La tenue brisa
abarcaba nuestros horizontes, la carta que escribía se hacía eterna, Sean me
descubrió llorando frente al escritorio con pluma en mano y el maquillaje fuera
de lugar. Hice lo posible para tranquilizarlo pero era inútil, pese a ello no
dejé que leyera aquel memorándum que pronto sería fundamental para muchos.
–
¿Seguro
que quieres que se grabe aquí? – dijo Lu.
–
Preferiría
Francia, además solo debemos esperar tres días… – sonreí.
–
¿Francia
dices?
–
Si,
sería lindo grabar el concierto en Paris.
–
Nada de
eso, lo haremos en Troya, es mejor, además Paris será la última ciudad que
visitaremos en Francia, hagámoslo en Troya, así será más intenso – decía Mischa
mientras bebía.
Estábamos solo las
tres chicas en un viejo restaurante de Londres, compartiendo nuestro último día
en este lugar, recordando los shows que hemos dado y todo lo que nos ha
sucedido aquí y allá… por todas partes. Era lindo compartir con mis amigas, me
sentía realmente bien al verlas sonreír, escucharlas hablar incluso sentir sus
miradas insinuando cosas; pasar el rato con ellas era lo mejor.
Las viejas calles
de la ciudad me traían recuerdos, aunque nunca haya estado en este lugar más de
tres días, era extraño… me provocaba sensaciones de anciana, como añorando
viejos tiempos, los que nunca viví aquí,
tal vez. Partimos con las chicas a una de esas grandes tiendas con largas
trayectorias, debíamos comprarnos ropa de calidad, se dice entre músicos que
Londres tiene la mejor ropa para gente de nuestro estilo y como es así, no
podríamos quedarnos sin prendas.
Subimos a un taxi y
nos llevó a dicha tienda, cuando ingresamos allí varios de los clientes que
estaban nos reconocieron y se acercaron gritando emocionados para que nos
tomasen una fotografía juntos o que les diéramos un autógrafo, lo hicimos de
buena gana, nos halaga que la gente se sienta bien con nosotros. Luego de
aquello partimos a la sección de mujeres y nos volvimos locas ¡Había mucha ropa
genial! Sinceramente hubiéramos querido llevarnos todo, pero tampoco podíamos
estar tan locas… sabíamos que jamás usaríamos todo lo que lleváramos, pero
valía la pena comprar ropa por montones.
–
Creo
que antes de que salgamos de aquí nos quedaremos sin dinero – reía Mischa.
–
Con lo
impulsivas que son ustedes, yo creo que así será – rió Lu.
–
Dejen
de reclamar y pruébense esto – reí – ¡es hermoso!
Estábamos felices,
nos sentíamos muy bien, parecíamos niñas en una tienda para muñecas, solo que
las muñecas no eran aquellas cosas simples que nos conformaban cuando éramos
pequeñas, sino que ahora todo era mejor…
y diferente. Salimos de allí con un montón de bolsas de compras, nos
quedaba suficiente dinero para sobrevivir, pero falto poco para que la teoría
de Sullivan se cumpliera.
Nos fuimos a un
parque cercano al hotel en donde estábamos residiendo, Lu fumaba mientras que
Mischa llamaba por teléfono a Ville para preguntar como estaban las cosas con
los demás y yo mientras tanto me hipnotizaba con la imagen de un pequeño niño
abrazando a su gran perro sobre el césped.
La forma en que lo
acariciaba me provocaba envidia, anhelaba tanto volver a ser pequeña… sin tener
que asumir riesgos innecesarios, volver a sonreír con el tan solo hecho de que
alguien que estimo me sonría, necesitaba tanto volver a ver la simplicidad que
la vida tiene para entregarnos. Creo que absoluta razón de que solo estoy
perdiendo el tiempo aquí… ahora, siento que podría estar haciendo otras cosas
que me harían sentir mejor, son tantos los errores que debería enmendar que ya
no sé si tendría tiempo al menos de dormir.
Cuando las cosas
parecían estar calmadas, a la lejanía apareció la figura de Corey con sus manos
en los bolsillos de su abrigo negro abierto, con la mirada gacha… caminando
hacía aquí. En ese momento quería que la tierra me tragara, que esto no fuera
más que una ilusión, en realidad no quería enfrentarlo.
