–
¿Por qué no me lo habías dicho?
–
No sabía que la conocías – levanté las cejas.
–
¡Claro que lo sabías! – me gritó.
–
No lo sabía – le repetí lentamente.
Caminaba
de un lado a otro en mi escritorio mientras yo jugaba con una bola de papel en
la mano, meciéndome en la silla. No la había visto tan enojada desde hace
mucho, Mischa no se enfada fácil, es decir si, pero cuando se enoja de verdad
debe haber una buena razón para ello… y ésta no era la excepción.
Estaba
furiosa tras la sesión de fotos que habíamos tenido ayer por la tarde, se
vieron frente a frente con Francesca, ustedes se preguntarán porque se enojó
tanto, y pues es que la chica en cuestión fue quien le presentó a James,
diciéndole que no era casado ni que tenía algún tipo de compromiso, lo que la
llevó a involucrarse con aquel sujeto de una manera más allá de lo corporal, ya
conocen la historia.
Pero
bueno, yo ni puta idea tenía de que esas dos se conocían, tampoco sabía que era
la hermana de Brian, el esposo de Lu mi bajista, tampoco sabía que había sido
compañera de escuela de Alex… el mundo se estaba haciendo tan pequeño que
comenzaba a odiarlo cada día un poco más.
–
No sé que voy a hacer ahora – repetía tomándose la cabeza.
–
¿Hacer de qué? Eso quedó en el pasado Mischa, déjalo ya –
bufé lanzando la bola de papel al basurero.
–
Claro que no, esa mujer me hizo cometer una locura… con un
hombre casado…
–
Pero fue culpa tuya al involucrarte, fue como con Norman,
solo que con Norman fuiste tú la que no quiso creer que era casado – reí
sabiendo que se enojaría.
–
Cállate, eso no es gracioso – dijo seria como una piedra.
–
No tienes de qué preocuparte mujer, estás buscando
problemas donde no los hay – miré el techo.
–
Claro que no. No soy como tú – encogió sus ojos.
–
¿Disculpa? – levanté la cejas.
Se
sentó en la silla que había frente a mi escritorio, se acercó a mí para
hablarme en un tono más íntimo, lo que estaría por decirme no debía ser oído
por el resto que estaba en casa, era más que nada la hora de escuchar un sermón
que me haría pensar mejor las cosas.
–
Supe el lío que tuviste con Naomi hace ya mucho tiempo,
también sé que está embarazada y que el otro día vino a hacerte un escándalo
aquí…
–
No te incumbe eso, son mis problemas Mischa – dije sin
ganas.
–
Sé que no te gusta que nadie se meta en tus problemas, pero
esto ya se salió de control y estás cayendo en un juego que puede terminar muy
mal si no te sales pronto… o antes de que pase lo peor Nixie – levantó las
cejas.
–
¿Dé que hablas?
–
Naomi sabe lo que sientes por Corey… pero tú estás
confundiendo las cosas. Piensas que ese deseo corporal que te provoca Taylor se
llama amor, y no es así.
–
No seas estúpida – reí.
–
¿Acaso has disfrutado de él cuando están viendo una
película o simplemente dando un paseo? – levantó las cejas una vez más.
Silencio.
–
Ves. Estás tirando por la borda una relación diferente a la
que tienes con tu marido… Corey solo te excita, no lo amas en verdad… porque
debo admitir que es un hombre realmente seductor y ardiente, pero allá de
amarlo y querer estar con él incluso sin que tenga un brazo… no es precisamente
lo que quieres ¿o me equivoco…?
–
No lo sé…
–
Tú me has dicho que cuando estás con Sean en el jardín,
mirando a los niños correr… sientes que el mundo es maravilloso, cuando vas con
él de compras o cuando haces tarea con tus hijos. No es lo mismo que sientes
por Corey, Nixie. Debes separar los casos y acabar ya con ello. Ya eres una
adulta, pronto cumplirás los 37 ¡por
dios! Deja de pensar como una chica, debes pensar en tus hijos, en tu
familia… no puedes echar a la basura la crianza de tus seis pequeños ni tus 4
años de matrimonio con un hombre que se siente como un idiota solo porque no le
dices hola… ¿entiendes lo que digo?
–
Perfectamente.
