NARRA:
Francesca Haner.
Su
respiración era aquello que me motivaba a continuar. Sus manos apretaban con
fuerza las sábanas y se sostenían de las mismas para no caer sobre mí, él se
movía intensamente para darme placer de una forma salvaje, susurraba una
canción provocativa en mi oído mientras yo gemía demostrándole que jamás en mi
vida me había sentido tan mujer como lo estaba siendo con él. Sus largos
cabellos me hacían cosquillas en el cuello mientras besaba parte de mi oreja y
mordía mi lóbulo derecho con lujuria. Nuestras caderas se movían al mismo
compás produciendo una excitación aún mayor, sus muslos hacían contacto con los
míos de forma permanente, se sentía especial en la forma que me hacía suya por
primera vez.
–
Sigue, sigue… no pares – gemía arqueando mi espalda.
–
Te agotaré lo más que pueda, porque te gusta jugar sucio –
susurró en mi oreja.
Con
una de sus manos se siguió sujetando mientras que con la otra masajeaba mis
senos de una forma brusca pero tentadora, me hacía gritar aún más fuerte. Se
seguía moviendo hasta que se echó para atrás e hizo que lo imitase, entonces
tomó mi cintura y giró nuestras posiciones, quedando ahora él contra la cama.
Sujetó
con cuidado mi piel mientras me acomodaba nuevamente en su entrepierna,
apretaba mis nalgas cada vez que se impulsaba, ponía una cara de placer que me
gustaba, yo gritaba mientras echaba mi cabeza hacía atrás provocando que
nuestras pelvis chocaran para tener contacto. Volví a él para besarlo y sentir
su calor bucal dentro de mi boca, sentir su lengua tan solo mía, sentir incluso
el brusco choque de nuestros labios de una manera tan desesperante que me hacía
querer tenerlo conmigo aún más.
Permanecimos
haciendo el amor durante casi toda la noche, descansábamos un poco y luego
seguíamos, jamás en mi vida me había agotado tanto en la cama… no desde que
tengo memoria. Me dormí junto a él, mientras besaba mi frente en forma de
protección, mientras con una de sus manos suavemente acariciaba una de mis
nalgas… solo así él pudo conciliar el sueño.
Cuando
el sol se hizo presente, daba inicio al nuevo mes de Abril, este año se había
pasado tan rápido que no podía creer que ya fuera el cuarto mes del año 2016…
odiaba tanto cuando no me daba cuenta de todas las cosas buenas que me habían
pasado. Y esta no era la excepción.
Aquella
mañana desperté gracias al sonido de mi celular, sonaba y sonaba pero no podía
encontrarlo, había tanto desorden en mi departamento que no lo hallaba, hasta
que debajo de toda la ropa de Dave pude encontrarlo.
–
¿Diga?
–
Francesca, le llamo para
decirle que hoy la compañía no abrirá – decía uno de los asistentes.
–
¿Ah no? – me asombré.
–
No, problemas de
administración, no será hasta el lunes próximo, espero que disfrute de su fin
de semana
– dijo amable.
–
Está bien, lo mismo para ti, gracias por llamar.
–
Descuide, adiós – cortó.
Perfecto,
tenía todo el fin de semana para mí, podría hacer lo que quisiera… no había
compromisos hasta dentro de tres días.
Dejé
el teléfono sobre mi mueble personal y partí al baño para darme una ducha, lavé
mis rubios cabellos y enjuagué mi cuerpo con mero cuidado, sonriendo al
recordar todo lo que había pasado durante la noche, con cada detalle, con cada
palabra y gesto por parte del sujeto que ahora estaba durmiendo como un oso en
mi cama.
Salí
ya vestida con unos shorts negros y una remera de tirantes color rojo, él ya
estaba despierto pero seguía medio dormido, parecía un zombie; caminé hasta él
y lo besé con pasión.
–
Te ves guapa – sonrió mientras acariciaba mi mejilla.
–
Y tu te ves sexy tirado allí – sonreí.
–
Me voy a dar una ducha y nos vamos ¿está bien?
