–
No dejaré que las cosas se salgan de control… no otra vez –
la tomé de sus hombros.
–
Debo hacerlo, esto no me dejará en paz hasta que le diga a
James todo lo que me está pasando…
–
Mischa, puedes cometer el error más grande de tu vida si lo
haces… después no podrás redimirte – levanté las cejas.
Su
cara de dolor me partía el alma, nunca me ha gustado verla sufrir, jamás en mi
vida dejé que nadie le hiciera daño, a
veces tuve que meterme en asuntos que no me incumbían para defenderla, usar
mi nombre como la peor basura para ser yo el centro del daño porque en verdad
ella nunca mereció ser insultada ni nada de esas cosas. Y como siempre lo hice…
no voy a quedarme al margen para que le pase algo de lo que siempre la estuve
protegiendo.
–
No quiero acabar mi matrimonio… no voy a dejar a Ville, no
te preocupes – sonreía apenas.
–
No me importa lo que hagas en realidad, pero si le dices a
James…
–
¿Si le digo, qué? – iba a llorar otra vez.
–
No habrá vuelta atrás, te lamentarás para siempre… No puedes
volver a caer – fruncí el seño.
–
Él debe saberlo Nixie, tarde o temprano.
–
Has lo que quieras entonces – la abracé.
–
Gracias por… preocuparte – se aferró con fuerza.
–
No voy a dejarte sola nunca, menos ahora – susurré.
Ella
sonrió mientras terminaba de llorar en mi hombro, acaricié sus cabellos como
cuando éramos más jóvenes, pensando que una era la bebé de la otra, con mero
cuidado nos protegíamos, nos proporcionábamos apoyo de una manera única y
especial, era extraño decirlo, pero siempre fue así: solo nos teníamos la una a la otra.
Le
serví una limonada antes de que se fuera, hablamos un poco de mi boda y eso fue
todo. Me senté en el sofá con la mirada ida, con pensamientos en la cabeza, con
ideas que destruían cada vez un poco más.
–
Soy una idiota – sonreí mirando el techo.
Lo
que le estaba pasando a Mischa ahora era lo mismo que estaba viviendo con
Corey, las recientes conversaciones que había tenido con el rubio me mantenían
al borde del abismo, jamás nos mantuvimos lejos tanto tiempo, era desesperante
pero esperanzador, tal vez las cosas si estaban llevando el curso que debían,
pero no estaba tan segura de que algún día amaría a Sean tanto o más que al
mismo Corey Taylor.
Cuando
creí que caía en un mar de sensaciones perdidas, unas manos comenzaron a acariciarme,
a volverme una suave pompa de jabón flotando en el aire, bajo un manto que… ni
sé como explicar aparecí en mi cuarto, mirando el techo sin comprender nada de
lo que estaba viviendo ¿en verdad era esto lo que quería? Confusión,
desesperación y un último deseo era lo que ahora estaba presenciando. Frente a
mis ojos yacía él, rubio… con unos ojos azules hermosos, sonriendo tan solo
como él sabe hacerlo, aproximándose a mí como siempre me ha gustado, y como era
de imaginarse, entre un dulce vals de besos la pasión se fue apoderando de todo
lo que ahora pudiera sentir, de todo lo que ahora me aterraba por el simple
hecho de que estaba viviendo como alguien normal.
El
contacto de sus manos en mi cuerpo lograron que me sintiera una cosa viva
dentro de este mundo, algo que en verdad comenzaba a tener un sentido de existencia;
su camiseta desapareció. Toda mi ropa, luego la de él, las sábanas se movían
bajo mi cuerpo como una dulce tela que se deslizaba entre manos de una persona
torpe. ¿Torpe? ¿Eso era lo que había sido
todo este tiempo? Su respiración reposaba en la zona media de mi cuello,
mientras se movía sobre mí, impulsando su entrepierna a jugar con la mía,
caricias se hacían presente mientras nos besábamos, su voz me decía que jamás
había conocido a una mujer tan maravillosa como yo ¿Será eso cierto? ¿Es que acaso tan fácil soy de convencer?