–
Entonces compórtate como tal y deja de cometer errores, aún
estás a tiempo de arreglar las cosas antes de que Sean se aburra y decida
pedirte el divorcio. Sabes que eso sería un terrible error, más aún después de
todo lo que has tenido que vivir…
–
Las catástrofes siempre
llegan a su fin.
–
Y la vía de escape a veces está bloqueada.
–
Ya entendí – dije molesta.
–
Espero que pienses bien las cosas, ya es hora de que tu
vida tenga un poco de paz – acarició mi mano por sobre el escritorio.
Respiré
profundo mientras pensaba todo lo que me había dicho mi hermana. Al fin
comprendía ciertas cosas que siempre estuvieron allí pero que nunca había
querido ver… Quizás los asuntos se tranquilizarían un poco luego de esto.
Tras
esa charla, bajamos con Mischa a la sala en donde estaban Ville y Sean viendo
películas junto a los niños, les sonreímos a ambos y Sean se extrañó, caminé
hasta él y lo besé como hace días no lo hacía, Ville rió e hizo un comentario
sobre dejarnos solos, pero con Mischa debíamos salir. Así que los dejamos allí
a los dos sonriendo junto a nuestros hijos que eran un total de diez… los
cuatro de Mischa y los seis míos.
Abordamos
el Lamborghini y manejé rumbo al centro, corrimos por las calles a gran
velocidad, estacionamos en un costado del estadio Alois y entramos al lugar,
todos nos saludaban mientras caminábamos con nuestro particular estilo de divas
rudas, con esas sonrisas que tenía solo la gente importante tenía y que eran
difíciles de imitar. Saludamos a Jackson y nos llevó a camerinos, nos prepararon
y luego de Foo Fighters subimos al escenario para acabar con esta gira local,
ya era el sexto show que dábamos en California, sí... había pasado mucho
tiempo, particularmente se estaba yendo el año, ya era noviembre.
Cuando
la gente gritaba nuestro nombre, la emoción aumentaba, las guitarras tenían ese
sonido especial que subía nuestra adrenalina a aquellos límites en que ya
pierden el nombre. La batería de mi querido amigo francés siempre sonaba tan
bien como la primera vez que lo oí, y el bajo de Lu, cada vez se perfeccionaba
más, esa chica siempre sabía como hacerme feliz. Mischa saltaba como una loca
mientras yo cantaba seduciendo incluso hasta al inerte micrófono.
Horas
tuvieron que pasar para que la gente se agotara, luego subió Dave Grohl para cantar
nuestras composiciones y deleitar los oídos de los fanáticos que ya se habían
acostumbrado a vernos juntos en un ambiente como este.
–
¡Muchas gracias! – gritamos al unísono.
No
entendíamos nada de lo que la gente decía, pero se sentía muy bien. Abandonamos
el lugar luego de lanzar las típicas púas y baquetas de parte de los músicos,
atrás, en camerinos nos abrazamos todos; pero cuando la charla se hizo algo más
colectivo, Corey me lanzaba miradas a la distancia, a las que yo solo me hacía
la importante e ignoraba.
En
ese lapso apareció Francesca, Mischa la observó decidida a sacarle en cara que
ella tenía la culpa de su desdicha con James, pero le tomé el brazo y la
detuve; le pedí que tuviera calma, que pensara bien las cosas y solo me pidió
que la acompañase a hablar con ella. Asentí sin negarme.
–
Hola – dijo Mischa un poco incómoda.
–
¡Hola! – dijo Francesca eufórica al vernos.
–
¿Qué tal? – le sonreí.
–
Pues bien, no tienes idea de cómo disfruto esta clase de
cosas, los conciertos me vuelven loca – rió.
–
Debemos hablar – le dijo Mischa interrumpiendo.
–
¿Qué sucede?
Mischa
me miró como pidiendo ayuda, pero en verdad aquí yo solo era una espectadora.
