NARRA:
Mischa Bauer.
Había pasado un
poco tiempo desde aquel fatal día, ya estábamos entrando en el mes de Abril, la
banda había cumplido hace pocos días 16 años sobre los escenarios, y ya
habíamos perdido a dos de los fundadores, uno cada diez años… Primero fue Max, diez años
luego fue Nixie… ¿Quién sería el próximo?
La
melancolía nos abordaba a cada uno minuto tras minuto, aún se notaba la
ausencia de la chica, todos estábamos conscientes de que sería una temporada
dura, nos costaría mucho asumir todo lo que había pasado… sobre todo a mí, y
creo que eso es algo obvio.
La
voz escurría entre las cuatro paredes, podía escuchar hasta el más mínimo
susurro emitido desde lo profundo de su garganta. Cada vez que tomaba la
guitarra ella hacía magia, creaba algo hermoso para mis oídos. Emitía un sentimiento
pocas veces visto, convertía algo simple en algo realmente maravilloso, tenía
esa gracia… tenía ese don. Lamentaba
mucho el hecho de que esa voz ya no volvería a sonar en vivo, cada alto al que
llegaba parecía perfecto, siendo que su voz era tan común que todo lo que yo
pensaba parecía incoherente; tenía ese vibrato que me gustaba en su voz, como
si tocase algo y fuese a quebrarlo para echarse a morir…
Mi
cuerpo permanecía abatido en aquel sofá, en ese cuarto que tenía exclusivamente
para los logros de la banda, de mis amigos, mi espacio personal. Las paredes
eran blancas, la sala era muy iluminada y mantenía la radio que ahí tenía a
todo volumen con las canciones de solista de mi mejor amiga, su voz me
transportaba a un mundo mejor aunque sus canciones a veces hablaran sobre las
miles de desgracias que tuvo que enfrentar a lo largo de su vida… Que
importaba, ella era magnífica, su voz lo era. Cuantas veces me dijo que dejaría
de actuar sola sobre un escenario, mentirosa,
a ella le gustaba dar shows, se enamoró de ello; sus obras lo demostraban, ella
entregaba lo mejor de sí en las canciones en las cuales tocaba la guitarra y
toda la composición era netamente escrita por su mano.
Sentía
como me abrazaba el calor del recuerdo, mis ojos observaban la pálida pared que
resaltaba con uno de los tantos pósters de Nevinger, me hacía sonreír mirarlo,
pero mis ojos agonizaban mientras mis sentimientos me hacían retorcerme del
dolor. “Make up your mind”, la
recuerdo. Aquella canción que me hizo gritar tantas veces en el garaje de
Petter allá en New York. Fue uno de los primeros éxitos de Nixie cuando se
lanzó a solista, con sus sonidos distorsionados en la guitarra con esa voz
rasposa en un leve susurro… convertía lo simple en algo lleno de emoción, que
podía desgarrar el alma de la persona más dura y fría, como lo era ella…
–
Deja de martirizarte…
–
Ya sabes que no puedo – dije abatida, mirando el techo.
–
Si puedes, eres una mujer fuerte – sonrió.
–
Dudo de tus palabras fiel bellaco…
Él
rió.
–
¿Dónde están los niños? – me levanté para mirarlo y secar mis
lágrimas.
–
Están con Sean…
–
Que obstinada es Cristal – sonreí.
–
Tiene a quien serlo ¿no?
–
Y ese es el mejor orgullo que puede sentir…
–
Ven aquí amor…
Se
aproximó a mí cuando mi mirada volvía a querer quebrarse, me cobijó entre sus
brazos, entregando su calor en un abrazo protector que a veces no pedía pero
que necesitaba más que nunca. Ville había actuado tan raro desde la muerte de
mi hermana, parecía que se preocupaba cada vez más de mí y eso me extrañaba, me
gusta, claro que si, pero me hacía cuestionarme tantas cosas… ¿Qué hubiera
pasado si él no fuera así tras todo lo que pasó? De seguro yo ya no estaría
aquí.
Bajamos
al comedor y nos tomamos unos cafés para conversar un poco y plantear ideas
para más adelante, yo no pensaba en quedarme atascada todo el tiempo en esta
situación. Si me sentaba a esperar de seguro acabaría arruinada, deprimida a
más no poder y claramente con el juicio ido.
Ver
sonreír a ese hombre me mantenía calmada, podía sentirme segura y capaz de
superar todo esto. Había un silencio terrible en casa, como si algo faltara… y
claro, era viernes.
–
Podríamos mezclar whiskey, vodka, ron y cola – reía Andréu.
–
Es una muerte segura – reía yo con Lu.
–
Es delicioso, recuerdo haberlo probado cuando tenía como 17 – decía
Nixie.
