FECHA: 27 de Mayo, 2000.
LUGAR: Las Vegas.
NARRA: Tyler Connolly.
Las horas parecían
eternas, David me decía que debía estar tranquilo para que esta noche fuera
especial. Hoy daríamos un show en uno de los mejores casinos de Las Vegas,
según él hoy debutaríamos como una nueva banda y tendríamos éxito asegurado a
donde fuéramos. En verdad no sabía que creer, no podía dejar de pensar en que
eso no era cierto y que todos acabarían abucheándonos.
–
¡Quedan 30 jodidos minutos! – gritó Brad mirando el reloj.
–
Necesito un trago ¿puedo ir a la barra? – supliqué nervioso.
–
Ve,
pero no tardes tanto ¿de acuerdo? – me miró.
–
Descuida…
Entonces salí del
camerino, dejando la guitarra con los chicos y caminé tranquilo a la barra que
estaba llena de gente bebiendo y riendo, esperando el show y todas las cosas
que pasarían esta noche. Pedí un tequila y luego me bebí un gran vaso de ron
para calmar mis nervios, cuando de pronto una mujer en el otro extremo de la
barra llamó mi atención; me estaba observando desde hace un buen rato, de lo
que yo solo me había percatado recién.
La observé durante
unos segundos y ella volvió a impactar su mirada en mis ojos, sonrió levemente
y esquivó mis ojos; eso me puso nervioso, yo era tímido y no sabía lidiar con
estas situaciones. Perfectamente hubiera salido corriendo sin hacer nada, pero
sus ojos densamente maquillados me motivaron para acercarme y hablarle… ni idea
de qué, pero debía hablarle.
–
Hola – sonreí ofreciéndole un beso en su mano.
–
Hola – dijo un poco tímida, genial, no era el único.
–
¿Te
invito algo? – dije sin saber que decir.
–
No
gracias, estoy bien – sonrió un poco.
Perfecto. La
conversación había acabado, ya no sabía que decirle… si hubiera aceptado todo
saldría bien, pero como no fue el caso, todo se derrumbó.
–
¿Tú tocas esta noche, no?
–
Si – dije sonriente, ella no dejó que me fuera.
–
Genial, ¿eres el guitarrista?
–
Si, quieren que sea yo el que cante… pero soy muy tímido para pararme
frente al micrófono y animar al público…
–
Te iría
bien si te decidieras por ello – sonrió un poco.
–
¿Por
qué lo dices?
–
Pues
llamas la atención de las chicas, eso jugaría a tu favor.
Sus oscuros ojos me
cautivaron, su sonrisa frágil llamaba mi atención aún más. De vez en cuando sus
ojos miraban a otro lado para no chocar con los míos, pero de que estaban
pasando cosas aquí estaban pasando, oh
si.
Ella me hizo
sonreír y cuando estaba a punto de preguntarle otra cosa, los gritos de David
me avisaron de que el show estaba a punto de comenzar y debía subir al
escenario.
–
¿Estarás más tarde? – dije acelerado, mirándola.
–
Claro, no tengo algún otro panorama… ve a dar el show, yo estaré
mirando desde aquí – sonrió.
–
Está
bien – sonreí como un idiota – Nos vemos luego, madame.
–
Suerte
– alzó un poco la voz.
Alcancé a escuchar
eso y seguí caminando hasta donde David me llamaba, tenía una felicidad tonta
de la cual mi amigo y compañero se dio cuenta y comenzó a fastidiarme. Entre
risas y nerviosismo subimos al escenario luego de que nos presentaran, Sam se
paró frente al micrófono y dimos por iniciado el show. Mis manos en la guitarra
hacían lo suyo, aunque permanecía nervioso al saber que aquella mujer de verdad
me estaba mirando, pude verla desde el pequeño escenario, estaba con otras
chicas que al parecer eran sus amigas. Daba la impresión de que ellas querían
irse y llevársela, pero ella se negó entre risas y miradas hacia el escenario;
lo que me dio más confianza para dar un buen espectáculo.
Entregamos lo mejor
de nosotros cuatro parados allí, tocando buena música proveniente de Canadá;
conseguimos este show gracias a los contactos de David, él conocía a gente
importante dentro de este comercio y solo uno nos dio la oportunidad de tocar
aquí en Las Vegas, en uno de los mejores casinos y hoteles de la ciudad del
vicio.
