Gracias
al nacimiento de los pequeños pude volver a mi carrera musical, comencé a
grabar las canciones que hacían falta para la banda, en menos de tres días ya
teníamos todo listo. Jackson, uno de los tantos representantes de la disquera
nos dijo que en un mes aproximadamente ya estaría siendo lanzado al mercado, lo
que nos venía bastante bien.
–
Me alegra tanto ser la madrina de Dero – sonreía Lu
mientras arreglaba las cuerdas del bajo.
–
No te alegres tanto, los niños cuando crecen son un caos –
reí.
–
Pero que mala eres – rió – Me agrada mucho que me
consideres confiable como para nombrarme madrina de uno de tus hijos, Nixie.
–
Eres una de mis mejores amigas Lu, no agradezcas nada…
–
¿Y Mischa? No se sentirá mal por eso…
–
Pero que dices, ella es la madrina de Cristal, como yo lo
soy de Rochelle, ella sabe que es mi mejor amiga y todo eso, no se va a sentir
mal porque tu eres madrina de uno de mis hijos, además tiene el gusto de ser la
madrina de la mayor, lo que es más… especial, supongo – reí.
–
Comprendo – rió Lu – ¿Y donde están los pequeños?
–
Pues arriba con el padre y Norman.
–
¿Norman… Reedus? – se ruborizó.
–
Sí, el mismo… ¿Por qué? – reí.
–
¿Él es el actor de la serie de zombies, The Walking Dead…?
–
Si.
–
¡Dios santo! ¿Puedo ir a pedirle un autógrafo? – dijo
emocionada.
–
Ten calma Lu, es el ex novio de Mischa, si ella te ve tan
emocionada con él comenzará a fastidiarte – reí.
–
Pero Nixie, ese sujeto es genial, además… solo le pediré el
autógrafo, soy una mujer casada.
–
Pero no estás muerta y a veces el deseo puede más –
insinué.
–
¡No digas eso! – rió.
–
Bueno ve, yo mantendré a Mischa distraída – reí.
Sonrió
y subió, el resto nos quedamos aquí en el sótano grabando, es apropiado tener
un estudio en el sótano de tu casa a veces, nos ahorra ir a la disquera en
situaciones complicadas como lo era estar pendientes de Gemelos recién nacidos.
Lu
subió con lápiz y papel, subió por las escaleras con un nerviosismo inocente,
mientras que abajo, en el sótano Alex se acercó a mí con su guitarra a
preguntarme a donde había ido Sullivan.
–
Pues fue arriba – dije sin más.
–
¿A qué?
–
A pedirle un autógrafo al amigo de Sean
–
¿Norman?
–
Sí, es uno de sus actores favoritos, ya sabes como son las
chicas – reí.
–
Sí veo, pero… ¿Ese no era novio de Mischa? – se extrañó.
–
Si, por eso mismo no le digas a Bauer que ella subió a ver
a Norman, Mischa siquiera sabe que él está en casa con Sean, si se entera…
quizá quiera matarlo – sonreí de costado.
–
¿Por qué? ¿Qué fue lo que hizo con Mischa? – preguntó
curioso.
–
Es una larga historia Alex, algún día te la contaré, por el
momento preocúpate de terminar el acorde de la nueva canción ¿si?
–
Está bien, pero me debes contar lo que pasó eh – rió
–
Lo haré, descuida…
Lu
golpeó la puerta de mi escritorio, en donde Sean se encontraba con Norman
hablando de sus asuntos, con ambos bebes entre sus brazos, Derek con Norman y
Dero con Sean. Lu abrió la puerta luego de que Sean le autorizara a pasar y
ella sonriente se hizo presente.
–
Hola – dijo tímida.
–
Hola Lu ¿qué sucede? – le sonrió Sean.
–
Venía a ver a mi ahijado – sonrió ella.
–
Hola – sonrió Norman al sentirse ignorado.
–
¡Hola! – Lu no pudo evitar la emoción.
Sean
y él rieron, Lu se sintió un poco incómoda.
