda, había armonía, y de un día para otro esa armonía desapareció ¿Qué fue
lo que sucedió? Pues ni carajo idea tengo.
Mischa aclaró sus inquietudes,
defendiéndose con la frase ‘me ha costado acostumbrarme a ella’ Era un cambio
necesario, al cual todos nos hemos tenido que adaptar, pero obviamente a ella
no le caía eso en la cabeza.
–
O las cosas cambian… o esto se acaba, así de
simple – puse mis manos en mi cintura.
–
¿Acabarse… cómo? – arqueó las cejas Bauer.
–
Simple, llegamos a Roma y cada una de ustedes vuelve a Los
Ángeles en un vuelo distinto y nos veremos cuando la gira acabe… – las miré paciente cuando por dentro estaba muriendo de
sueño.
–
No puedes hacer eso… – abrieron los ojos ambos
chicos.
–
Lo haré si es necesario… ahora, nos quedan seis
horas de viaje, duerman, procesen todo lo que les he dicho, los cuatro si así
lo quieren, pero ustedes dos – las apunté – me deben dar una respuesta cuando
bajemos de este avión… Piensen bien lo que quieren, porque yo no voy a acabar
con esto por dos mujeres que se comportan como unas niñas mimadas sin su
merienda – dije entre dientes.
Guardaron silencio, todos; los de staff atrás comentaban cosas,
murmuraban a mis espaldas y sonreían complicados al ser presentes a este tipo
de conversaciones. Caminé al último asiento y me puse a dormir, apoyé mi cabeza
contra la pared del avión y dejé que mis parpados deleitaran mis sentidos. Una
buena melodía de Opeth hizo que me perdiera en el sueño, la música relaja mi
cuerpo y alma, es la única forma de distraer mis pensamientos… más aún luego de
todo lo que había tenido que decirles a los chicos.
Debía estar lejos de mi hogar casi por dos meses, se harían
eternos, lejos de mi hijos, de mi marido… de mi familia, aunque de vez en
cuando ellos viajarían aquí para verme, Sean no puede estar cuidándolos todo el
tiempo, está participando de una nueva película y eso complica un poco más las
cosas.
Solo espero que las cosas en la banda mejoren, necesito paz de una
vez por todas, no necesito más preocupaciones… estoy harta de todo eso. La
decisión que Sullivan y Bauer deben tomar será un punto importante dentro de la
historia de mi carrera, sería triste tener que perder a dos grandes amigas y
músicas por una estupidez, no podría continuar de la misma manera y claro, me
afectará emocionalmente haciendo dudar de mis capacidades de líder una vez más.
–
Ya hemos
llegado… – me movió Alex con cuidado.
–
¿Qué hora es? – abrí un ojo.
–
Son las 10.30 aquí en Italia – sonrió.
–
¿Ya bajaron las chicas?
–
Te están esperando abajo – levantó las cejas.
–
Está bien, ya es hora de saber lo que pasará de
ahora en adelante…
No hay comentarios:
Publicar un comentario