–
Ah no…
–
Calma –
le dijo Lu a Mischa.
–
Lo que
me faltaba – bufé.
–
Creo
que… tienes que hablar con él Nixie, al menos para que dure la paz un tiempo en
lo que queda de gira, ¿no lo crees?
–
Lo haré
– me rendí.
–
Te
dejaremos sola… te vigilaremos desde la banca de allá – apuntó lejos Mischa.
–
Está
bien, si ven que las cosas se complican… vengan a salvarme – reí bajito.
–
Descuida
– rieron.
Se levantaron ambas
y me dejaron allí, sentada viendo la pileta del centro, como el agua salía
desde su punta y caía abajo con cautela y sin parecer exagerada. La figura de
Corey se cruzó en mi campo visual y tomó asiento junto a mí mirando al centro,
sin decir absolutamente nada durante quizás… unos diez minutos. Era una
situación incomoda en su totalidad.
–
¿Bueno…?
– dije para romper el hielo.
–
¿Qué es
lo que nos está pasando? – susurró.
–
Todo
parece que ha llegado a su fin…
–
¿Todo?
– me miró.
–
Quien
sabe – abrí la duda – Ya nada parece normal, ni para mí… ni para ti.
–
Nunca
creí que esto llegaría a su fin, o tal vez sí, pero no de esta manera…
–
Siempre
supiste que las cosas no acabarían bien, desde el momento que decidiste acabar
con nuestra relación a causa de esas cartas… desde aquel entonces las cosas
nunca estuvieron bien – lo miré de costado.
El silencio volvió
a aparecer, se mantuvo entre nosotros otros tantos minutos. En verdad parecía
que todo entre nosotros había muerto, incluso aquella amistad que alguna vez
existió, me sentía mal, porque era inevitable recordar los buenos momentos que
pasé junto a este sujeto, pero también brillaban todas esas veces que me hizo
daño como ningún otro hombre me hirió en toda mi vida.
–
Lo
siento – dijo apenado.
–
¿No
crees que es un poco tarde para sentirlo?
–
Nunca
es tarde para nada… aún queda tiempo para que las cosas mejoren Nixie.
–
Ya no
creo en ello…
–
¿Por
qué lo dices? – encogió sus ojos sin comprender.
–
Te
transformaste en lo que más odio Corey… tú sabes todo lo que viví y aún así te
transformaste en el hombre que le cree a todo el mundo menos a quien tiene a su
lado, te volviste un cobarde, le temiste a la vida al tener una familia con la
que cargar, le mentías a tu propia hija… y para peor, sigues prefiriendo al
resto antes que a los que de verdad te valoran – dije lentamente, fría.
–
¿Cómo
tu padre? Nunca me di cuenta de ello… de verdad lo siento.
–
Ya es
tarde para disculpas, ya lo hiciste y no se puede retroceder el tiempo…
–
¿Cómo
puedo arreglar las cosas entonces?
–
No sé,
en verdad tampoco me interesa… desde que no te veo, ni de que te hablo… mi vida
ha ido mejorando cada vez un poco más – sonreí levemente.
Eso debió dolerle.
–
¿Ah si?
–
Si,
aunque no lo creas.
–
Me
alegro por ti – miró el suelo, haciendo una mueca molesta con sus labios.
–
Todo
mejoró… no hay duda de ello – sonreí – Pero sigo extrañando los viejos tiempos…
Entonces la sonrisa
inocente de aquellos años apareció en su rostro, como una gota de esperanza que
llega cuando todo parece perdido. Aunque yo dijera eso, en el fondo quería
seguir manteniendo distancia con él, porque era cierto, todo había mejorado cuando
él ya no estaba todos los días frente a mis ojos, o en mi casa, o en cualquier
lugar al que yo frecuentase.
–
Yo
también sigo extrañándote… no tienes idea de cuanto – me miró.
–
No
pareciera… cada vez que te veo, la frialdad abunda en tus ojos… nada es como
debería, como según tu dices – levanté mis cejas.
