Y las guitarras hacían lo suyo atrás, la batería mejoraba con el pasar
de los años, definitivamente, el tiempo no pasa en vano. La cortesía de Dave de
hacerse presente para calificar los nuevos trabajos hacía de todo lo que estaba
presente algo maravilloso. Mi reciente renuncia a mi carrera de solista me dejaba
con mayor tiempo libre y por ende menos preocupaciones; hace algún tiempo
Mustaine se había interesado en hacer unos trabajos junto a mí y esta era la
mejor situación para que se presentara, su modo de crear algo impresionante era
alentadora, lo hacía con un simpleza que me maravillaba cada vez más.
–
Suena bien… pero creo que le falta algo – dijo tocando su
barbilla y encogiendo sus ojos.
–
¿Algo como qué? – lo miré curiosa.
–
No sé, como chicas desnudas bailando – dijo serio.
–
No jodas Dave – reí mientras los chicos reían.
–
Pues bueno, suenan bastante bien, podrían ponerle
más agresividad al riff del centro, y en el solo que Mischa le ponga más
agudos, así destaca más – tomó la guitarra de Mischa y comenzó a tocar algo
improvisado pero genial – Algo como esto – sonrió.
Arreglé las pautas de las guitarras y le modifiqué algo al bajo de Lu
para que tuviera su momento de solo también, el bajo necesitaba ser apreciado
de la misma manera que el resto de los instrumentos. La melodía mejoró
bastante, la batería sonaba sensualmente aterradora, daban ganas de bailar
disfrutando de su ritmo, las guitarras mantenían un riff tan parecido al sonar
del motor de un ferrocarril antiguo y el bajo retumbaba como bombas cayendo en
pleno desierto en la noche. Todo estaba saliendo a la perfección, lo único que
faltaba era decidir el tono en que sería escuchada mi voz, aunque en verdad mi
imaginación ya se estaba yendo por el drenaje y no sabía como podría sonar tan
bien para no arruinar la canción.
Dave me dio uno de sus ejemplos raros, con esa voz tan extraña que
tiene, me hizo sonreír intentando buscar un tono adecuado, me ayudó, al menos
me dio un idea de cómo quería que sonara, así que solo debía poner en práctica
lo que sabía; y así lo hice.
Acabamos luego de casi cinco horas, ya eran cerca de las ocho de la
noche cuando Mustaine decidió marcharse junto a Andréu, porque iban al mismo
lugar, Alex se quedó arreglando unos asuntos de la guitarra junto con Mischa y
yo con Lu nos sentamos para observarlos.
–
Supe lo de tu banda, es una lástima – dijo mirándome.
–
Nada de eso, son cosas que tienen que pasar… me hago vieja
y tengo que asegurarme con lo que me viene bien, no puedo estar perdiendo el
tiempo con un montón de imbéciles – dije mirando al frente.
–
¿Un montón de imbéciles? ¿Qué fue lo que pasó en
verdad? Siento que me estás ocultando algo Nixie…
–
¿Ocultarte algo? ¿Para qué? Son simplemente cosas
que pasan Lu, a veces no es necesario un motivo – sonreí mirándola de costado.
–
Sabes perfectamente que no me convences con ello –
encogió sus ojos – Supe del embarazo de Naomi, tu baterista… ¿Es por eso que
quisiste acabar con la banda? – movió su cabeza hacia un lado.
–
Saca tus propias conclusiones – dije seria.
Me puse de pie y decidí marcharme, me hacía mal hablar del tema del
embarazo de Naomi, me ponía de malas y me partía el alma. Dejé a mi amiga
hablando sola, frente a mis dos grandes guitarristas, cuando salí del
anfiteatro una mano sujetó mi brazo con fuerza, lo que hizo que me girara.
–
¿Ya te vas? – decía agitada.
–
Debo volver a casa, ya es hora de hacer tarea con mi hijos
– sonreí.
–
Hay de un asunto que debo hablarte Nixie – arregló
su cabello.
La miré extrañada, soltó mi brazo y cuando nos dispusimos a conversar,
Frederick se hizo presente (el guitarrista irlandés de mi banda), Mischa y él
se miraron extraño, de una manera especial. Observé a ambos y no entendía nada.
–
¿Freddy? ¿Qué haces aquí? – le dije.
–
Tengo que irme – dijo Mischa rápidamente – Nos vemos
mañana, hay te digo las cosas – besó mi mejilla y se fue.