Ambas comenzaron a charlar luego de un rato, después de que Mischa le explicase
todo el asunto, le contó todo lo que tuvo que pasar cuando las cosas se
complicaron por el matrimonio de Hetfield, las mentiras que comenzaron a
hacerse presente y la constante interrogante de parte de ella por saber si él
en verdad la quería. Ella le explicó que no era su intención que las cosas
salieran mal, de hecho, siquiera sabía que James estaba casado, ella solo lo
conoció una noche cualquiera en un bar cualquiera, no sabía absolutamente nada
de él ni mucho menos que era el vocalista de Metallica… Francesca no estaba
enterada de la música actual. A Bauer le
costaba creer que esa historia fuera cierta, pero di mi punto de vista al
respecto y apoyé la versión de Francesca aunque los ojos de Mischa me
repudiaran, costaba creerlo, pero en verdad no tenía ni idea de las bandas ni
mucho menos de sus integrantes.
Al
cabo de una hora la gente fue desalojando el lugar y por ende nosotros debíamos
marcharnos. Cuando estaba dispuesta a irme y dejar solas a las chicas hablar,
una mano tomó mi brazo, a lo que tuve que percatarme de que era Corey quien
aclamaba mi atención y no de la mejor manera…
–
¿Qué quieres?
–
Necesito hablar contigo – dijo serio.
–
¿Ah si? No tengo tiempo para perderlo contigo Corey, y si
no mal recuerdo… no querías hablar conmigo luego del escándalo que diste en mi
oficina – dije irónica.
–
Creo que… fui muy impulsivo y debí decir cosas que no tenía
que decir, lamento lo que pasó, no estaba en mis cabales y solo quiero
aclararlo todo – levantó las cejas.
–
No hay que aclarar nada y si no te molesta… debo irme a
casa… con mi marido y mis hijos – sonreí.
–
¿Ah si? ¿Desde cuando te importa tanto tu maridito? –
ironizó.
–
Eso no te importa…
–
¿Acaso ya cambiaste de opinión sobre nosotros? – me trajo a
él con fuerza.
–
Ya no existe la palabra nosotros – miré sus ojos.
–
Es decir que ya te han lavado el cerebro…
Sus
ojos azules seguían inmortalizados en mi mente, su denso color provocaba en mí
aún cosas que no podía controlar, era inevitable traer esos recuerdos tan
lindos. Acabaría desecha sea como sea, soy débil bajo ese aspecto… aunque me
haga la fuerte.
En
eso apareció Mischa, que sabía más o menos lo que estaba pasando y acudió en mi
rescate… no saben cuanto amo a esa mujer.
–
¿Ya nos vamos Nixie? – dijo seria.
–
Si, ya he hablado con Corey sobre lo que tenía que hablar –
le guiñé un ojo sonriendo.
–
No hemos hablado de nada – me miró Corey.
–
Ya te he dicho todo lo que debía – me solté.
–
Te has salvado de esta Bauer – rió.
–
No quiero volver a verte, así que no aparezcas más en casa.
Ya arreglaremos luego las visitas con Cristal, pero no quiero verte nunca más
Corey ¿entendido? – dije ya calmada, un poco harta de todo.
–
Espera… ¿Qué? – gritó.
–
Ya te llamará en otro momento… sordo – rió Mischa llevándome
lejos.
Lo
miré mientras caminaba junto a mi hermana, sentía como si tuviera un peso
menos, como si en verdad todo esto fuera necesario, pero algo muy en mi
interior seguía haciéndome sufrir y pensar que era un error más para la
colección de mi vida.
La
melancolía del momento se hizo notar más aún mientras la van nos llevaba a
casa, mi cabeza estaba apoyada en las piernas de Andréu mientras que éste
acariciaba mis mejillas mojadas, en el otro asiento de en frente estaba Mischa
y Lu mirándome afligidas, no les gustaba verme así, y Alex atrás de Andréu y yo
diciendo que las cosas mejorarán para todos, que debía estar bien porque era la
fuente de vida para todos ellos. Mis lágrimas lograron cesar ya cuando estaba
cansada de dar lástima, de sentirme una basura que solo hacía que mis amigos se
preocuparan cuando en verdad ellos tenían sus propios problemas…
Al
llegar a casa pude compartir un rato con mis sobrinos, mis hijos, mi cuñado
Ville y más de mi marido quienes me hicieron pasar un rato agradable, tuvimos
noche de karaoke y baile, además los hombres se dedicaron a cocinar pizza y
prepararnos una mezcla extraña de jugos y licor, era maravilloso. Mischa estaba
como loca cuando los trillizos hacían locas cosas con los gemelos, se sentía
raro ver a tantos niños parecidos entre sí, era un caos en todas sus letras. Cuando
ya se hizo más de noche ella decidió marcharse a casa con toda su familia, la
energía aún estaba presente pero los niños debían dormir y el siguiente domingo
debía ser de descanso para todos, aunque a veces Mischa le cuesta entender
ello.