Acabamos a eso de
las dos de la mañana, siendo bien recibidos por el público, entre aplausos y
alabanzas que nos venían muy bien, eso me hizo sentir más seguro. El anfitrión
nos despidió del escenario y partimos a camerinos para descansar.
–
¿Vieron?
No fue tan malo como pensaban – rió David.
–
No pude
estar calmado hasta la quinta canción – reí.
–
Somos
geniales, después de esta noche seremos famosos – dijo Sam.
–
Ya
cállate – sonreí y me fui de allí.
Fui a la barra y
busqué con la mirada a aquella chica, no la encontré y eso comenzó a machacarme
la cabeza, hasta que de pronto entre la gente veo un pequeño cuerpo de mujer
caminando hacia la barra. Arreglé mi cabello con una mano y volví a sonreír.
–
Felicidades
– me abrazó – Fue un gran show.
–
¿Te
gustó?
–
Son muy
buenos, aunque el vocalista no tenía buena voz – levantó las cejas – Tal vez tú
lo harías mejor…
–
Quien
sabe – sonreí como idiota, otra vez.
Seguimos charlando
sobre el show, luego ya nos fuimos a temas más interesantes como nuestros
nombres, la edad, de donde veníamos y a qué nos dedicamos. Para mi suerte
ninguno era de aquí, eso significaba libertad pura. Era la baterista de una
banda que hace poco había comenzado en Finlandia, estaban de paso aquí para
divertirse luego de la primera gira por Estados Unidos, lo que llamó mi atención.
Su nombre sonaba a actriz, hasta que me dijo su verdadero nombre: Constanza Proust. Era lindo, pero ella
prefería usar un seudónimo que le daba un toque extranjero… de todos modos no
la llamé Nixie en ningún momento.
Cuando eran cerca
de las cuatro de la mañana y habíamos charlado demasiado, entre risas golpeó mi
vaso y me lo arrojó encima, me mojé toda la camiseta y olía a whiskey caro.
Ella se puso nerviosa al vernos en esa situación.
–
Oh por
dios, lo siento tanto – se puso de pie.
–
Tranquila,
puedo ir a cambiarme, mi cuarto está en una de las suites de arriba – sonreí.
–
¿Seguro?
¿Quieres que te acompañe…? – dijo dulcemente preocupada.
Sonreí y quedé
asombrado con su petición, pero no me negué, no, claro que no. Entonces nos fuimos del casino y mientras íbamos
caminando nuestras manos chocaron variadas veces hasta que me decidí y tomé su
mano, provocando que en su rostro una sonrisa tierna me cautivara aún más.
Hablamos hasta
llegar al cuarto, ella se asombró con lo lujoso que era, habían más cuartos ya
que éramos cuatro integrantes de la banda “Furious”, la llevé hasta mi cuarto y
se sentó en la cama, mirando mientras como me quitaba la camiseta mojada con
whiskey, ella miraba para todas partes, se sentía intimidada con un hombre
semidesnudo.
Eso me hizo reír un
poco, pero no lo hice notar, entonces lancé la camiseta hacia un rincón del
cuarto y me senté junto a ella en silencio, me miró la boca y luego volvió sus
ojos oscuros a los míos. Ya no podía
resistirme a ella…
Tomé su mentón con
cuidado y la besé superficialmente, no quería ser grosero ni tampoco un
pervertido, pero la manera en que ella actuaba me obligaba a ser así con ella.
Me separé pensando que no estaba haciendo lo correcto con una mujer tan frágil,
pero entonces respondió y volvió a besarme, esta vez con pasión y cuidado. Ya
era definitivo, esta noche sería alocada… tal vez sería mi primera noche con
una desconocida que no volvería a ver nunca más.
Seguimos
besándonos, mientras ella se apegó a mí como en un abrazo, con cuidado quité su
campera de algodón y comenzó a respirar nerviosa, lo que me dejó a mí el
control de todo lo que pasara esta noche. Acaricié sus cabellos mientras ella
hacía lo mismo, me quité los zapatos solo utilizando los pies, ella hizo lo
mismo y la recosté en la gran cama para ponerme sobre ella y seguir besándola.