–
Hola Nixie – sonrió el grandote besando mi mano como
un caballero.
–
Ya te dije que lo de la banda está terminado, no
quería que las cosas salieran así, pero son cosas que pasan – dije como una
frase de aliento.
–
Ya sé que lo hiciste por Backhmann, lo tengo más que
claro, no debes mentirme – sonrió levemente – Pero no he venido a eso…
–
¿A qué has venido entonces? – dije incómoda.
–
Hay un asunto sobre unas fotos que quiero realizar
contigo… hay una mujer que quiere tomarnos algunas juntos. Ni idea porque, pero
el asunto es solo contigo y quien sabe si habrá más – sonrió.
–
¿Cómo es eso? – no entendía.
–
Ven conmigo solamente, así las cosas serán mejor –
acarició mi mejilla de una manera dulce.
–
Espera, espera, espera – quité su mano – No entiendo
absolutamente nada – fruncí el seño.
–
Ven conmigo, si te gusta te quedas, si no, solo
estoy perdiendo el tiempo aquí…
–
Pobre de ti que intentes algo – encogí mis ojos.
–
Confía en mí pelirroja – rió.
No entendía bien la situación, pero decidí acceder a su petición
extraña. Subimos a su motocicleta y partimos en dirección a los estudios
cercanos a la costa de Los Ángeles, había un gran alboroto fuera del lugar, con
muchos periodistas y personas que se me hacían familiares. Freddy estacionó el
vehículo y entramos tomados de la mano, era la única forma para no perdernos
entre tanta gente, pero para variar la situación se fue malinterpretando con
todas las fotografías que los paparazzi tomaban.
–
Aún no entiendo que hacemos aquí – dije mientras
caminábamos por un pasillo.
–
Tranquila, te llevarás una grata sorpresa – sonrió
seductor.
–
No me gusta el tono que estás usando – sonreí
levemente.
Él solo rió. Seguimos la senda por ese largo pasillo que parecía nunca
acabar, hasta que llegamos al final donde las puertas nos hicieron el choque,
miré a Freddy quien sonreía, entonces empujó las puertas de par en par y una
luminosa habitación cegó mis oscuros ojos sensibles a la luz, muchos murmullos
comenzaron a rondar y la gente sonreía al vernos allí.
–
¡Pero que maravilla! – reía una voz que se me
hacía muy familiar.
–
¿Qué significa esto? – miré a Freddy.
–
Pues una sesión de fotos – rió – Además hay alguien que quería
verte…
–
¡Nixie! –
exclamó aquella voz – Ha pasado mucho tiempo ¿no lo crees? – reía.
–
¿Francesca? – pude al fin reconocerle.
–
Pues si querida, la misma – dijo con orgullo
mientras se acercaba.
No pude evitar sonreír, tenía un carisma que era contagioso y eso me
venía muy bien luego de las amarguras que pasaba por problemas que yo misma
buscaba. Ahí ella me explicó que quería tomar unas fotografías de mí y
Frederick para hacer publicidad al mundo de las guitarras femeninas, pero que
necesitaba de él para el contraste de la imagen, del mensaje que quería
entregar y claro, de la química que podía existir en un ambiente ciertamente
especial que ella planeaba poner en acción. Entonces me pidió que me cambiara
de ropa y luego pasara a la zona de maquillaje en donde arreglarían mi figura
acorde a lo que Francesca necesitaba para su proyecto, Freddy hizo lo mismo.
Cuando ya estaba lista, me puse a charlar un poco con ella sobre todo
lo que había pasado en este tiempo, le conté lo que había pasado con Corey y lo
mal que lo estaba pasando con su situación actual, el embarazo de su mujer y
las cosas que estaban dificultando mi situación con Sean. Ella comprendía a la
perfección, era extraño como podía entablar un lazo tan fuerte con alguien que
conocí una noche de arranques de locura de esos.
En eso, apareció Frederick listo, vestido muy sensual y atractivo, con
una guitarra brillante en una de sus manos, me encantó lo que vi, tenía cierto
aire a Chris Broderick, pero en una versión más rubia e Irlandesa, lo que me
hacía sonreír como una estúpida… eso significaba que seguía siendo débil.
–
Muy bien, manos a la obra – susurró Francesca riendo,
insinuando algo.
Yo
solo reí.
Los
asistentes trajeron una guitarra para mí, acorde a como estaba vestida,
deslumbrando aquellas maravillas que no suelo aprovechar de mi figura.