Debía dejar de cuestionarme cada vez que hacía el amor con él; él de verdad me
había demostrado que me amaba, sin embargo yo era la que permanecía todo el
tiempo viviendo en fantasías y recordando a hombres que ya eran nada más que
parte de mi pasado.
Mientras
él se movía, yo lloraba en silencio, gozando al mismo tiempo de la masculinidad
que él me estaba demostrando en este momento haciéndome suya una vez más…
Su rostro
se desfiguró al verme, su preocupación se hizo notar de la misma manera en que
él siempre se encargaba de mantenerme feliz; se detuvo, se hincó en la cama,
completamente desnudo y me abrazó, sentí su piel abrazar la mía como nunca
antes, como sus pectorales rozaban mis pezones, como sus muslos tocaban los
míos y como su miembro bien dotado permanecía entre ambos.
–
¿Qué sucede? – susurró en mi oído, extrañado – ¿Te hice
daño?
–
No – sonreí dejando caer mis esperanzas – Eres realmente
maravilloso – cerré los ojos.
Él
no comprendía nada, quizá yo tampoco estaba siendo clara, pero no sabía como
explicarle lo que estaba sintiendo, como agradecerle lo bueno que ha sido
conmigo todo el tiempo que ha permanecido aquí, sin abandonarme, sin dejarme
caer, ayudando a levantarme cada mañana porque lo único que quiero hacer es
renunciar… él siempre ha estado allí, sin excepción.
–
Te amo Sean. Oh mierda… no sabes cuanto te amo Sean… –
seguí llorando.
–
Yo también te amo, pero aún no comprendo que es lo que te
ha pasado – me miró a los ojos.
–
Me di cuenta que soy una estúpida que no se dio cuenta de
que a su lado… tiene al mejor hombre que alguna vez pudo desear, que estaba
buscando la felicidad en otro lugar siendo que la felicidad estaba aquí, junto
a mí…
Él
sonrió.
–
Te amo con mi vida, con una locura que no puedo controlar,
de una manera autentica como jamás lo hice con nadie, eres todo lo que necesito
para continuar… nada podrá derrotarme estando contigo – lo abracé – No quiero
dejarte nunca… tú eres la razón de mi existencia.
–
Nunca antes habías tenido este tipo de reacción – guardó
silencio – Me sorprende bastante, pero estoy orgulloso que te des cuenta que
por ti permanezco aquí. Yo te amo Constance, te amo… te amo de verdad – sonrió.
El
cliché, aquella frase que solo ahora cobraba sentido en algún lugar de mi
interior, hizo retumbar mi corazón, mi respiración, mi mente. Tomé su rostro
con cuidado, mis labios hicieron contacto con los suyos, su lengua abrazó a la
mía de una forma extraordinaria, sus manos acariciaban mis nalgas, mis manos
presionaban su espalda para tenerlo más cerca; entonces se recostó con su
espalda contra las sábanas y yo sobre él di inicio nuevamente al acto que nos
mantendría unidos quizás por unas largas horas…
Las
cosas seguían pasando, los rumores seguían rondando, la fama seguía aumentando ¿es que algún día Nevinger se detendrá? Nadie
lo sabe, ni yo, ni tú… nadie lo sabe, así que no jodas. Nada de eso. El gran
día llegó, había mucha gente por todas partes, el parque estaba repleto de
tanta gente, de tantas caras famosas que parecía una de esas fiestas VIP que
salen en televisión.
–
Bauer, es hora de que te apresures, el juez ya está aquí –
decía Mischa desde afuera.
–
Vamos Nixie, no demores tanto, Sean debe estar manchando
sus pantalones – reía Ángela.
–
¡Jodanse! – grité riendo.
–
Las novias no dicen eso… – rió Lu.