–
Claro, prepararé el desayuno mientras tanto…
Asintió
y se levantó completamente desnudo, antes de que entrara en el bañó le di una
nalgada y éste rió, caminé a la cocina y preparé café, freí unas líneas de tocino
y unos huevos, también preparé unas tostadas. Arreglé la mesa linda mientras
ponía un poco de música en la radio, cuando unas noticias comenzaron a anunciar
sobre un concierto de Nevinger el próximo sábado, en eso salió Dave del baño
corriendo para subirle el volumen a la radio… lo que me hizo reír.
“Éste próximo Sábado 8 de Abril Nevinger se presenta en
el Estadio Stanford de San Diego, California, junto a Foo Fighters y Stone
Sour… dicen muy bien que el estadio más grande de la zona estará repleto hasta
los baños. Es uno de los espectáculos más esperados del inicio del año (…)”
A
Dave le encantaba oír el nombre de su banda en la radio, se sentía como un niño
pequeño, lo que me causaba mucha gracia. Cuando acabó la noticia, volvió al
baño y acabó de secarse, pocos minutos pasaron para que saliera seco y listo
para desayunar. Hablamos un poco sobre nosotros y las fotos que había tenido
que tomar durante estos días, también me comentó que quería que fuera con su
banda durante su gira por Europa, todo dependía de lo que dijera Nixie Bauer,
ya que Nevinger los estaba llevando por algunos lugares para comenzar a hacer
más amplio el tipo de público que escuchaba a las bandas… me gustaba mucho su
idea, me era muy tentadora.
–
¡Ya es hora! – gritó desde la puerta.
–
Ya voy – reí desde el dormitorio.
–
Estaré abajo con el auto – gritó.
–
Está bien – respondí.
Tomé
el bolso con regalos y partí abajo por las escaleras, vivo en un segundo piso
así que no hay problema de caminar un poco… es bueno para la salud, sobre todo
para una fumadora como yo.
Subí
al auto de Dave y marchamos en dirección a la casa de destino, nos detuvimos
para comprar rosquillas en la avenida Kennedy, en donde me encontré con Ville
Valo, a quien saludé amablemente, luego volví al auto y seguimos nuestro
camino. Llegamos y estacionamos el auto en la acera, bajamos y Dave tocó el
timbre de aquella gran casa, estaba muy nerviosa pero feliz al mismo tiempo,
había pasado mucho tiempo desde que no veía a mi hermano y su familia.
–
¡Pero que sorpresa! – gritó mi cuñada tras abrir la puerta.
–
Hola Lu ¿Cómo estás? – sonreí mientras la abrazaba.
–
Pues muy bien, aquí rabiando con tu hermano porque no
quiere limpiar el sofá que dejó lleno de pizza ayer con los chicos de su banda
– rió.
–
No cambia el vago ese ¿eh? – reí también.
–
Anda, pasen ambos – dijo amable.
Dave
saludó a Lu y a los tres pequeños que aparecieron corriendo al verme, también
abrazaron a Dave para hacerlo sentir parte de la familia que ahora estaba
integrando. En eso apareció Brian desde el patio trasero y a la distancia abrió
grandes sus brazos como saludando a la distancia, sonreía diciendo ‘¡Heeee!’ No
sé que quería decir con eso, pero me hizo reír.
–
¡Mil años hermanita! – gritó ya cuando estaba aquí.
–
Nunca me fuiste a visitar – dije mientras lo abracé y sus
brazos me rodearon.
–
Ya sabes que soy un hombre ocupado, pero los años no pasan
en vano, has venido hasta mí – rió besando mi cabeza.
–
Eres un maldito – reí.
–
¿Y tú? ¿Eres mi nuevo cuñado? Ese… ¿cómo era que se llama
tu banda? – bromeó al ver a Dave.
–
Foo Fighters – rió Dave - ¿Cómo es que se llama la tuya? –
le siguió el juego.
–
No sé, pero es mejor que la tuya – rió.
–
¿Ni sabes el nombre? Dudo que sea mejor…
–
Me caes bien ¿Cómo te llamas? – reía Brian.