Fotografías de acuerdo al protocolo comenzaron a ser improvisadas, nada fuera
de lo normal; Freddy de un lado, yo del otro, con unas poses características de
ambos, luciendo las guitarras. Pero luego de un rato Francesca quería más, su
trabajo, su inspiración se estaba saliendo de control, no sé lo que habrá
imaginado, pero ella quería algo diferente… ya saben como son los fotógrafos
cuando su pasión los domina.
–
Ahora más juntitos, vamos, devórense – decía como una
fiera.
Frederick
sonreía sabiendo lo que quería, yo me sentía un poco incómoda… hace mucho
tiempo que dejé de hacer este tipo de cosas y volverlas a hacer me hacían sentir
extraña. Pero no me negué, la improvisación del momento me llevaba con ella,
resistirme era imposible.
Las
fotos fueron saliéndose de contexto, Freddy quería algo más que solo acercarse
a mí y tomar mi cintura, acariciaba mis brazos de una manera extraña, rozaba su
nariz en mi cuello tentándome a más. Francesca aplaudía mientras tomaba las
fotografías a la velocidad de la luz. ‘Denme más’ gritaba cada ciertos
segundos, entonces tuve que meterme en el juego del irlandés y comenzar a
participar en lo que yo era una profesional.
Mi
rostro cambió completamente, las sonrisas coquetas se hicieron notar, nuestras
caderas chocaban de vez en cuando, él se acercaba más de lo que debía y lo peor
es que yo le seguía el juego. Nuestras miradas chocaban de una manera
excitante, lo que hacía feliz a la española.
–
Esto era lo que querías ¿no? – susurré en el oído de él.
–
Sólo déjate llevar mi querida dalia… – sonrió rozando su
nariz con mi mentón.
–
No quiero que malinterpretes las cosas Freddy.
–
No las malinterpreto, no debes preocuparte de ello, esto es
para explotar tu sensualidad, no para que yo me aproveche de la situación –
dijo lentamente.
–
No seas mentiroso – sonreí discretamente.
Francesca
nos detuvo un instante y nos explicó la pose que quería para finalizar, mi pierna
en su cintura, una de sus manos al límite de mis nalgas y mi espalda baja, y
nuestros labios al punto del contacto, pero casi, no que se concretara con un
beso, si no que diéramos solo la impresión de ello. Sería la portada perfecta.
Y así lo hicimos, solo que cuando acabó con la última fotografía Frederick no
resistió y dio un choque leve a nuestras carnosidades, pero sin excederse, lo
que me provocó reír.
Las
cosas se salieron de control cuando en escena apareció Naomi, enfurecida, con
una cara de ira, caminando directo hacia donde yo estaba. Irrumpió de la nada,
dispuesta a gritarme como nunca antes.
–
¡No puedo creer lo bajo que has caído Nixie Bauer! –
gritaba mientras se acercaba.
–
¿Qué sucede aquí? ¿Quién
sois vos?
– gritó Francesca al ver a la chica tan exaltada.
–
¿Qué quieres? – encogí mis ojos cuando nuestras miradas
hicieron contacto.
–
¿Qué quiero? Que me expliques porque mierda acabas con la
banda. ¿Es cierto que es por el embarazo? No puedo creerlo – dijo riendo,
enojada.
–
Tú no eres el centro del universo niña, deja de hablar
incoherencias.
–
¿Yo? ¡Tú eres la que cree tamaña cosa! Te juro que intento,
pero no puedo entenderlo, más que nunca necesito un trabajo y tú decides acabar
con la banda solo porque estoy esperando un bebé de Corey.
–
Vete de aquí, no pienso discutir contigo – sonreí soberbia.
–
Nada de eso. Tú ahora me vas a escuchar bien Bauer, estoy
cansada de todos tus teatros de la buena samaritana que me consiguió trabajo y
me ayudó a conquistar a mi marido. Ya me di cuenta que no eres más que una
mentirosa… ¡Una puta mentirosa! – comenzó a apuntarme.
–
¡Oye tú! – gritó Francesca – Voy a llamar a seguridad si no
salís de aquí ya, estás irrumpiendo mi trabajo niñata – frunció el seño.
–
¡Pues hazlo! – la desafió.
–
¿Sabes? Este no es lugar para que vengas a decirme tamañas
estupideces, si quieres hablarlo será en otro lugar, no ahora, ni aquí –
levanté las cejas.
