sábado, 2 de junio de 2012

Chapter 91.



La tenue brisa abarcaba nuestros horizontes, la carta que escribía se hacía eterna, Sean me descubrió llorando frente al escritorio con pluma en mano y el maquillaje fuera de lugar. Hice lo posible para tranquilizarlo pero era inútil, pese a ello no dejé que leyera aquel memorándum que pronto sería fundamental para muchos.

        ¿Seguro que quieres que se grabe aquí? – dijo Lu.
        Preferiría Francia, además solo debemos esperar tres días… – sonreí.
        ¿Francia dices?
        Si, sería lindo grabar el concierto en Paris.
        Nada de eso, lo haremos en Troya, es mejor, además Paris será la última ciudad que visitaremos en Francia, hagámoslo en Troya, así será más intenso – decía Mischa mientras bebía.

Estábamos solo las tres chicas en un viejo restaurante de Londres, compartiendo nuestro último día en este lugar, recordando los shows que hemos dado y todo lo que nos ha sucedido aquí y allá… por todas partes. Era lindo compartir con mis amigas, me sentía realmente bien al verlas sonreír, escucharlas hablar incluso sentir sus miradas insinuando cosas; pasar el rato con ellas era lo mejor.

Las viejas calles de la ciudad me traían recuerdos, aunque nunca haya estado en este lugar más de tres días, era extraño… me provocaba sensaciones de anciana, como añorando viejos tiempos, los que nunca viví aquí, tal vez. Partimos con las chicas a una de esas grandes tiendas con largas trayectorias, debíamos comprarnos ropa de calidad, se dice entre músicos que Londres tiene la mejor ropa para gente de nuestro estilo y como es así, no podríamos quedarnos sin prendas.

Subimos a un taxi y nos llevó a dicha tienda, cuando ingresamos allí varios de los clientes que estaban nos reconocieron y se acercaron gritando emocionados para que nos tomasen una fotografía juntos o que les diéramos un autógrafo, lo hicimos de buena gana, nos halaga que la gente se sienta bien con nosotros. Luego de aquello partimos a la sección de mujeres y nos volvimos locas ¡Había mucha ropa genial! Sinceramente hubiéramos querido llevarnos todo, pero tampoco podíamos estar tan locas… sabíamos que jamás usaríamos todo lo que lleváramos, pero valía la pena comprar ropa por montones.

        Creo que antes de que salgamos de aquí nos quedaremos sin dinero – reía Mischa.
        Con lo impulsivas que son ustedes, yo creo que así será – rió Lu.
        Dejen de reclamar y pruébense esto – reí – ¡es hermoso!

Estábamos felices, nos sentíamos muy bien, parecíamos niñas en una tienda para muñecas, solo que las muñecas no eran aquellas cosas simples que nos conformaban cuando éramos pequeñas, sino que ahora todo era mejor…  y diferente. Salimos de allí con un montón de bolsas de compras, nos quedaba suficiente dinero para sobrevivir, pero falto poco para que la teoría de Sullivan se cumpliera.

Nos fuimos a un parque cercano al hotel en donde estábamos residiendo, Lu fumaba mientras que Mischa llamaba por teléfono a Ville para preguntar como estaban las cosas con los demás y yo mientras tanto me hipnotizaba con la imagen de un pequeño niño abrazando a su gran perro sobre el césped.

La forma en que lo acariciaba me provocaba envidia, anhelaba tanto volver a ser pequeña… sin tener que asumir riesgos innecesarios, volver a sonreír con el tan solo hecho de que alguien que estimo me sonría, necesitaba tanto volver a ver la simplicidad que la vida tiene para entregarnos. Creo que absoluta razón de que solo estoy perdiendo el tiempo aquí… ahora, siento que podría estar haciendo otras cosas que me harían sentir mejor, son tantos los errores que debería enmendar que ya no sé si tendría tiempo al menos de dormir.

Cuando las cosas parecían estar calmadas, a la lejanía apareció la figura de Corey con sus manos en los bolsillos de su abrigo negro abierto, con la mirada gacha… caminando hacía aquí. En ese momento quería que la tierra me tragara, que esto no fuera más que una ilusión, en realidad no quería enfrentarlo.