–
Dave Grohl, ¿tú eres Brian Haner no?
–
Exacto hermano – le estrechó la mano.
–
Es un placer cuñado – sonrió ampliamente.
–
Más te vale cuidar de mi hermana.
–
Es lo único que puedo hacer, y no me llames hermano que soy
mayor que tú jovencito – rió Dave.
–
¿Tan viejo es? – me miró Brian.
–
Tú cállate Brian – golpeé su brazo riendo.
Reímos
un poco entre los cuatro adultos que estábamos presentes, luego Lu nos llevó a
la mesa en donde con Dave le entregamos unos regalos que yo había traído desde
Europa y no les había entregado, mis pequeños sobrinos estaban felices con esos
juguetes raros que les gustaban, también Lu con los licores que le traje y
Brian con unas remeras geniales de su tipo. Luego de un rato de charla fuimos
al patio para disfrutar del buen clima, entre los cuatro preparamos el almuerzo
del día, lo que me hizo sentir como en casa… cuando con Brian nos fuimos de
casa desde muy jóvenes.
Y
en ese tanto de tanta conversa, Lu me comentó que era la actual bajista de la
banda de Nixie, lo que me impresionó bastante, eso no tenía ni la menor idea,
ella tampoco sabía que era yo quien había tomado las últimas fotos de ella, las
que habían provocado tanto revuelo en las revistas Metal Hammer y Kerrang!.
Ver
a esos dos tan felices me ponía de buenas, me imaginaba que con Dave podíamos
llegar tan lejos como ellos, juntos, porque yo pensaba que con Gabriel todo
resultaría bien, pero en realidad a él más le importaba su grupo de amigos que
yo, y venirme a California había sido lo mejor para mí, en donde encontré gente
interesante y al amor de mi vida… solo espero que esto no sea pasajero, ya que
me estoy sintiendo estable luego de mucho tiempo, tras 5 meses terribles de
agonía al pensar que había tomado la peor de las decisiones.
–
¿Y como les va con la banda? – preguntó Dave.
–
Bien, nos va súper, es una mega banda ¿sabes? Jamás creí
que sería parte de ella – decía Lu sonriente.
–
Dicen que trabajar con Nixie es terrible – rió.
–
Sí, lo es – rió Lu – Pero es cosa de ser empeñoso y
responsable, te terminas por acostumbrar… luego de un tiempo ya sabes como son
sus reacciones frente a diferentes cosas, lo único que tienes que hacer, es no
hacerla enojar…
–
Es verdad – dijo Brian.
–
Vaya, aquí todos la conocen – reí – Menos mal que nadie
tuvo que presentármela – levanté las cejas.
–
Es cierto… ¿Cómo mierda la conociste? Es extraño que la
conozcas desde antes – se extrañó Lu.
–
Fue ya hace tiempo, allá en Italia… una noche la encontré
en el parque central, estaba sola y yo necesitaba hablar con alguien sobre
Gabriel… y le comencé a hablar, porque me dijo que no hablaba español, me
mintió – reí – Y acabamos hablando de sus problemas y los míos, nos volvimos
conocidas de toda la vida en una noche – sonreí.
–
Que extraño… Nixie nunca me comentó eso… – dijo Lu.
–
Creo que fue ese día que decidieron venirse de vuelta…
–
Oh, ahora recuerdo, pero nunca habló de ti.
–
Quizá no era necesario, además no hemos tenido una
presentación formal entre sus amigos y yo, tal vea por eso – reí.
–
Quien sabe, de todos modos, ahora todos nos conocemos – rió
Brian.
Reímos
un rato, luego jugamos con los pequeños a uno de los tantos videojuegos que
tenían. Cuando ya era tarde decidí que era hora de irnos, debía volver a casa
para descansar un poco. Con Dave nos despedimos de todos con una gran sonrisa y
en el auto nos fuimos al borde costero, estacionó el auto por algún lugar
cercano y bajamos tomados de la mano, se quitó los tenis y yo los míos, y
caminamos por la arena a pies descalzos, disfrutando de la brisa marina y del
calor de verano que comenzaba a asecharnos.