–
Naomi
tiene la culpa de ello… lo sabes ¿no? Ella me arrebató de ti, ella me alejo de
todo lo que yo más quería, es tan posesiva que…
–
No me
des explicaciones Corey, no las necesito. Me alegro bastante que tengas una
vida con aquella mujer, y que después de todo estén yendo bien las cosas… tú y
yo ya no tenemos lazos afectivos…
–
Pero…
–
No
Corey, lo único que nos une… es Cristal, nuestra hija, nada más que eso. Lo
único que te pido es que te comportes como un padre, no la dejes sola… no hagas
que te odie como yo lo hice con mi padre, no cometas ese gran error con ella…
no lo merece – suplique.
–
Yo
nunca haría eso con nuestra princesa…
–
Pero
esos estás logrando, ella ya tiene la idea de cambiar su apellido cuando sea
mayor, no te pido que la convenzas de lo contrario, pero no arruines su vida,
no la transformes en algo parecido a mí…
–
Descuida…
las cosas mejorarán, lo prometo – acarició mi mano.
–
Más te
vale.
Sonreía apenado
pese a todo lo que estábamos hablando, mi corazón se sentía traicionado de
cierta forma, aunque ya nada tenía sentido lógico en esto. No me sentía bien al
estar a solas con Taylor, la melancolía me llevaba a otra dimensión, necesitaba
a mis salvadoras…
–
¿Ya nos
vamos? – dijo Mischa imponente, de brazos cruzados frente a nosotros, junto a
Lu.
–
Ya es
hora – sonreí de costado.
–
Un
gusto verlas señoritas – dijo amable Corey.
–
Que te
trague la tierra – levantó las cejas Mischa.
–
Adiós –
sonrió Lu tomando mi brazo y llevándome lejos.
La cara de
incomprensión de Corey a la lejanía me parecía graciosa pero me daba tristeza
de todos modos. Las chicas intentaban hacer las cosas bien, aunque no siempre
lo hacen a mi manera, el sujeto estaba abatido, no era necesario decirle que se
lo tragara la tierra, ni mucho menos que se rieran en su cara… Pero da igual,
se lo merecía.
Las tres volvimos
al hotel para bebernos otro café en la habitación de Lu, reímos un poco y nos
arreglamos para la mañana siguiente comprar unas guitarras y un bajo, para
luego volver e irnos a Francia a dar los tres conciertos que correspondían;
además estábamos ansiosas por grabar el DVD en Troya, sería emocionante.
Con Mischa luego
del café nos fuimos a mi cuarto a ver a los diez pequeños que corrían por todas
partes, jugaban con sus padres mientras nosotras nos descuidábamos comiendo
pizza que habían traído al cuarto para que comiéramos todos, pero que solo
Mischa y yo estábamos disfrutando.
Nos fuimos a dormir
tarde, solíamos tener esa manía, ya era parte de nuestro ADN, dormir tarde
aunque al otro día debiéramos madrugar. Dormí entre los brazos de mi amado
Sean, su barba algo descuidada me hacía cosquillas en el cuello, sus manos
acariciaban con placer mi abdomen, sentir su pecho contra mi espalda me
mantenía segura.
Amaneció con el
sonar de las sirenas de la policía, fue algo estruendoso, algo terrible estaba
pasando afuera. Sean se levantó asustado y miró por la ventana, un accidente
automovilístico había ocurrido justo afuera de nuestro hotel, por suerte no
estuvo involucrado ninguno de nosotros, ninguno de la banda, ninguno del
festival… ni mucho menos alguno de los asistentes que nos acompañaban.
–
¿No
ibas a salir con las chicas?
–
Sí,
pero me da tanta pereza levantarme – reí.
–
¿Quieres
que te acompañe? – sonrió.
–
Bueno,
me vendría bien que vayas conmigo ¿pero con quien dejamos a los niños?
–
Se los
dejamos a… alguien que se quede en el hotel…
–
Está
bien, espera – sonó mi teléfono.
“Oye, loca, no podré
acompañarlas en su travesía inglesa… debo arreglar unos asuntos con mis hijos,
nos vemos luego del almuerzo para irnos a Francia. Te quiero, un beso. Lu.”
Eso me cayó del
cielo y le respondí de inmediato, Lu aceptó encantada el quedarse con los
niños, Cristal iría conmigo, con Sean, con Mischa, Ville y Rochelle.