–
Yo no voy a hacer más las cosas que tú me mandes, imbécil –
me empujó.
–
No me hagas perder la paciencia Naomi – dije entre dientes.
–
Anda, hazlo, quiero ver de lo que eres capaz de hacer para
no perder a Corey ¿no lo amas? Entonces demuéstralo… perra – dijo lentamente irónica.
Las
miradas comenzaron a aterrar la situación, ya sabían lo que provenía. El
cataclismo estaba cobrando fuerza y solamente arruinaría más las cosas. Mis
ojos se encogieron y el coraje que me representa despertó, derrumbada fue la
figura de la chica agresiva que provenía quien sabe de donde, y cayó al suelo…
con su nariz ensangrentada, romper fosas nasales era lo mío, definitivamente no
tenían que meterse conmigo.
–
Llama perra a la que te derribe mil veces de tu pedestal…
no a la mano que te dio de comer mucho tiempo y que puso tu nombre en lo alto
de un ranking mundial, mocosa – la miré abatida en el suelo, cubriendo su
nariz.
Mi
vista cansada la observaba, respiraba agitada, ella estaba tan bien entrenada
como yo en Kick Boxing, pero, sabía que no acabaríamos nunca si devolvía algo
inminente. Mire a Francesca que no estaba lejos, ‘Te llamo luego’ le dije antes
de irme, caminé a la puerta con un nudo en la garganta, lo único que quería en
este momento era gritarle a Naomi mil groserías que tenía guardadas desde hace
mucho tiempo, pero que no podría hacerlo para no dejarla mal, más de lo que ya
estaba…
–
¡Esto no se va a quedar así Nixie! – gritó poniéndose de
pie.
–
Cuando estés preparada… podrás hablar conmigo – con un aire
de misterio la miré.
–
Las cosas malas que has hecho… se devolverán mil veces peor
– encogió sus ojos.
–
Vamos a ver si aún estoy aquí para cuando eso pase – dije
irónica.
Apretó
tu mandíbula con fuerza, y seguí mi camino, caminé rápido por ese pasillo y
salí por otro lugar para que la prensa no me viera. Llamé a Mischa para que
viniera en mi búsqueda, su convertible apareció luego de un montón de
deportivos, subí al auto y solté un grito de ira mientras apretaba mis puños
con fuerza.
–
¿A dónde vamos? – dijo mientras conducía lento.
–
Necesito descargarme, pero no quiero ir a un bar… necesito
golpear algo antes de que explote otra vez…
–
Vamos a una botillería, compramos unos tragos y vamos
Randholl ¿está bien? – me miró.
–
Estupendo – asentí.
Sonrió
de costado y apretó el acelerador, bajó en una botillería cercana a la costa,
dos vodkas, una botella de whiskey y una de menta para mantenernos sobrias un
instante antes de perder el conocimiento. Estacionó el auto en el subterráneo
de un edificio que ni conocíamos y caminamos unas tres cuadras hasta Randholl,
un galpón en el que se solían reunir artistas de nuestro estilo para practicar
técnicas de música y hacer deporte, era un gimnasio casual, sin ser uno
profesional, pero era perfecto. Entonces Mischa se quitó su saco y me sujetó la
bolsa de boxeo, la que fue atacada por mi ira minuto tras minuto, segundo tras
segundo, por durante casi dos horas. Luego de aquello comenzamos a beber como
unas desquiciadas mientras yo le contaba mis problemas y ella me contaba los
suyos.
–
Ya estoy que lanzo la toalla – dije abatida.
–
No puedes hacerlo – me recriminó.
–
¿Por qué no? – reí.
–
Porque si tú lo haces pierdo la esperanza de seguir… si tú
lo haces, yo también lo hago… recuerda que el efecto dominó se produce.
–
Debes dejar de pensar eso – susurré.
Ella
me miró con melancolía, estábamos ebrias pero concientes aún, ella se acercó a
mí y me besó la mejilla con una sonrisa perdida, acarició mi mano mientras mi
boca permanecía un poco entreabierta. Quitó el vaso de mi mano y lo dejó en la
mesita que estaba junto a nosotras, cerré los ojos al acariciar su mejilla
mientras ella sobreponía su mano en la mía que hacía contacto con la piel de su
rostro.
Algo
estaba ocurriendo, los fantasmas del pasado nos estaban arrastrando a una
laguna mental de la cuál ninguna estaba segura si quería volver a repetir…
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