Le quité la remera y luego sus jeans, me quité mis pantalones y ambos
permanecimos sobre la cama acariciándonos semidesnudos.
–
Tal vez
no te guste lo que veas – dijo antes de quitarle el corpiño.
–
¿Por
qué lo dices? – me extrañé.
–
No
tengo un cuerpo perfecto… – dijo apenada.
–
Eres
hermosa, no digas eso… – la callé con un beso.
Se refería
plenamente a sus pechos, no eran grandes y eso tal vez no le gustaba, pero eran
armoniosos… tenían su forma y eran suaves, pequeños sí, pero eran lindos; y en
verdad nunca me importó eso en las mujeres, solo me preocupaba que fueran
buenas personas.
Así ella se sintió
más segura y pudimos proseguir con lo nuestro, quité su ropa interior por
completo y ella arrancó la mía mientras seguíamos besándonos, su cuerpo estaba
tan cálido que no quería dejar de tocarla. Ella sobre mí y sus pechos sobre el
mío, dimos inicio al acto que marcaría esta noche… Movía sus caderas para darme
placer lentamente, gemía casi en silencio para no parecer exagerada, hasta que
yo comencé a hacer lo mismo mientras besaba su cuello y su pasión fue desatada.
El movimiento de su
cuerpo me incitaba a más mientras comenzaba a elevar el tono de sus gemidos, su
respiración era candente y mis manos no dejaban de tocarla, aprecié cada
centímetro cuadrado de su pequeño cuerpo, de su cintura pequeña, de sus piernas
y brazos delgados, su trasero tan bien formado… tenía un cuerpo maravilloso.
Acabamos casi dos
horas después de iniciado el acto, ambos agotados y sorprendidos con todo lo
que había pasado, ella se durmió junto a mí, la protegí con mi brazo por sobre
sus brazos mientras permanecía acurrucada a mí, la cubrí con las sábanas y me
dormí con una felicidad extraña.
Unas risas a eso de
las 7.20 de la mañana me despertaron, con cuidado me levanté y me puse los
boxers para ir a ver, cuando salí del cuarto me di cuenta que eran los chicos
que venían recién llegando de su parranda; los regañé por el ruido y ellos
sospecharon, como son curiosos y no tontos fueron y abrieron un poco la puerta
de mi cuarto y vieron a la chica allí durmiendo.
–
¡Hombre!
– gritó Sam.
–
Baja la
voz idiota.
–
Veo que
no has perdido oportunidad esta noche – rió David
–
Váyanse
a dormir ¿vale? – reí sin querer responderles.
Siguieron
molestándome un buen rato hasta que se hartaron y se marcharon a sus cuartos,
yo volví a la cama, me acurruqué nuevamente junto a ella y me dormí. Hasta que
a eso del medio día desperté con una bandeja de desayuno junto a mí, la cama
estaba vacía y no veía a la chica; ciertamente pensé que se había largado por
culpa de los chicos, pero entró a la habitación con una de mis remeras y su
cabello largo a los costados, con una sonrisa que me hizo comenzar bien el día.
–
Buenos días – sonreía.
–
Pensé
que te habías ido…
Se recostó junto a
mí y desayunamos juntos; vimos televisión y su teléfono sonó, respondió y
cuando cortó me contó que sus amigas la estaban buscando porque debían
marcharse al aeropuerto y volver a Finlandia, lo que me dejó un poco desganado.
Me dio su número y yo le di el mío, nos besamos con pasión luego del desayuno,
podía sentir que con ella tenía una confianza extraña pero linda.
Nos vestimos
rápidos y la fui a dejar al taxi que pedí para ella, la vi marcharse y en mi
interior quedó una sensación de vacío extremo, como si hubiera dejado irse a
una parte de mí. Volví arriba y los chicos volvieron a molestarme, diciendo que
era una chica sensual, que era muy pequeña para mí, etcétera; a ellos les
gustaba fastidiarme por alguna u otra cosa.
El tiempo pasó,
seguimos dando shows aquí en Las Vegas hasta Agosto del mismo año, y luego
decidimos volver a Canadá para prepararnos para una posible gira que daríamos a
lo largo de Estados Unidos, pero nada era seguro, Sam quería irse de la banda y
sin vocalista nada tendría sentido.
FECHA: 7 de Septiembre,
2000.