–
¿Y sobreviviste a eso? – reímos.
–
Tan solo tomé un par de sorbos – rió ella con ganas.
–
Hagámoslo entonces, no perdemos nada. Si alguien muere esta noche
Andréu será el culpable – dijo Lu.
–
¿Yo por qué? – reía el francés.
–
Fue tu idea maldito idiota…
–
Claro que no – dijo irónico.
–
Déjense de jodas y preparemos el coctel.
Botellas
por todas partes sobre la mesa, los chicos ya habían quebrado tres vasos de
vidrio lanzándolos al suelo por accidente y porque Andréu aseguró que no se
rompería, ya saben como es él.
En
un largo vaso preparamos el primero, la que lo probó fue Bauer, quien con la
garganta en llamas dijo que estaba perfecto, preparamos uno para cada uno, y
cuando todos teníamos uno, comenzamos a beberlo sin parar. Era obvio que
alguien acabaría borracho luego de esto, pero queríamos ver quien. Vasos empinados, gargantas
sedientas y ardiendo, mientras algunos golpeaban la mesa a medida que tragaban,
era un ambiente divertido.
–
¡Santa mierda! – gritó Nixie al toser un poco.
–
Yo no quiero repetir – reía Lu media afectada por el alcohol.
–
¿Alguien quiere a su mami? – reía Andréu.
–
A esto le hace falta música – dijo Alex animado, de seguro estaba
borracho.
Partió
hasta el radio y lo encendió, dejó música electrónica, le subió el volumen y la
fiesta comenzó mientras el francés y Nixie seguían preparando esa combinación
que nos borraría la memoria en poco tiempo. Ver a los chicos bailar me motivaba
a disfrutar, mientras los otros dos tomaban botella tras botella y cantaban,
Alex subió a mi mesa de centro, se quitó la remera y la meneaba por los aires
como un nudista en pleno show para una soltera. Podía sentir que los parlantes
de la radio estallarían, creía haber escuchado a algunos de los chicos que
estaban en la casa de Nixie gritar algo, como que le bajáramos el volumen o que
demonios, no lo recuerdo; pero nosotros no íbamos a obedecer, estábamos en
llamas.
La
segunda ronda de tragos estaba lista, y allí partimos otra vez para beber sin
parar, las voces de los chicos comenzaba a distorsionarse, a sonar graciosas y
las caras de todos comenzaban a tener gracia. Sí, yo ya estaba media borracha,
pero no era la única.
Luego
nos fuimos a bailar los cinco sobre los sofás, Nixie le arrebató la camiseta a
Andréu y lo dejó igual que a Alex, quien estaba más animado que cualquiera, yo
y mi hermana nos quitamos las botas y nos subimos al sofá para saltar y gritar
las canciones que sonaban, aunque en verdad nunca la habíamos escuchado, la
cosa era gritar. Lu permanecía bailando sola con una botella en la mano,
despeinada como en uno de esos videos de Gloria Trevi, era divertido mirarla,
pero seguía consciente, eso era lo importante.
–
El amor ¡el amor! – gritó Andréu.
Eso
nos hizo reír mucho ¿A que demonios se refería? Pues ni idea, pero le seguimos
la corriente. En eso, apareció una canción bien conocida en la emisora y nos
motivó a todos a movernos más. El francés no perdió el tiempo y tomó a Nixie
por la cintura y la tomó entre sus brazos para besarla y acariciarla como a
ellos les gustaba demostrarse su extraño amor; era gracioso, Andréu mide casi
dos metros y ella es tan pequeña como un llavero… con Alex moríamos de risa. Lu
ya no podía ni hablar, luego del tercer trago parecía un alma divagando en la
vida, no tenía rumbo y se sentó en un sofá con la botella de whiskey en la mano,
siendo que no quería beber más.
–
Hagamos de esto algo mejor – sonreí mirando a Alex.
–
¿Qué tienes en mente?
Sonreí
y lo golpeé con una almohada del sofá, él ya había captado mi idea. Tomamos el
resto de las almohadas y azotamos a los dos que estaban besándose, también a Lu
quien no entendía que estaba pasando.
Esa
noche fue larga, para variar habían botellas de licor por gran parte de la
cocina y el comedor de mi casa; los chicos se habían dormido en el sofá, Alex
fue el ultimo en dormirse y el que se encargó de arroparnos con una manta que
tomó de mi cuarto, apagó la radio y las luces para que nos relajáramos un poco.