–
Hoy será la estrella, déjenla en paz – reía Aya.
–
Si, pero ya se excedió con el tiempo ¿no lo crees? –
recriminó Ángela.
–
No, una no se casa todos los días, tranquilízate Gossow –
rió.
–
Si fuera por Nixie, se habría casado unas cien veces –
agregó irónica Mischa.
–
Estoy escuchando todo
idiota –
dije riendo.
–
Ah pues que bien eso, entonces apresúrate – rió.
Entonces
acabé, el vestido estaba en su lugar, las chicas me miraron asombradas,
maravilladas y aguardando ese grito tan chillón de chicas emocionadas, todas me
abrazaron con cuidado diciendo que me veía linda, radiante y esas cosas que uno
le dice a la novia, puras mentiras.
Mischa me dio el ramo y todas salieron, cada una a sentarse junto a su pareja,
Mischa sería mi madrina de bodas, mientras que Norman sería el de Sean, una
coincidencia un poco obvia, extraña… pero casual.
Me
miré al espejo por una última vez, mi cabello tomado me hacía lucir más normal,
el delineador no abandonó mis ojos, mi labial menos, un vestido blanco con una
cola relativamente larga por detrás pero que por delante hacía lucir hasta mis
muslos, un corsé que me hacía lucir más curvilínea dejaba ver la zona alta de
mis pechos bien redondeados, me gustaba el vestido, era sexy… y lindo.
Apareció
él atrás mío con un traje negro, de corbata negra, con camisa blanca, con el
cabello algo despeinado como era costumbre en él, con sus aros en las orejas
que siempre le había gustado lucir, con su barba extraña pero apreciable, con
una rosa roja en el bolsillo pequeño de su esmoquin.
–
¿Estás lista enana? – sonrió estirando su
mano.
–
Si lo estoy… hermano – sonreí.
–
Te ves hermosa…
–
Gracias… – sonreí ampliamente.
Tomé
nuevamente el ramo de rosas blancas y rojas, Krox dio la señal para la música, todos
se pusieron de pie mientras caminaba al altar tomada del brazo del que era uno
de los hombres más importantes en mi vida, mi hermano. Las sonrisas eran
notorias en todos los rostros que me observaban, delante de mí iban Alexander y
Lola lanzando pétalos de rosas mientras que Cristal, Lilian y los gemelos
estaban sentados junto a mi madre en primera fila. Sean sonreía, eso me ponía
nerviosa, todos me miraban, de buena o mala forma, no lo sé, pero me sentía
extraña pero segura de mí misma… al menos hasta que vi a Corey por algún lugar.
‘Eso no va a detenerte’ decía una voz en mi cabeza, y era verdad… él solo era
el padre de Cristal, pero aún estaba en el proceso de autoconvencimiento. Como
sea.
Llegué
al altar, luego de que mi hermano le diera la mano a Sean y lo abrazara,
‘Cuídala’ le dijo y él solo asintió sonriente, volvió a mirarme. Estaba tan
radiante que, no lo sé, me hacía sentir maravillosa.
–
Te ves hermosa – me guiñó un ojo mirando al frente.
–
Y tu te ves muy sensual – sonreí disimuladamente.
Mischa
permanecía sentada un poco más atrás de mí junto a mi madre y mis hijos, del
otro lado estaba Norman y parte de la familia de Sean.
Se
dio inicio a la ceremonia de una manera solemne, como lo era en todas las
bodas, o eso creo, mucho silencio, con esos nervios estúpidos que siempre se
presentan en una situación como ésta. Bla, bla, bla… ya me sabía toda la frase
del juez ante la ley, solo quería decir ‘si, acepto’ para poder relajarme de
una vez.