        Ah no…
        Calma – le dijo Lu a Mischa.
        Lo que me faltaba – bufé.
        Creo que… tienes que hablar con él Nixie, al menos para que dure la paz un tiempo en lo que queda de gira, ¿no lo crees?
        Lo haré – me rendí.
        Te dejaremos sola… te vigilaremos desde la banca de allá – apuntó lejos Mischa.
        Está bien, si ven que las cosas se complican… vengan a salvarme – reí bajito.
        Descuida – rieron.

Se levantaron ambas y me dejaron allí, sentada viendo la pileta del centro, como el agua salía desde su punta y caía abajo con cautela y sin parecer exagerada. La figura de Corey se cruzó en mi campo visual y tomó asiento junto a mí mirando al centro, sin decir absolutamente nada durante quizás… unos diez minutos. Era una situación incomoda en su totalidad.

        ¿Bueno…? – dije para romper el hielo.
        ¿Qué es lo que nos está pasando? – susurró.
        Todo parece que ha llegado a su fin…
        ¿Todo? – me miró.
        Quien sabe – abrí la duda – Ya nada parece normal, ni para mí… ni para ti.
        Nunca creí que esto llegaría a su fin, o tal vez sí, pero no de esta manera…
        Siempre supiste que las cosas no acabarían bien, desde el momento que decidiste acabar con nuestra relación a causa de esas cartas… desde aquel entonces las cosas nunca estuvieron bien – lo miré de costado.

El silencio volvió a aparecer, se mantuvo entre nosotros otros tantos minutos. En verdad parecía que todo entre nosotros había muerto, incluso aquella amistad que alguna vez existió, me sentía mal, porque era inevitable recordar los buenos momentos que pasé junto a este sujeto, pero también brillaban todas esas veces que me hizo daño como ningún otro hombre me hirió en toda mi vida.

        Lo siento – dijo apenado.
        ¿No crees que es un poco tarde para sentirlo?
        Nunca es tarde para nada… aún queda tiempo para que las cosas mejoren Nixie.
        Ya no creo en ello…
        ¿Por qué lo dices? – encogió sus ojos sin comprender.
        Te transformaste en lo que más odio Corey… tú sabes todo lo que viví y aún así te transformaste en el hombre que le cree a todo el mundo menos a quien tiene a su lado, te volviste un cobarde, le temiste a la vida al tener una familia con la que cargar, le mentías a tu propia hija… y para peor, sigues prefiriendo al resto antes que a los que de verdad te valoran – dije lentamente, fría.
        ¿Cómo tu padre? Nunca me di cuenta de ello… de verdad lo siento.
        Ya es tarde para disculpas, ya lo hiciste y no se puede retroceder el tiempo…
        ¿Cómo puedo arreglar las cosas entonces?
        No sé, en verdad tampoco me interesa… desde que no te veo, ni de que te hablo… mi vida ha ido mejorando cada vez un poco más – sonreí levemente.

Eso debió dolerle.

        ¿Ah si?
        Si, aunque no lo creas.
        Me alegro por ti – miró el suelo, haciendo una mueca molesta con sus labios.
        Todo mejoró… no hay duda de ello – sonreí – Pero sigo extrañando los viejos tiempos…

Entonces la sonrisa inocente de aquellos años apareció en su rostro, como una gota de esperanza que llega cuando todo parece perdido. Aunque yo dijera eso, en el fondo quería seguir manteniendo distancia con él, porque era cierto, todo había mejorado cuando él ya no estaba todos los días frente a mis ojos, o en mi casa, o en cualquier lugar al que yo frecuentase.