–
Soy Norman – le estrechó la mano.
–
Si te recuerdo del bautismo de los pequeños – sonrió – eres
el actor de la serie de zombies ¿no?
–
Exacto – dijo sorprendido.
–
Me encanta tu trabajo, ¿puedes darme tu autógrafo?
–
Pero que halago – rió Norman – claro, no hay problema.
–
Perfecto – sonrió.
Él
como todo un galán autografió la hoja que Lu traía, conversaron un rato de los
pequeños, hablaron de cosas sin importancia y Sean se les unió. Allí
permanecieron los tres entablando una charla relativa.
Abajo
permanecíamos todos componiendo nuevas melodías, escribiendo nuevas canciones y
pensando ideas para algunos videoclips para las canciones pasadas.
Cada
uno hacía un buen trabajo, Andréu en la batería, Mischa y Alex en las
guitarras, yo algunos arreglos en las entonaciones… pero faltaba el bajo, y los
chicos comenzaron a aclamar la asistencia de Sullivan.
–
¿Dónde se metió Lu? – preguntó Mischa.
–
Está arriba – dije sin más.
–
Voy a traerla, es el colmo que ella vaya a jugar con los
chicos mientras nosotros trabajamos – rió enojada.
Alex
me miró preocupado, pero ya ni tenía ganas de discutir así que dejé que Mischa
subiera sin ninguna preocupación. Andréu notó que algo estaba ocultando y me lo
hizo saber.
–
Norman está en casa
–
¿Sabes que Mischa no quiere verlo?
–
Claro que lo sé – respondí.
–
Entonces… ¿Por qué la dejaste ir? – se extrañó.
–
Pues, es hora que aclaren sus cosas, no voy a seguir siendo
árbitro en todo – rasqué mi nariz – Que pase lo que tenga que pasar.
Me
miraron preocupados, conocían como era Mischa, y sería el colmo que se pusiera
a discutir con su ex novio luego de que ya hayan pasado casi 6 años desde que
rompieron. Andréu se puso de pie preocupado, mirándome como la culpable, con el
seño fruncido y apretando sus labios.
–
Déjalos – le dije.
–
No voy a dejar que haga un escándalo – me recriminó
mientras subía las escaleras.
–
¿Lo seguimos? – me miró Alex.
–
Será lo mejor – bufé levantando una ceja.
Me
ayudó a ponerme de pie luego de dejar la guitarra a un lado y subimos, primero
yo y luego él, Alex era todo un caballero. Como ustedes imaginaran, en la sala
de mi casa ya había una batalla campal, pero no de las típicas, esta era un
poco más irónica y relativamente pasiva. Detrás del sofá estaba Norman riendo
cínicamente mientras que desde el otro extremo estaba Mischa mirándolo con los
ojos encogidos y apretando sus labios; Lu apareció de la nada con Dero entre
sus brazos y Sean con Derek; el francés se acercó a mí y me apretó el hombro.
–
Te lo dije – susurró en mi oreja.
–
Calma, las cosas no van a salir mal… – dije para
convencerme, cuando en verdad nada era seguro.
–
¿Pero que mierdas haces tú aquí? – decía Mischa entre
dientes.
–
Vine a ver a mi amigo y a mi ahijado, no debo rendirte
cuentas de nada – le respondió Norman un poco disgustado.
–
Pues vete de aquí, ya es hora de que te vayas…
–
Esta no es tu casa, así que no tengo porque obedecer tus
ordenes… mujer – rió Norman.
Entonces,
poco a poco comenzaron a alzar la voz, los gemelos estaban pendientes de todo
el ruido que ambos provocaban, sus azules ojos estaban abiertos de par en par,
extrañados. Era hora de actuar.
–
¿Van a seguir? – dije caminando hacia ellos.
–
¡Tú no te metas! – gritaron ambos apuntándome.
–
¿Cómo quieren que no me meta? – dije atónita, molesta –
Esta es mi casa y no quiero más gritos – alcé la voz.
–
Entonces no grites – dijo irónica Mischa.