LUGAR: Canadá.
La mañana de aquel
jueves el teléfono había sonado toda la mañana y yo nunca me di el tiempo de
levantarme para contestar, me metí al baño y me di una ducha larga, tenía la
resaca de la noche anterior, me afeité como era costumbre y me vestí para salir
a comprar mercadería para la semana. Pero antes de que pudiera tomar las llaves
del auto mi celular volvió a sonar: número
desconocido.
–
¿Hola…?
–
¿Tyler? – dijo una voz
–
Si,
¿Quién habla?
–
Soy Nixie, necesito verte… Estoy en el
parque Glenn ¿puedes venir?
–
¿Nixie…?
– me extrañé.
–
¿Puedes venir? – suplicó.
–
Está
bien Connie, voy camino para allá – corté aún asombrado.
Pensé largo rato,
aunque nada en mi cabeza tenía sentido decidí tomar las llaves, guardé el
teléfono en mi pantalón y salí de casa, subí al auto y conduje hasta el inmenso
parque… sería todo un acertijo encontrarla en semejante lugar, pero daba igual,
podía hacerlo. Además, quería verla después de tanto tiempo.
Llegué, caminé
varios minutos buscándola, hasta que mis ojos se toparon a la lejanía con la
figura de una mujer con cabello anaranjado y unos ojos espesamente maquillados
con sombra negra, al fin la había encontrado. Caminé hasta ella, se percató de
mi presencia y sonrió lastimada, yo estaba feliz de verla pero al parecer ella
no pensaba igual.
–
Hola –
sonreí ampliamente al abrazarla.
–
Lamento
haber venido sin avisarte – me apretó con fuerza.
–
No
digas eso, hace mucho tiempo que no te veía, esto es una maravillosa sorpresa –
besé su frente.
Me miró apenada una
vez más, algo le pasaba y ya la veía diferente a la última vez. Noté que había
crecido un poco, que su cuerpo ya tenía más masa, sus pechos estaban suculentos
y sus curvas eran más hermosas de las que tenía la última vez. Tomó mi mano y
la puso en su vientre, ya imaginaba a lo que iba eso…
–
Tendremos
un hijo Tyler – sus ojos se pusieron llorosos.
No sabía que decir,
estaba absolutamente sorprendido, me quedé con la boca abierta al sentir su
pelvis un tanto elevada, ahora comprendía su venida, su cambio físico y también
su actuar tan apenado…
–
¿De
verdad? – dije sin poder creerlo.
–
Tengo
tres meses y medio…
–
Oh por
dios…
–
Sabía
que no debía venir, lamento hacerte perder tu tiempo – dijo eso y se dio media
vuelta.
Entonces reaccioné,
sé como se sentía, mi madre había sido madre soltera antes de haberse casado
con el padre de mis hermanos. Corrí tras ella los pocos metros que había
caminado y la besé, tomé su rostro e impacté nuestros labios mientras ella
lloraba, luego la abracé y la acurruqué contra mi pecho; pese a que su cuerpo
había demostrado un gran cambio seguía siendo más baja que yo.
–
Es una
maravillosa noticia… – sonreí mientras la abrazaba.
–
Pensé
que…
–
No
digas nada, ahora iremos a casa y prepararemos todo, iremos de compras y te
vendrás a vivir conmigo ¿De acuerdo? Ese bebé tendrá un hogar – la calmé.
–
¿Lo
dices en serio? – me miró extrañada.
–
Claro
que si, no vas a malgastar un viaje tan largo desde Finlandia para que yo te
diga que no te conozco, yo no soy de esos – la besé mientras ella sonreía.
Volví a casa, pero
esta vez acompañado de su presencia, le mostré mi casa y se sintió cómoda. Me
relató la historia que tuvo que inventarles a sus compañeros de banda para
dejarla temporalmente, ya que no quería decirles que estaba embarazada, su
carrera estaba recién comenzando y eso le complicaba todo más de lo debido;
tuvo que mentir bien para dejar Finlandia, más aún sola, ya que sus amigas
querían venir con ella al ‘encuentro personal’ que estaba tomando en Hawai, en
una embarcación que ni siquiera existía.