        Yo también sigo extrañándote… no tienes idea de cuanto – me miró.
        No pareciera… cada vez que te veo, la frialdad abunda en tus ojos… nada es como debería, como según tu dices – levanté mis cejas.
        Naomi tiene la culpa de ello… lo sabes ¿no? Ella me arrebató de ti, ella me alejo de todo lo que yo más quería, es tan posesiva que…
        No me des explicaciones Corey, no las necesito. Me alegro bastante que tengas una vida con aquella mujer, y que después de todo estén yendo bien las cosas… tú y yo ya no tenemos lazos afectivos…
        Pero…
        No Corey, lo único que nos une… es Cristal, nuestra hija, nada más que eso. Lo único que te pido es que te comportes como un padre, no la dejes sola… no hagas que te odie como yo lo hice con mi padre, no cometas ese gran error con ella… no lo merece – suplique.
        Yo nunca haría eso con nuestra princesa…
        Pero esos estás logrando, ella ya tiene la idea de cambiar su apellido cuando sea mayor, no te pido que la convenzas de lo contrario, pero no arruines su vida, no la transformes en algo parecido a mí…
        Descuida… las cosas mejorarán, lo prometo – acarició mi mano.
        Más te vale.

Sonreía apenado pese a todo lo que estábamos hablando, mi corazón se sentía traicionado de cierta forma, aunque ya nada tenía sentido lógico en esto. No me sentía bien al estar a solas con Taylor, la melancolía me llevaba a otra dimensión, necesitaba a mis salvadoras…

        ¿Ya nos vamos? – dijo Mischa imponente, de brazos cruzados frente a nosotros, junto a Lu.
        Ya es hora – sonreí de costado.
        Un gusto verlas señoritas – dijo amable Corey.
        Que te trague la tierra – levantó las cejas Mischa.
        Adiós – sonrió Lu tomando mi brazo y llevándome lejos.

La cara de incomprensión de Corey a la lejanía me parecía graciosa pero me daba tristeza de todos modos. Las chicas intentaban hacer las cosas bien, aunque no siempre lo hacen a mi manera, el sujeto estaba abatido, no era necesario decirle que se lo tragara la tierra, ni mucho menos que se rieran en su cara… Pero da igual, se lo merecía.

Las tres volvimos al hotel para bebernos otro café en la habitación de Lu, reímos un poco y nos arreglamos para la mañana siguiente comprar unas guitarras y un bajo, para luego volver e irnos a Francia a dar los tres conciertos que correspondían; además estábamos ansiosas por grabar el DVD en Troya, sería emocionante.

Con Mischa luego del café nos fuimos a mi cuarto a ver a los diez pequeños que corrían por todas partes, jugaban con sus padres mientras nosotras nos descuidábamos comiendo pizza que habían traído al cuarto para que comiéramos todos, pero que solo Mischa y yo estábamos disfrutando.

Nos fuimos a dormir tarde, solíamos tener esa manía, ya era parte de nuestro ADN, dormir tarde aunque al otro día debiéramos madrugar. Dormí entre los brazos de mi amado Sean, su barba algo descuidada me hacía cosquillas en el cuello, sus manos acariciaban con placer mi abdomen, sentir su pecho contra mi espalda me mantenía segura.

Amaneció con el sonar de las sirenas de la policía, fue algo estruendoso, algo terrible estaba pasando afuera. Sean se levantó asustado y miró por la ventana, un accidente automovilístico había ocurrido justo afuera de nuestro hotel, por suerte no estuvo involucrado ninguno de nosotros, ninguno de la banda, ninguno del festival… ni mucho menos alguno de los asistentes que nos acompañaban.

        ¿No ibas a salir con las chicas?
        Sí, pero me da tanta pereza levantarme – reí.
        ¿Quieres que te acompañe? – sonrió.
        Bueno, me vendría bien que vayas conmigo ¿pero con quien dejamos a los niños?
        Se los dejamos a… alguien que se quede en el hotel…
        Está bien, espera – sonó mi teléfono.

Oye, loca, no podré acompañarlas en su travesía inglesa… debo arreglar unos asuntos con mis hijos, nos vemos luego del almuerzo para irnos a Francia. Te quiero, un beso. Lu.”