Norman
rió. Esto ya se estaba saliendo de control, no tengo paciencia y ella lo sabía
a la perfección.
–
Fuera de mi casa… ambos – los miré seria.
–
¿Si no qué? – siguió Norman.
–
Tienes tres opciones, Reedus – lo miré – Sales por las
buenas y vuelves otro día o te lanzo mis perros para que te coman como un
pedazo de carne más…. O puedo golpearte – sonreí.
–
Tengo tanto miedo – rió.
–
Deberías tenerlo…
Sean
se acercó por atrás y levanto las cejas a Norman, éste guardó silencio y me
miró un largo rato sin decir nada, luego miró a Mischa y fue por su abrigo para
irse, lo mismo pasó con Mischa.
–
Luego hablamos – me dijo antes de irse.
–
Sí, sí, como digas – dije sin ganas.
Ambos
se marcharon, tal vez para acabar con su discusión en otro lado, o tal vez a
diferentes lugares… quien sabe. Por otra parte aún permanecíamos en casa un
poco perturbados por la situación pasada.
Todos
permanecimos en la sala, Alex aún con una guitarra entre sus manos y comenzó a tocarla
para que Andréu nos cantara algo en francés, su voz era muy relajante. Lu se
sintió culpable por todo el escándalo, pero obviamente no era su falta, claro
que no. Sean estaba conmigo en la cocina.
–
No sabía que esto pasaría – susurró.
–
Yo sí, pero no es tu culpa, mi amor – dije bebiendo un
café.
–
Pensé que las cosas entre ellos habían cambiado – miró a
los chicos en la sala.
–
Yo también, pero luego de que Norman le escondiera a Mischa
que él estaba casado mientras eran novios… es obvio que ella le guardará
siempre rencor por mentirle, mucho más por engañarla de esa manera, a ninguna
mujer le gusta ser ‘la otra’…
–
Si lo sé… Mira como los gemelos gozan con la música – los
apuntó – Les gusta la voz de Andréu… o el sonido de la guitarra de Alex – rió.
–
Ellos llevan esos gustos en la sangre – sonreí – Vamos por
ellos – lo besé superficialmente.
–
Espera – sonrió mientras lo besaba.
–
¿Qué…? – sonreí de la misma manera, rodeé su cuello con mis
brazos.
–
Deberíamos salir un día de estos… ya sabes, dejar a los
chicos con Teresa y relajarnos un poco, hace mucho tiempo que no hacemos nada…
– acarició mi mejilla.
–
Eso lo veremos más adelante cariño, por ahora quiero acabar
pronto de grabar para volver a ser libre y disfrutar de mi tiempo contigo ¿te
parece?
–
Me parece, pero no tardes tanto… recuerda que soy de carne
– rió un poco.
–
Más te vale tener cuidado, ya sabes lo que puede pasar…
–
Si, solo bromeo – tomó mi mano – Vamos adentro, con el
resto…
Caminé
tras el un poco disgustada frente a su comentario, sé que él necesitaba saciar
sus deseos corporales como todo ser humano, pero no me gustaba que insinuara
que sería infiel si yo no le daba lo que él tanto pedía; en el fondo sabía a la
perfección que eran bromas, pero una parte de mí siempre tiene miedo de perder
a la persona que está a mi lado.
Permanecimos
con los chicos allí en la sala, maravillándonos como los gemelos escuchaban
atentos al voz del tío Andréu, la guitarra del tío y padrino Alex y claro, de
la percusión de piernas de la madrina Lu. El rato se hizo inmensamente agradable,
hace mucho tiempo que no me relajaba tanto, el sonido de la guitarra me
transportaba a otra dimensión, haciéndome recordar, ponerme melancólica, pensar
en todo lo que he pasado y lo que aún me queda por vivir… tantos errores que
fueron parte de mi vida, tantos errores que sería capaz de volver a cometer con
tal de saciar estas ganas terribles de volver a sentirme como aquellos años: la reina del mundo. Nadie podía
detenerme, no existían reglas en mi mundo, mi cuerpo vibraba con todo tipo de
cosas, sustancias, bebidas, alcohol, sexo, drogas, éxtasis, música, gritos,
placer… todo se hacía maravilloso. Aquellos años memorables que se fueron para
siempre, y que quizás nunca volverán… pero en verdad nada es seguro, soy tan
inestable que ni siquiera yo confío en mis promesas.
