NARRA:
Lu Sullivan.
El sonido resbala
tras ese micrófono como una especie de ilusión, verla allí, parada frente a ese
inerte objeto como una diosa, luciendo hasta su más mínimo detalle era maravillosa. Cerraba sus ojos oprimiendo su talento, abría sus labios para dejar salir esa
voz tan esplendida que maravilla a todo el que la escucha, sus cejas sabían
jugar con sus sentimientos, las expresiones que ella reflejaba… nadie podía criticarlas,
ella era única.
Mischa acompañaba
el rasgueo con su guitarra acústica, un leve sonido de cuerdas sin amplificador
le daba el tono exacto a un ensayo en el hotel. La voz de Nixie se esparcía en
el lugar como una brisa cálida en una fría tarde de invierno, los sentimientos
que envolvían su voz nos hacía delirar a todos y cada uno de los presentes;
realmente ella podía entregar muchas más cosas de los que uno piensa mientras
cierra los ojos y deja que sus cuerdas vocales hagan magia en el aire. Hasta el
mínimo grito llevaba algo de ella, susurrando parecía que te hablaba con una
experiencia superior, que te dejaba curioso, atento a cualquier cosa que ella
pudiese decir o incluso hacer, aunque no tuviese nada que ver en el asunto.
–
Creo
que mañana será un gran día – sonreía Andréu.
–
¿Crees?
Yo pienso que será el mejor día de muchos – sonreí.
–
Será
nuestro primer DVD aquí en París, eso me mantiene entusiasmada – decía animada
Nixie.
Nuestro primer DVD
en París… ¿Es que en verdad habíamos llegado tan lejos? ¿O esto era tan solo un
sueño…? Porque si fuera así, ya quisiera despertarme y dejar de sentirme tan
bien.
Terminamos de
ensayar y luego partimos todos a la casa antigua de Andréu, en donde aún vivían
sus padres y su hermano menor, las dos hermanas de él ya habían formado sus
propias familias y se habían marchado de casa. Y como las chicas me dijeron
antes de pisar Francia, su familia era maravillosa. Nos recibieron muy
contentos, aunque poco y nada entendiese de francés, sus rostros sonrientes
eran cálidos y sinceros, abrazaban a Mischa y a Nixie como si fueran sus hijas,
con Alex y conmigo tuvieron más reserva, tan solo hace poco nos habían
conocido… éramos nuevos en sus vidas, ellos se habían acostumbrado a Petter y
al difunto Max. Era normal que nos tuvieran un poco de recelo.
Conocimos a la
cuñada de Andréu, ya que su hermano no quería dejar solo a sus padres, vivía
con su novia en casa, estábamos en un ambiente familiar muy agradable,
realmente acogedor. Cuando ya se hacía de noche el padre de Andréu, Wladimir, sacó un tocadiscos antiguo y
comenzó a aplaudir mientras reía, entonces todos comenzaron a imitarlo sabiendo
porque lo hacían, Alex y yo no entendíamos absolutamente nada.
Entonces Nixie dejó
el vaso con jugo que tenía entre sus manos sobre una mesita y comenzó a cantar
en francés, una bella canción que me parecía familiar pero que no lograba
comprender del todo, su voz era una suave melodía, tan delicada y diferente a
lo que estaba acostumbrada a escuchar. Me di cuenta del goce que tenían los
padres de Andréu al escuchar a la chica cantar en ese bello idioma; y digo en
serio que nunca la había oído cantar así, era un ritmo diferente, pero muy
lindo. A eso tengo que sumarle el talento del hermano de Andréu que acompañó a
nuestra amiga en el canto, hacían una dupla muy buena…
Ya nos marchamos
antes de que fuera la media noche, habíamos logrado pasar una tarde maravillosa
junto a la poca conocida familia de nuestro gran baterista. Cuando volvimos al
gran hotel nos topamos con mucha prensa que nos preguntaba cosas sobre una
posible retirada de la música, a lo cual no encontraba sentido ¿Cómo preguntan
eso si estamos en plena gira musical…?
–
¡¿Cuándo se acabará Nevinger, Nixie?! – gritó un periodista.
–
Uno
nunca sabe cuando las cosas van a cambiar – gritó ella sin prestar mayor
atención.
Entonces mi cerebro
quedó con una gran duda…
“Uno nunca sabe cuando las cosas van a cambiar (…)”
¿Es que acaso algo
estaría pronto a suceder? ¿Nixie nos estaría escondiendo algo…? No me caía en
la cabeza a que era lo que se refería precisamente, había muchas posibilidades,
y a ella siempre le gustó fastidiar a la prensa, siendo irónica, sarcástica e
incluso grosera, pero no lograba entender aquella frase. Me fui a la cama con aquella inquietud.
“Somos tan solo
uno, no dependemos de nadie, quizá nunca sepamos de donde venimos ni siquiera a
donde vamos; nos valemos por nuestros hechos, por nuestros errores, nos
inquietamos con nuestros miedos y perdemos la razón por culpa de aquello tan
simple que no tiene una lógica para nosotros.
Nadie puede
ayudarnos por mucho que alguien quiera hacerlo, somos dependientes de nuestra
capacidad de continuar adelante, si podemos olvidar… podemos levantarnos y
caminar hasta que nuestros pies ya no den más, no nacimos para desvalernos ante
otros, somos quienes somos gracias a la perfecta medida que tenemos de
racionalidad y valentía.