Vivimos juntos todo
el tiempo, permanecí con ella todo el embarazo, ya que era su primer bebé era
complicado, más aún por su contextura, era delgada y angosta, podía sufrir
problemas a las caderas si no se cuidaba, ya que el bebé sería un varón grande
y sano, al menos hasta que cumplió los siete meses y medio. El doctor nos dijo
que por los problemas que estaba teniendo el bebé podía nacer antes, por ende
sería prematuro. Aquello nos
mantenía ansiosos pero preocupados, era el primer hijo para ambos y no queríamos
que nada saliera mal.
Los chicos de la
banda que habíamos fundado hace unos meses atrás la conocieron y convivieron
con nosotros, Connie era parte de la familia, cada vez se sentía mejor y no
complicaba las cosas.
FECHA: 28 de Enero, 2001.
LUGAR: Canadá.
Comenzó con dolores
terribles, sus gritos me asustaron bastante. Me pidió que la llevara a la
clínica, dijo que la hora había llegado… Entonces preparé todo, un bolso con
sus cosas, una manta y nos fuimos. La subí al auto con cuidado y aceleré lo más
que pude, el tráfico estaba bien así que no hubo complicaciones para llegar.
Entramos a urgencias, la llevaron a pabellón y comenzaron a conectarla a esas
máquinas de la presión, me dieron un traje y comencé a filmar como un padre
emocionado, al fin nacería mi hijo.
Le abrieron la
pelvis y por medio de cesárea nació el pequeño Matthew, gritando y pataleando
como cualquier bebé, ella lloraba de alegría cuando se lo pusieron en el pecho,
yo no podía creer lo que veía, era una hermosa imagen que jamás borraría de mi
mente.
Limpiaron al bebé y
llevaron a la madre a su habitación, llamé a mis amigos y les dije que había
sido padre, ellos aparecieron en la clínica en unos minutos, trajeron flores,
globos y adornitos para Connie y el bebé; cuando entramos al cuarto su sonrisa
era hermosa, resaltaba en su rostro pálido y cansado, era la madre más hermosa
que había visto en mi vida.
Me acerqué a ella y
la besé, aún estaba emocionada al igual que yo, comenzó a amamantar al pequeño
mientras los chicos le preguntaban estupideces, ella sonreía cansada, me
imagino como debe haberse sentido. Matthew Connolly midió 50 centímetros, era
un gran pequeño.
–
Es
bellísimo – dije mirando al bebé.
–
Mira,
se parece a ti – sonrió ella.
–
No, se
parece a ti, mírale sus ojitos – sonreí emocionado.
–
¿Quieres
cargarlo?
–
¿Y si
se cae? – reí
Ella me miró riendo
y lo tomé entre mis brazos, le hablé dulcemente mientras él comenzaba a
dormirse, lo mecí con cuidado hasta que una enfermera entró en la sala y dijo
que la hora de visitas había acabado, la madre debía descansar y al bebé debían
arreglarlo.
Con los chicos nos
fuimos de allí, felices con la llegada de un nuevo miembro a la familia. Dean
me dijo que ahora debía pedirle matrimonio a Connie y todo estaría bien, pero
era muy pronto para eso, mi vida recién comenzaba y a ella tampoco le gustaba
la idea de casarse tan joven, en eso estábamos de acuerdo. En realidad no sabía
que pensar, solo el tiempo sabría lo que vendría, yo no pensaba mucho en el
futuro, solo aprovechaba de vivir el presente y de la mejor forma posible.
Los días siguieron
avanzando y la tensión comenzó a aparecer entre nosotros. Connie quería dar en
adopción a Matthew porque ella quería volver a trabajar, pero no quería dejarlo
solo; decía que cargar con un hijo tan joven era terrible más aún siendo una
persona que viaja de país en país por temporadas cortas, largas, las que sean.
Hubo conflictos feos, peleas duras y de verdad ya no sé si podríamos seguir con
esta relación.
Nuestro hijo estaba
creciendo bien, sano y con mucha vitalidad. Su desarrollo estaba estupendo para
haber nacido con 8 meses de gestación, me daba alegría verlo tan bien. Era lo
único que me mantenía bien.