Esplendido.
Nos encontramos
abajo a eso de las 11.30 de la mañana, reímos y nos fuimos, primero tomamos
unos cafés en un café cercano, comimos pastelitos y partimos a la tienda
recomendada por el viejo Dave. Al entrar nos emocionamos más de la cuenta al
ver guitarras por todos lados, con ese aire a instrumentos nuevos, a ese barniz
que hace especial hasta a la mínima baqueta de madera simple y estrecha.
–
Bienvenidos
al paraíso – rió Mischa.
–
Es
hermoso – sonreí.
Y antes de que
pudiéramos decir o hacer otra cosa, las niñas corrieron por ahí para elegir
alguna para ellas, mientras que Sean mantenía mi mano unida a la suya y Ville
seguía de cerca de Mischa que se movía rápido mirando los detalles y el acabado
de cada guitarra que se le cruzara.
Había unas muy
lindas, otras eran espectaculares, y otras… no había palabras. Sean me dio
opiniones, cosa que jamás me hubiera imaginado de un actor tan importante como
lo era él, sabía de lo que hablaba, como si conociera mucho más de música de lo
que alguna vez imaginé, eso me encantó y lo hice participar más en mi elección.
Mischa parecía una niña en un parque de diversiones, como su primera vez. Su
cara de emoción al ver tantas guitarras me hacían sentir bien, el problema es
que no se ponía de acuerdo con Ville para elegir tan solo una, todas eran
geniales… la decisión era muy difícil.
–
Mamá,
me gusta esta ¿la llevamos, por favor? – decía Cristal con sus ojos brillantes.
–
¿Te
gusta esa? – me asombré.
–
¡Me
encanta! – gritó – Además es de tu marca – sonrió.
–
Lo sé –
me asombré aún más – Está bien, vamos a la caja.
Dos hermosas
guitarras V fueron mi compra, una hermosa V color blanco con detalles en color
vino y negro, acorde a su cuerpo frágil y sensual, era la elección de mi
pequeña hija, la mía era una V negra con detalles en plateado y anaranjado, con
un mástil peculiar en forma de hacha.
Luego de casi media
hora más pudimos salir de la tienda, Mischa estaba como una completa loca,
entre todos tuvimos que decirle que se decidiera tan solo por una, el staff no
aceptaría tanta carga demás.
Llegamos al hotel a
eso de las 13.30, media hora antes del vuelo, almorzamos rápido con los chicos,
hablamos tan solo unos poco minutos y luego fuimos en busca de nuestras maletas
para irnos al aeropuerto en la gran camioneta que la disquera nos ofrecía.
Abordamos el avión sin ningún retraso… fue hermoso ser puntual por primera vez,
ya que como el avión es de la banda, subimos a la hora que se nos da la gana…
–
¿Qué
haremos cuando lleguemos a suelo francés? – rió Alex.
–
¡Visitaremos
a la familia de Andréu! – gritamos con Mischa.
–
¿Por
qué? – rió él.
–
Tus
padres son un encanto – sonreí – ¡además tus hermanos son deliciosos!
–
Ni que
fueras caníbal – rió Lu.
–
Ahora
los conocerás Sullivan, verás que Nixie tiene razón – añadió Mischa.
–
Bien…
ver para creer – rió.
Cuando el avión
emprendió vuelo los gritos abundaron, a los niños les encantaba hacer eso.
–
Estupendo,
vamos al país del amor – susurró Sean en mi oído.
–
¿No te
parece genial? – sonreí cohibida.
–
Muy
genial, hay muchas cosas que siempre quise hacer aquí…
–
¿De
verdad? Yo también – sonreí rozando nuestros labios.
–
¡Oigan
ustedes dos! – gritó Mischa - ¡Esperen a que lleguemos al hotel! – rió.
Las risas abundaron
y no pude evitar comenzar a discutir con mi hermana sobre cosas sin sentido,
aunque no sé si llamarlo discutir precisamente… estábamos muriendo de risa tras
cada palabra que salía de nuestras bocas. Como sea, el ambiente entre nosotros
está mejor que nunca, lastima que la gira se hace tan divertida y solo queda un
poco de tiempo para que llegue a su fin…
No hay comentarios:
Publicar un comentario