Eso me cayó del cielo y le respondí de inmediato, Lu aceptó encantada el quedarse con los niños, Cristal iría conmigo, con Sean, con Mischa, Ville y Rochelle. Esplendido.
Nos encontramos abajo a eso de las 11.30 de la mañana, reímos y nos fuimos, primero tomamos unos cafés en un café cercano, comimos pastelitos y partimos a la tienda recomendada por el viejo Dave. Al entrar nos emocionamos más de la cuenta al ver guitarras por todos lados, con ese aire a instrumentos nuevos, a ese barniz que hace especial hasta a la mínima baqueta de madera simple y estrecha.

        Bienvenidos al paraíso – rió Mischa.
        Es hermoso – sonreí.

Y antes de que pudiéramos decir o hacer otra cosa, las niñas corrieron por ahí para elegir alguna para ellas, mientras que Sean mantenía mi mano unida a la suya y Ville seguía de cerca de Mischa que se movía rápido mirando los detalles y el acabado de cada guitarra que se le cruzara.

Había unas muy lindas, otras eran espectaculares, y otras… no había palabras. Sean me dio opiniones, cosa que jamás me hubiera imaginado de un actor tan importante como lo era él, sabía de lo que hablaba, como si conociera mucho más de música de lo que alguna vez imaginé, eso me encantó y lo hice participar más en mi elección. Mischa parecía una niña en un parque de diversiones, como su primera vez. Su cara de emoción al ver tantas guitarras me hacían sentir bien, el problema es que no se ponía de acuerdo con Ville para elegir tan solo una, todas eran geniales… la decisión era muy difícil.

        Mamá, me gusta esta ¿la llevamos, por favor? – decía Cristal con sus ojos brillantes.
        ¿Te gusta esa? – me asombré.
        ¡Me encanta! – gritó – Además es de tu marca – sonrió.
        Lo sé – me asombré aún más – Está bien, vamos a la caja.

Dos hermosas guitarras V fueron mi compra, una hermosa V color blanco con detalles en color vino y negro, acorde a su cuerpo frágil y sensual, era la elección de mi pequeña hija, la mía era una V negra con detalles en plateado y anaranjado, con un mástil peculiar en forma de hacha.

Luego de casi media hora más pudimos salir de la tienda, Mischa estaba como una completa loca, entre todos tuvimos que decirle que se decidiera tan solo por una, el staff no aceptaría tanta carga demás.

Llegamos al hotel a eso de las 13.30, media hora antes del vuelo, almorzamos rápido con los chicos, hablamos tan solo unos poco minutos y luego fuimos en busca de nuestras maletas para irnos al aeropuerto en la gran camioneta que la disquera nos ofrecía. Abordamos el avión sin ningún retraso… fue hermoso ser puntual por primera vez, ya que como el avión es de la banda, subimos a la hora que se nos da la gana…

        ¿Qué haremos cuando lleguemos a suelo francés? – rió Alex.
        ¡Visitaremos a la familia de Andréu! – gritamos con Mischa.
        ¿Por qué? – rió él.
        Tus padres son un encanto – sonreí – ¡además tus hermanos son deliciosos!
        Ni que fueras caníbal – rió Lu.
        Ahora los conocerás Sullivan, verás que Nixie tiene razón – añadió Mischa.
        Bien… ver para creer – rió.

Cuando el avión emprendió vuelo los gritos abundaron, a los niños les encantaba hacer eso.

        Estupendo, vamos al país del amor – susurró Sean en mi oído.
        ¿No te parece genial? – sonreí cohibida.
        Muy genial, hay muchas cosas que siempre quise hacer aquí…
        ¿De verdad? Yo también – sonreí rozando nuestros labios.
        ¡Oigan ustedes dos! – gritó Mischa - ¡Esperen a que lleguemos al hotel! – rió.

Las risas abundaron y no pude evitar comenzar a discutir con mi hermana sobre cosas sin sentido, aunque no sé si llamarlo discutir precisamente… estábamos muriendo de risa tras cada palabra que salía de nuestras bocas. Como sea, el ambiente entre nosotros está mejor que nunca, lastima que la gira se hace tan divertida y solo queda un poco de tiempo para que llegue a su fin…

No hay comentarios:

Publicar un comentario