Con el avanzar el
tiempo, ya habíamos llegado a marzo, y la idea de la adopción de Matthew seguía
latente en la cabeza de mi pareja; según ella debía volver a Finlandia lo antes
posible y no quería llevarse al niño para prevenir enfermedades y todo ese tipo
de cosas, yo en verdad ya me estaba hartando un poco de esto… pese a todo cada
día quería más a esa mujer, tenía algo que me hacía perdonarle todo.
FECHA: 30 de Marzo, 2001.
LUGAR: Canadá.
La mañana de ese
día había sido terrible. Desperté de una noche apasionada con mi mujer, me
sentía agotado pero debía levantarme para darle arrimo a Matthew que lloraba
con desesperación. Llegué a su cuna y lo mecí hasta que se calmó.
–
¿Qué
pasa hombrecito? – lo miré mientras abría y cerraba su boca – Vuelve a dormir,
ya te daré tu comida – sonreí.
Entonces lo dejé en
su cuna otra vez, ahora estaba calmado y bajé a la cocina para preparar el
desayuno, y me percaté de que había un silencio horrible, como si algo faltase;
cuando llegué a la mesa, junto al florero del centro había una carta.
“Lamento que te encontraras con esto, yo te lo dije
muchas veces… pero me cansé de repetirlo, ya no querías escucharme. Llegué
hasta estas instancias porque aún la vida me depara muchas cosas Tyler, en
verdad me duele demasiado tener que dejarte solo con el pequeño Matthew, te di
la opción de dejarlo en manos de una familia que podrá entregarle más que
nosotros, pero si no quieres hacerlo… tendrás que cuidarlo solo, al menos hasta
que yo me estabilice y pueda volver con ustedes. Se supone que a estas horas
estaré en un avión con rumbo a Finlandia para volver con mi gente y enfrentarme
con cosas que debieron haber pasado por estos casi 7 meses de mi ausencia.
Prometo volver querido, no dejaré que el niño no sepa quien es su madre, pero
solo te pido que guardes esto como un secreto, diles a los chicos de tu banda
que también lo hagan… no quiero que se expanda el rumor de que abandoné a mi
hijo, porque tú sabes lo que me pasa.
Espero que comprendas, lo lamento en serio. Tal vez nos
veamos antes de lo que imaginas Tyler. No olvides que te quiero, gracias por
todo.
Hasta entonces...”
No creí que lo
hiciera… en verdad no pensé que sería capaz de dejarme solo con una pequeña
criatura. Arrugué la nota y la tiré a la basura, estaba muy enojado. Golpeé la
mesa con todas mis fuerzas y me herí el puño; volví a nuestro cuarto y miré el
armario, estaba vacío, me senté en el borde de la cama, tomé mi cabeza con mis
manos, apoyé mis codos en mis rodillas y me largué a llorar por la
desesperación.
Me sentí abatido,
herido y más que nada solo. Es duro tener que enfrentar situaciones como éstas,
más aún cuando es la madre quien deja al hijo en manos de un hombre que poco
sabe sobre criar. Ahora el desafío era mantenerme a flote, seguir adelante y
demostrar que valía la pena conservar al pequeño bajo mis cuidados; la idea de
la adopción jamás me gustó y nunca la tomaría en cuenta.
Hablé con los
chicos y prometieron guardar silencio absoluto sobre aquello. Si ella no
decidía volver, pues nadie se enteraría quien era la madre de mi hijo, prefería
quedar como padre soltero… a que como un hombre abandonado.
Con el transcurso
del tiempo, la fama de ella aparecía por todas partes y me sentía realmente
orgulloso de sus logros, esporádicamente aparecía en mi casa para visitar a
Matthew, ponerme al día con su vida y más que nada para que el niño fuese parte
de su vida. Nuestra relación era como de padres separados, pero con una amistad
linda.
Me enteré de su
primer embarazo cuando formó su banda llamada Nevinger, sentí impotencia
cuando declaró públicamente su maternidad, pero solo lo hizo porque el padre no
estaba con ella, solo por eso lo acepté con resignación, ya que mi hijo también
merecía ser públicamente conocido como el hijo de la gran Nixie Bauer.