Las
aves sobrevolaban el parque, los autos que pasaban por la avenida a la lejanía
tocaban sus bocinas para hacernos saber que nos felicitaban, o eso creo. Pero
se sentía bien, me hacía feliz al tener reunidos a todos mis amigos, a mi
familia, a mis hermanos de sangre y los de vida, a aquellas personas que se
volvieron fundamentales en mi vida y a los que sin embargo me hicieron sufrir
mucho, pero siempre serán importantes.
Sean
dio el si, yo di el si, la frase del juez ‘si alguien se opone que hable ahora
o calle para siempre’ fue lo que me hizo maldecir al mundo. Si Corey se atrevía
a decir algo lo mataría yo misma, si Richard se ponía de pie a gritar alguna
cosa, le sacaría en cara todos sus errores… en verdad no quería que esto lo
arruinara nadie, no quería volver a caer…
–
(…) Sean… puedes besar a la
novia.
Entonces
allí el corazón me latió a mil por hora, Sean tomó mi rostro y sus labios se
unieron a los míos, una vida juntos era lo que nos esperaba, estaba tan
nerviosa que ni recuerdo el momento en que él puso el anillo en mi dedo ni
cuando yo le puse el suyo… ¿será normal eso? Bueno, en realidad no me importaba
mucho ese asunto, solo el que él me besara con esa pasión me volvía loca. Todos
aplaudían, gritaban, lanzaban pétalos, arroz, de todo lo que tenían a mano,
Sean me tomó en sus brazos y corrió a la limusina que estaba esperando por
nosotros para llevarnos al lugar donde gozaríamos con los invitados.
–
¡¡Que vivan los novios!! – gritó Hetfield con esa gran voz.
–
¡Vamos, que hoy toca fiesta! – agregaba Mustaine.
Esas
maravillosas personas hacían de esta experiencia algo increíble, todo parecía
un sueño, tantas sonrisas, tanto goce, tanto amor en el aire y yo machacándome
por no sabes que hora era… Pero que idiota.
–
Vamos a dar una vuelta por la ciudad y luego vamos con
ellos ¿de acuerdo? – me miró.
–
Contigo voy hasta el fin del mundo – sonreí.
Él
se sintió alagado, le hizo una seña al chofer y la limosina emprendió camino,
mis piernas permanecían sobre los muslos de Sean, el amaba acariciarlas, no sé
porque le gustaran tanto, no tienen mucha gracia… Sus besos me hacían
inmensamente feliz, concretar nuestro amor de esta manera me confirmaba el
hecho de que todo tenía un sentido… ya nada quedaba al azar como solía pasar
hasta hace algún tiempo.
Vueltas
a la izquierda, unas a la derecha y nos detuvimos, ‘Aquí es’ dijo Sean, bajó él
primero y luego yo gracias a su ayuda, tomó mi mano y me guió hasta una terraza
que nos dejaba ver la puesta de sol en el mar.
–
Hoy, nacimos de nuevo… para permanecer uno junto al otro –
dijo mirándome de frente – Quiero que sepas que eres lo más importante que
tengo, eres la mujer con la que quiero acabar mis días, de la que no quiero
separarme nunca…
–
Eso… lo dijiste cuando pediste mi mano – sonreí conmovida.
–
Yo te amo, te amo con todo lo que tengo y todo lo que puedo
entregar, no quiero defraudarte nunca, gracias por estar conmigo, por aceptar
ser mi mujer y la madre de mis hijos… – sonrió.
–
Sean…
Tenía
tantas ganas de llorar, él era una dulzura en todas sus letras, besó la argolla
en mi dedo y me besó con pasión, invadiendo mi boca, purificando mi alma y
rebozando mi corazón con el pleno amor que él podía entregarme. Lo abracé con
fuerza, quería a este hombre lo más cerca posible, jamás un hombre me había
echo sentir de esta manera, él me mantenía calmada, feliz, sonriente, alegre…
él podía sacar lo mejor de mí incluso sin intención.