–
¿Por qué me has traído aquí? – le sonreí a Dave.
–
Pues porque hace una noche hermosa ¿no lo crees? – miró el
cielo.
–
Si, tienes razón… una hermosa noche estrellada. Lástima que
no tengo la cámara aquí para tomar una fotografía.
–
Deja de pensar en tu trabajo, disfruta del momento, es
lindo el hecho de que nuestras manos tengan contacto sin necesidad de que yo te
de algo o tú a mí – me sonrió.
Él
me hacía sentir tan bien que parecía un cuento de hadas. Nos sentamos en la
arena un instante, abrazados como dos enamorados, él acariciaba mi cabello
mientras mi cabeza permanecía apoyada en su hombro, su mano protegía la mía y
mi corazón se sentía maravillado. Miré su perfil mientras él observaba el
océano y besé su mejilla, él sonrió y me miró, así pude besar sus labios con delicadeza.
La
noche pesaba en nuestros hombros mientras nos besábamos, ya se hacía tarde y
volvimos a casa con la música a todo volumen en la radio de su auto. Mis cantos
parecían más gritos que cualquier otra cosa, él reía y me acompañaba en mis
enérgicas melodías, su locura me hacía feliz mucho más porque la compartía
conmigo. Llegamos a casa a eso de media noche, lancé mi bolso sobre el sofá y
él encendió el televisor para ver las noticias, preparé una sopa instantánea y
la serví, la tomamos en el sofá mientras veíamos CNN.
–
Que tristeza me provoca que la gente ande matando por ahí
sin más – dije.
–
Son idiotas que merecen ser castigados…
–
Simplemente no deberían existir.
–
Mejor cambiemos el canal – tomó el control.
Dejó
un canal de música y se puso como loco, movía su cabeza como un desquiciado lo
que me hizo reír en demasía, tenía esos arranques de locura de la nada, me
hacían feliz, mucho, pero eran extraños… porque no podía dejar de reír con
ellos.
–
¡Ya basta! – grité riendo.
–
¿No te gustan mis bailes? – rió.
–
Me encantan, pero – seguí riendo – Nah, olvídalo – me
levanté con los platos.
–
Mañana tenemos que ir reunirme con Nixie ¿irás conmigo? –
me dijo.
–
¿A reunirte para qué?
–
Tenemos que escribir la canción que cantaremos juntos, tal
vez sea más de una… ya sabes, para la gira europea – levantó las cejas.
–
Suena tentador, iré contigo ¿a que hora es?
–
A las siete de la mañana…
–
¿Qué? – grité.
–
Es broma – rió – Es a eso del medio día un poco más…
–
Estúpido – sonreí – Sí, vamos luego de ordenar el
departamento.
–
Eso es cosa de chicas, lo haces tú.
–
¿Cosas de chicas? ¿Y tú que harás? – fruncí el seño.
–
Pues ver televisión, eso hacemos los hombres en casa – dijo
serio.
–
Eres un machista – reí.
–
Pero si ni te niegas – rió a toda voz.
Fue
un punto para él, pero me seguía haciendo reír. Bromeamos un rato más y luego
nos fuimos a la cama, descansar entre sus brazos era completamente relajante,
en verdad no sé que tenía este sujeto, pero la primera vez que lo vi en esa
sesión de fotos, con su guitarra en mano y con esa sonrisa coqueta… me robó el
corazón; tenía un carisma diferente a lo que estaba acostumbrada, no era el
típico líder de la banda amargado ni se hacía el importante, era un sujeto
simple con ganas de hacer bromas incluso de sí mismo, que de la nada decidió
salir con la fotógrafa de la disquera, a la que le preguntaba la hora cada
cinco minutos siendo que él también tenía un reloj en su muñeca izquierda. ¿Cómo no me iba a encantar ese sujeto?
El
tiempo no pasa en vano… como una vieja amiga me dice muy a menudo:
La vida nos sorprende incluso cuando ya solo esperamos
solo lo peor, siempre habrá una luz muy pequeña en nuestro oscuro sendero.
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