Pero que más da, me
siento orgulloso de todo lo que viví con mi hijo, y que él supiera antes que
nada quien era su madre, para que no creciera pensando que su madre había
muerto o algo parecido. Él era feliz y eso me mantenía tranquilo. Más que mal
Connie siempre venía para su cumpleaños, siempre lo llamaba, al menos una vez
por semana; venía a visitarlo siempre que podía… tenían una relación
relativamente normal como madre e hijo, solo que nadie sabía que él era su
hijo. Solo mis amigos más cercanos conocían la historia y un par de amigos de
ella, nadie más conocía nuestro pasado.
Con el tiempo, en
el 2002, mi banda fue tomando nuevos rumbos, los miembros nos separamos unos
días y decidimos comenzar con un nuevo proyecto pero esta vez con otro nombre: Theory Of a Deadman. Yo sería el
vocalista y guitarrista, Sam comenzó con sus proyectos al otro lado del país y
David, Dean y otros sujetos me acompañaron con esta nueva banda. Al fin se
cumplía mi sueño.
FECHA: 2 de Marzo, 2018.
LUGAR: Los Ángeles.
Cómo toda banda,
nos mudamos. California era el lugar que nos había estado llamando desde el
2010, y pues allí nos erradicamos, eso me dejaba tiempo para que Matthew
compartiera con su madre y llevara una vida normal con escuela y amigos.
Incluso, cuando Connie lanzó su carrera de solista, ella pidió que nuestro
pequeño participara en los vídeos de sus canciones, claro… nadie sabía quién
era él. Además, todos creían que esas canciones eran de amor a alguien, y pues
era así, solo que no era amor de pareja, si no que amor de madre a hijo. Bueno,
no en todas las canciones, pero la gran mayoría era de arrepentimiento tras
aquel suceso.
Aquella mañana del
2 de marzo, Matthew llegó corriendo a mi cuarto, yo estaba con mi esposa… él se
derrumbó entre mis brazos y se largó a llorar. Yo no comprendí absolutamente
nada, entonces encendió el televisor y se me cayó la cara.
“Nixie Bauer ha muerto
en pleno escenario, dando un concierto en Paris (…)”
No podía creerlo,
era una noticia terrible, tanto para mi hijo, como para mí; más que mal aún le
tenía cariño a esa mujer.
Averigüé bien con
mis conocidos, y todo era cierto. Me comuniqué con el vocalista de Metallica
quien me conocía desde que ocurrió todo y él me explicó lo sucedido, me dio las
fechas de su velatorio y su funeral.
Asistí como una
persona más, mi hijo se acercó al ataúd con un dolor tremendo, hablé con James
y me dijo que había una carta para nosotros, era algo especial ya que había
excluido a Matthew de su testamento original, el cual sería leído esa tarde en
su casa.
Nos quedamos al
funeral, pude apreciar a todos los hijos que ella crió, miré a su exmarido, a
sus exparejas, a sus amigos, a sus compañeros. Me puse a pensar que pasaría si
ellos supieran quien era yo, sería algo raro, pero no era el momento.
Nos marchamos a
casa con una tristeza horrible, Matthew leyó la carta y yo la mía. Sus palabras
eran hermosas, eran dulces y delicadas aunque eran lamentables; me sentí
pésimo, la trate mal en ocasiones por todo lo que hacía y las actitudes que
tomaba frente a diferentes situaciones, pero ya era parte del pasado. Me
arrepentí de muchas cosas que no le dije, que no hice y que siendo sincero
haría en ese preciso momento, sin importar las consecuencias…
Entonces, Matthew
se puso feliz cuando me dijo que su madre habló sobre él en su último libro
biografía, el cual sería sacado al comercio dentro de un año ¿Por qué tan
lejana la fecha? Pues ni idea, pero al menos parecía que aclararía la
existencia de nuestro hijo frente a unas páginas que sin duda mucha gente
leería. Eso me hizo sentir mejor.
–
Mamá
era una gran mujer – sonreía.
–
Claro
que lo era…
–
Me
hubiera gustado que nosotros fuéramos una familia completa.
–
Lo
éramos – sonreí apenado.
–
Pero no
vivíamos juntos, a eso me refiero…
–
La vida
quiso otra cosa hijo – lo abracé.
Sé como se sentía,
era terrible, pero… todo pasa por algo.
Los meses pasaron
volando, en la prensa salieron titulares sobre problemas que tenía Nevinger con
su continuidad, ya que al parecer la hija mayor de Connie la precedería en el
cargo, pero aún era menor y no podrían salir de gira o algo por el estilo. Eso
me mantuvo inquieto, más aún al saber que el viudo de ella estaba solo a cargo
de los seis hijos que juntos habían criado, siendo solo dos de su matrimonio.