Sean
y yo llevamos a los niños a sus cuartos para que descansaran, los hicimos
dormir y luego nos fuimos a nuestro cuarto, tomados de la mano, riendo como
unos niños, hablando de cosas que nos hicieron gracia mientras la familia de
Mischa estuvo en casa. Mantener una conversación con Sean era agradable, nunca
me había dado cuenta de ello… casi siempre yo busco defectos en la gente, las
virtudes cuesta encontrarlas porque a veces no quiero verlas, pero en verdad
este sujeto tenía más virtudes que defectos… y eso lo hacía maravilloso.
–
Hace mucho tiempo que no comía tanto – rió cuando se
recostó junto a mí en la cama.
–
Es que si alguien no te cocina no comes – reí.
–
Puedo sobrevivir cocinando, pero soy un poco perezoso…
–
Eso te hace más sensual aún ¿sabes?
–
Eres tan linda – sonrió.
Lo
miré de lado mientras él permanecía de costado sujetando su cabeza con su
brazo, sonriendo mientras me miraba, su mirada era tan intrigante que no podía
dejar de mirarlo, esa sonrisa que tenía me gustaba mucho, me atraía más a él
que cualquier otra cosa; tiene una cara tan fraternal que me mantiene segura
incluso sin tener contacto, no entiendo porque me costó tanto darme cuenta de
esas cosas…
–
Te amo Sean – sonreí levemente.
–
Y yo te amo a ti muñequita – besó mi mejilla.
“Muñequita eres hasta que deje de respirar…”
¿Por
qué el pasado estaba tan latente en mi presente? Esa frase solía decirme Dero
siempre, yo era su muñeca como él era mi hombre… Definitivamente estoy
condenada hasta que deje de existir, o hasta que pague por todos los errores
que he cometido.
Aquella
noche fue gloriosa en todo aspecto. Compartí un rato agradable con mi hermana y
su familia, también con mis hijos, y en la noche más tarde mi esposo logró
hacerme sentir una loca en la cama, con sus besos me engatusó hasta lograr su
cometido, su crimen perfecto. Amaba tanto cuando besaba mi cuello, cuando
acariciaba mi cuerpo.
El
cumpleaños de Cristal llegó, haciéndola toda una adolescente, mi hija ya tenía
15 años, me hacía sentir tan vieja… yo ya tenía 37, el tiempo estaba avanzando
más rápido de lo debido, sentía que perdía el control sobre mi vida, tenía
tanto miedo a terminar arrugada y arrumbada en algún lugar del mundo sin
siquiera saber que hacer a esta edad. Todo se puso peor en la fiesta de mi hija
cuando Corey se hizo presente.
–
Que linda se ve nuestra hija usando ese hermoso vestido –
dijo en mi oreja.
–
Ella es hermosa usando cualquier cosa – sonreí.
–
Igual que su madre…
Entonces
lo miré de reojo junto a mí, apreté la mano de Sean con fuerza que estaba a mi
izquierda, él se percató de la presencia del rubio y me llevó hasta donde
estaba Cristal con sus amigos hablando sobre quien sabe que cosa, Sean les
ofreció tomarse una foto para recordar esta fiesta de 15, ya que no se cumplen
todos los días.
–
Gracias por la fiesta mamá, es realmente hermosa – me
abrazó la rubia.
–
Te mereces esto y mucho más mi amor, sabes que nunca tuve
una fiesta como esta… lo mínimo que quiero es que mi hija disfrute la de ella –
sonreí.
–
Eres la mejor madre del mundo, te amo – besó mi mejilla.
Las
dulces frases atravesaron la barrera más dura, contener emociones en ese
momento era ilegal, sentirse retraído no tenía sentido… hoy en día hay cosas
pequeñas que pueden hacerte llegar a la cima más alta, y nadie podrá quitarte
de allí.
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