Después
de aquel incidente tuvieron que pasar dos días para volver a saber sobre mi
mejor amiga y el asunto en cuestión, la mañana del jueves llegó a mi casa con
cara de cordero degollado, sus lágrimas escurrían por montones, estaba devastada
a tal nivel que ella necesitaba hablar a solas conmigo. Entonces fuimos arriba,
a mi escritorio mientras los pequeños dormían y los cuatro niños estaban en la
escuela, Sean salió con Teresa a las compras… estaba sola en casa. Me relató
aquellos temores que atormentaban sus sueños, que le quitaban el aliento de una
forma alógena a lo que ella estaba acostumbrada, aquel miedo que apareció
cuando se enteró que estaba embarazada de un hombre casado, hace ya mucho
tiempo.
‘Tengo
miedo’ repetía una y otra vez mientras su llanto no cesaba, no sabía con
exactitud lo que le pasaba, la dejé desahogarse, necesitaba liberarse de todo
ese estrés que mantenía acumulado quien sabe cuanto tiempo, su voz se quebraba
sin siquiera haberse oído, su corazón mantenía un nudo incómodo en su garganta,
la verdad es que no me gusta que la gente que amo sufra más que yo. A medida
que se fue calmando me explicó el porqué de su extraña y desesperada situación,
y como era de esperarse… incumbía a
James.
Me
relató aquello que la mantenía así, de cómo él se hacía presente en cada parte
de su casa, de cómo él invadía todos sus pensamientos, estaba dudando de las
decisiones que había tomado ya como una mujer madura, tenía el mismo miedo que
siempre me ha aterrado a mí. Me explicó con lentitud que la atracción tan
poderosa que sentía por Ville estaba desapareciendo, o al menos eso era lo que
ella estaba sintiendo; cada vez que Hetfield se presentaba en su casa para
buscar a Rochelle ella sucumbía bajo el tono de su voz, perdía la claridad de
las cosas y anhelaba ser lo que interponía el contacto de la cama y el cuerpo
de James. Su angustia comenzaba a hacerme sentir aún peor, su estado actual era
exactamente el mismo que yo había tenido que soportar con Corey hasta hace
algún tiempo, y que sin embargo creía que
podría volver a caer bajo ese manto que me ciega y me hace cometer errores de
los cuales no sé si no volveré a cometer, o los cometería una vez más porque me
gusta.
–
La situación ya no tiene rumbo, estás perdiendo el timón
del barco que decidiste abordar para huir de lo que debía haber pasado hace
mucho tiempo – dije agobiada, mirándola apenada.
–
¿A qué te refieres? – secó sus lágrimas sin entender.
–
El remordimiento Mischa, tu subconsciente está haciéndote
sentir culpable por no haber aceptado la propuesta de matrimonio de James de
hace casi 13 años atrás…
–
No puede ser eso, eso no tiene sentido – comenzó a llorar
otra vez.
–
Él es el hombre que complementa tu existencia, y solo ahora
estás lúcida, solo ahora estás consciente de eso… lo dejaste ir y ahora no
puedes perdonarte por ellos. Él es el amor de tu vida y tu lo dejaste ir… sabes
que jamás amarás a un hombre de la misma manera que lo amaste y aún lo amas a
él.
–
¿Cómo tú… con Corey? – susurró destrozada.
–
Sí… como yo con Corey – cerré los ojos dolida – Pero los
casos son diferentes…
–
Claro que lo son, James no me abandonó, fui yo la que huí
de él…
–
Eras una niña aún, no vengas a recriminarte aquellas cosas
– negué con la cabeza.
–
Claro que fui una idiota, dejé ir al padre de mi hija Nixie,
al amor de mi vida…
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