FECHA: Hoy.
LUGAR: Los Ángeles,
California.
Aguanté un poco
más, y cuando se cumplía el tercer aniversario de la muerte de Nixie Bauer,
Matthew me dijo que ya era hora de que todos supieran la verdad. Él ya era un
adulto con 19 años, debía conocer a sus hermanos, saber donde vivía su madre y
reclamar lo que le pertenecía por derecho: pertenecer
a la familia.
Dudé mucho en
hacerlo, pero no podía negarme, estaba en todo su derecho al pedirme aquello,
así que tomé el valor y partí a la casa donde antes vivía. Matthew se quedó en
el auto esperando la señal, yo fui a la puerta a desafiar al destino. Me
encontré con su antigua banda, nadie sabía quien era, la rubia hija era igual a
ella cuando la conocí, solo que en una versión más rubia y ojos azules.
Me hicieron muchas
preguntas, les relaté todo lo sucedido, nadie podía creer lo que yo decía,
parecía mentira… y solo les quedaba ver la prueba viviente de ello.
–
Les
mostraré que es la verdad – dije serio.
–
Más te
vale que sea verdad – dijo el más alto, con el seño fruncido.
Me puse de pie,
abrí la puerta y le hice una señal a mi hijo para que viniera, asintió
nervioso, arregló un poco su cabello y apareció en la casa, logrando que la
pequeña rubia se pusiera a llorar con la boca abierta, los demás se miraron
asombrados, en verdad nadie quería creerlo. Matthew se parecía mucho a su
madre, sus ojos eran tan oscuros como los de ella, su forma también, tenía esa
mirada intimidante, y claro, también su actitud.
NARRA: Mischa Bauer.
Nadie podía
entenderlo, cada día pasaban cosas más raras. El sujeto que apareció quien sabe
de donde venía con tamaña sorpresa, las que nos descolocó a todos… Caí
asombrada al sofá, me senté y me tomé la cabeza mientras comenzaba a recordar
todas las mentiras que Nixie decía para escaparse quien sabía donde algunos
días, dejándome a cargo de los niños, de la banda… Ahora todo tenía sentido,
podía comprender cada mentira que ella me dijo.
–
Por eso
demoró tanto cuando se fue de la gira – dije – Dijo que debía relajarse… estaba
tan tensa que debía irse a un crucero que la haría mejorar – dije negando con
la cabeza.
–
Mintió
todo el tiempo – dijo Tyler – A mi me asombró al verla con mejor cuerpo, la
recordaba tan pequeña… que cuando la vi con aquellas curvas fue asombroso.
–
Ella me
dijo que había estado en terapia y había subido unos kilos… – cerré los ojos -
¡Mierda! – grité.
Todos me miraban,
pero yo en el fondo estaba odiando más a James, porque él sabía todo esto y
nunca dijo nada, ni siquiera en el funeral de Nixie, hubiera sido bueno
habernos enterado al menos aquel día, no ahora que ya habían pasado más de tres
años.
Entonces la duda
comenzó a picarnos a todos, claramente Cristal era la más afectada, ella podía
perder autoridad ya que no era la mayor, pero eso no debía importarle, le
afectó de la peor manera.
–
Lo más
seguro es hacer una prueba de ADN – dijo entre dientes. Mirando fijo al chico.
–
Hagámoslo,
no tengo nada que ocultar – le dijo él mirándola de la misma forma.
Esas miradas no
eran buenas, las conocía… me hacían recordar a su difunta madre, era obvio que
era su hijo, aunque se parecía mucho también a Tyler. Entre los dos comenzaría
una disputa, ya la veía venir… solo espero que alguien permanezca atento para
prevenir una nueva batalla, estábamos comenzando una era nueva, cualquier cosa
pequeña podía arruinarlo todo y eso no era para nada bueno.
Cristal se sentía
aterrada, lo sabía, no se habría puesto a la defensiva de no ser así, solo le
pido al alma de mi hermana en donde quiera que esté que nos ayude a calmar las
aguas que por su propia culpa
comenzaron a ponerse bravas.
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