Permanecimos
allí hasta que el sol se fue, volvimos a la limusina y luego al lugar en donde
estaban todos. Gritaron nuestra llegada, aplaudieron nuestra presencia, nos
hicieron sentir en casa, con familia, con tíos, con tías, con amigos, amigas,
hermanos, hermanas, con hijos… con todo lo que se puede pedir.
Brindamos,
partimos el pastel, bailamos toda la noche, las chicas me hicieron un show
maravilloso, todas mis amigas cantaron una hermosa canción para nosotros, lloré,
era maravilloso ver como la amistad puede hacerte tan feliz, haciendo olvidar
todas las penas, todos los malos momentos… porque para eso aparecen en tu vida,
para hacerte sonreír y decirte que todo estará bien.
Un
regalo maravilloso del cual no me había percatado había sido la presencia se
Petter, él ya se estaba moviendo, estaba lúcido, estaba bien… en una silla de
ruedas, pero estaba bien, fue uno de los mejores regalos que pude obtener. Me
hizo feliz también el ver a mis hermanos bailar con mi madre, con mis hijas,
ver a Mischa bailar con Alexander, ver a Lu bailar con Dero y a Naomi con Derek
entre sus brazos, ver a Andréu bailar con Cristal, a Alex con Lilian y a Norman
con Lola, mis hijos gozaban con mis amigos, con mis hermanos…
Cuando
lancé el ramo, pues lo atajó nadie más que Mischa, ya era hora de que pusiera
fecha al matrimonio con Ville, la liga del novio la recibió Chrigel, el
vocalista de Eluveitie. Esa noche fue una de las mejores de toda mi vida, bailé
el vals con mi ex marido, también con Corey y con cada hombre que había sido
invitado a la boda hasta mis hijos, Sean bailó con todas, incluyendo mi madre y
nuestras hijas; todo era maravilloso.
Lu
y Mischa se mancharon los vestidos con whiskey y comenzaron a bailar medio
extraño en medio de la pista, y no, no estaban borrachas ni drogadas, pero
estaban con mucha energía, sin nombrar que luego se sumaron Alex y Andréu,
haciéndome una especie de tributo, era algo extraño, su baile causaba gracia,
gritaban nuestros nombres y el nombre de la banda, alardeando de todo nuestro
éxito, pero me hicieron sonreír.
Los
grandes maestros estaban también medios locos, Dave y James usaron unos
manteles como faldas y comenzaron a bailar, haciendo caretas y emitiendo ruidos
extraños, fue un espectáculo increíble, lo más gracioso de todo esto es que mi
hermano y Corey se les unieron, no sé que trataban de hacer con manteles como
faldas…
Hubo
también una sorpresa maravillosa, una coreografía emitida por los miembros de
Nevinger junto a los pequeños mayores, la hija de Mischa, Cristal, el hijo de
Andréu, el hijo de Alex y estaba también el pequeño de Petter… Bailaron una de
las coreografías de Nevinger en uno de sus tantos vídeos, está grabado, fue
espectacular, pero… lo mejor de la noche fue oír a los niños. El pequeño Jean Paúl
en la batería, Michael en el bajo, Shawn en la guitarra de Alex, Rochelle en la
guitarra de Mischa y Cristal al micrófono, un silencio se hizo presente cuando
los pequeños comenzaron a cantar ‘When
we stand Together’; nunca oí a mi hija cantar mis obras, mucho menos ver a
los cinco pequeños casi originales formados de la misma forma que nosotros, si
Shawn fuera reemplazado por el hijo de Max, Nevinger sería casi original, pero
el show fue maravilloso, ellos hicieron de esta noche algo inolvidable.
Era
la boda perfecta, todos disfrutaban, reían, gozaban, comían y bebían… el
ambiente era realmente agradable, todo había salido como quería, aunque las
sorpresas mejoraron todo. Pero lo más importante es que de ahora en adelante
las cosas fluirán como un río puro nacido de las montañas… pase lo que pase, ya
tengo a quien quiero conmigo.
When we stand together - Nickelback
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