A la mañana siguiente el mejor recuerdo de todos fue una linda resaca que
tuvimos que disimular en la presentación de los diplomas de honor en la escuela
de Rochelle y Cristal, todos nos presentamos con nuestros mejores rostros…
Aparqué
el coche cerca de las diez en la casa de Sean, había pasado la tarde en la
disquera con Jackson arreglando los asuntos del final de la gira que terminó
por motivos ya conocidos. Me abrió Teresa muy sonriente, dejándome pasar y
maravillarme con el talento de las niñas más lindas que mis ojos habían visto.
“Los ángeles han caído bajo un
manto en que solo nos desespera. Quisieras poder arrepentirte pero sabes que ya
no hay paso atrás, solo una voz se escucha. Yo no la oigo. ¿Será que ya todo ha
acabado…? ¡Dime ya! No quiero rodeos, acércate otra vez y explícame bien ¡Dime
ya! Que todo esto es una jodida pesadilla…”
–
Pero miren nada más – aplaudí asombrada.
–
Hola mamá – sonreía Rochelle.
–
Hola tía – decía Cristal.
Sean
sonrió y se acercó a saludarme. Aquí en pleno living de la casa estaba la
batería que Nixie tocaba para relajarse, las guitarras que le regaló a su hija,
el bajo que nunca usaba y aquel micrófono añejado de los bares de los 70’s, era
como un escenario especial…
–
¿Te ha gustado lo que escuchaste? – sonrió el rubio.
–
Me ha encantado ¿Quién la escribió, tú? – miré a Cristal.
Ella
asintió. Y mi emoción afloró una vez más, era una copia en miniatura de su madre,
ella se había encargado de enseñarle bien lo que a ella nunca le enseñaron, de
lo que tanto la privaron. Su magia en la batería era una marca personal, su
talento en la guitarra un regalo tras mucho esfuerzo y su voz un arma, la cual
sabía manejar bastante bien. Cristal tenía todo ese talento, hasta sabía tocar
el piano. Junto con Rochelle, tomaron una guitarra cada una y se pusieron a
tocar una canción que compusieron esa misma tarde, con la voz de Cristal como
guía, lo que me hizo llorar…
Los
recuerdos aparecían en mi cabeza, la vida nos presentaba una vez más la
oportunidad de repetir la hermosa historia que se escribió con sangre, amor y
música, parecía mentira, una broma linda pero de mal gusto. La única diferencia
entre estas dos niñas y sus madres, es que ellas eran rubias de ojos azules,
siendo sus madres con cabellos raros y ojos oscuros, porque sí tenían nuestros
rostros, nuestras risas y hasta las mismas voces.
“Trato una y otra vez de
comprender lo que la vida tiene para darme.
A veces te quita más de lo que
te da, te hiere más de lo que te hace sentir bien.
Realmente no sé si estoy
preparada para afrontar al mundo, soy como un gatito abandonado en la orilla de
la carretera en plena tormenta…
Pude tantas veces salir
adelante con ayuda de una tortuga que apareció entre la hierba, pero que un día
cualquiera una gran camioneta arrolló, entonces tuve que salir y mojarme bajo
la lluvia.
Hay algo que no me permite
afrontar la realidad, diciendo que no sentir es mucho mejor.
Creo que ya nada tiene un sentido,
que todo sucede al azar.
Que tus ojos mienten, que tu
voz me lastima cada vez que dices que todo estará bien… ¡Patrañas!
Tú sabes que eso no es cierto…
Realmente no sé si estoy
preparada para afrontar al mundo, soy como un gatito abandonado en la orilla de
la carretera en plena tormenta…
Pude tantas veces salir
adelante con ayuda de una tortuga que apareció entre la hierba, pero que un día
cualquiera una gran camioneta arrolló, entonces tuve que salir y mojarme bajo
la lluvia.
Las heridas sanan, pero siempre
habrá cicatrices que te condenarán toda la vida.
Si yo quisiera hubiera
desaparecido hace mucho tiempo, solo estoy aquí para demostrarte que la vida no
es tan justa como todos te hacen creer.
Duele de verdad no obtener
siempre lo que quieres.”
–
Esto suena tanto…
–
A mi madre – dijo con orgullo.
La
miré sorprendida. No sabía si tomarme eso a bien o para mal, apenas tenía 16
años, ella no podía despreciar la vida tanto como lo hizo su madre, ella estaba
vieja, sabía lo que pasaría tarde o temprano, tuvo que afrontar tantas cosas…
Cristal no podía quedarse con esa idea de la vida para siempre, me preocupaba
un poco el hecho de que tuviera la misma rapidez de su madre para escribir
canciones basadas en su dolor, pero no podía continuar así.
Había
que frenar un poco este vehículo, todo está bien, pero había que mejorar
algunas cosas, que estoy completamente segura que me costará más de lo que yo
creo; más que mal estamos tratando con la hija de la testaruda Nixie Bauer.
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