En el fondo todos
somos iguales, solo que algunos son más dedicados y cultivan todo para mejor,
son constantes, son perseverantes porque no quieren ser como otros que tan solo
se dejan estar frente a otro, humillándose, dejándose rendir y que hagan con él
todo lo que quieran. Podemos seguir adelante, podemos tomarnos de una mísera
vara de árbol para no caernos barranco abajo, podemos luchar si así lo
queremos, podemos incluso llegar al sol si nos lo proponemos. Tú nunca sabrás
si lo que haces es lo correcto, pero cuando llegues al final del camino y veas
todo perdido… te lamentarás de no haber hecho aquello que hubiera cambiado tu
vida, tal vez no rotundamente, pero tal vez… algo hubiera sido diferente.
Debemos dejar de
buscar un refugio bajo la tormenta, debemos esperar, ser pacientes y ambiguos
incluso en aquello en que no se puede, la discreción a veces puede ayudarte a
escapar de aquel frío de la noche, la lluvia abatirá tus sentidos, pero tu
lógica siempre permanecerá contigo, solo debes retenerla y no dejarla escapar con
aquello que promete ser maravilloso… aquello puede llevarse hasta lo más
valioso sin que te des cuenta.”
–
¿En
verdad Nixie escribió eso? – miré a Brian mientras leía en voz alta.
–
Sí… es
bastante duro ¿no lo crees? – levantó las cejas.
–
De todo
el tiempo que he permanecido en la banda o, el tiempo que la conozco, jamás he
leído uno de sus libros ¿sabes? Todos hablan maravillas de ellos…
–
Deberías
leer uno, tienen algo que te deja con una sensación extraña cuando acabas cada
párrafo, no sé si será que tiene razón o porque te sientes identificado – rió.
–
¿Tan
así es? – me asombré.
Asintió. Yo acabé
de quitarme el maquillaje, me preocupé de arropar a mis hijos y luego me fui a
dormir con Brian en la paz de la noche, abrazada a su cuerpo como cada
madrugada, deleitándome con su fragancia masculina, con su dulce roce de cuerpo
contra el mío.
Cuando amaneció,
había alboroto por todas partes, los chicos estaban acelerados y el staff
estaba llevando nuestras mejores cosas hasta el escenario que nos esperaba en
Troya para el concierto que daríamos esta noche. No comprendía bien el porque
de tanta adrenalina, y luego me lo explicaron con calma.
–
Para
grabar un buen DVD, debe estar todo en orden, sin nada fuera de lugar, con las
mejores prendas y no puede haber ninguna falla – sonreía Mischa mientras bebía
un café.
–
Oh, ya
veo… pero creo que exageran un poco con tanta gente llevando nuestras cosas ¿no
crees?
–
Pues…
ya sabes como son las disqueras – rió – Exageran siempre en todo, ese es su
trabajo.
Y antes de que
pudiéramos seguir hablando, Jackson apareció de la nada y nos pidió que
tomáramos nuestras cosas principales y nos subiéramos a la van porque estábamos
atrasados. Ya era pasado el medio día y el concierto empezaba a eso de las
20.00 horas, debíamos ensayar bien, prepararnos muy bien, ya que no podíamos
cometer ningún error mientras se grabara el concierto. Debía ser perfecto.
La van se atascó en
el trafico horrible que había a causa del vuelco de un camión de gas, lo que
nos hizo permanecer allí durante casi dos horas.
–
¿Dónde
está Nixie? – preguntó Alex.
–
Es
cierto, no está aquí – me percaté - ¿Dónde está?
–
Ella
tuvo que resolver algunos asuntos – dijo Mischa.
–
¿Qué
asuntos? Se supone que este ensayo es importante y no podríamos hacerlo sin la
vocalista – me molesté.
–
Lo sé,
bueno… ella debía hacer una cosa importante – frunció el seño Mischa.
–
¿Más
importante que la banda?
–
Sí, más
importante que la banda – dijo seria.
Encogí mis ojos
dudosa, Bauer era responsable y siempre nos exigía a todos ser puntuales, era
raro esta actitud en ella. De todos modos cuando llegamos al lugar en donde
ensayaríamos, ella ni siquiera estaba ahí. Cabe recordar que nos habíamos
quedado atascados en el tráfico por más de dos horas y ella… aún no aparecía.
–
Lamento
la demora – dijo cuando llegó.
–
Te dignaste
a aparecer – dije irónica.
–
Tenía
cosas que hacer – se tocó la cabeza un poco mareada – Lo lamento – cerró uno de
sus ojos con dolor.
–
Estás
pálida ¿te sientes bien? – se exaltó Mischa.
–
Sí,
descuida. Mi presión está baja… es eso solamente – sonrió un poco.
–
Tú
sufres de presión baja ¿Estás segura que podrás cantar hoy? – se extrañó el
francés.
–
Estoy
bien – dijo molesta.
–
Entonces…
manos a la obra – susurró Alex extrañado.
–
Empecemos
– dijo Nixie.
Cada uno se
posicionó en los lugares que debía y comenzamos a tocar algunas canciones para
calentar, había un aire tenso en las guitarras, como que Mischa no coordinaba
con Alex o viceversa, eso estaba complicando las melodías y no estaba saliendo
como lo teníamos planeado.
–
Chicos
¿Van a querer tocar hoy o qué? – gritó Nixie enojada.
Todos nos miramos
extrañados, no entendíamos a que iba eso.
–
Están
tocando pésimo – recriminó – ¿Dónde está el maldito talento? ¡Toquen bien
maldita sea!
–
Tranquilízate
– dijo Andréu.
–
Nos
quedan dos horas y media para el show ¿y quieres que me tranquilice?
–
Nixie,
lo haremos bien, descuida – levantó las cejas Alex.
–
Entonces
demuéstrenme porqué están aquí, acomoda tus jodidos dedos en la maldita
guitarra y hazme sentir orgullosa, no estoy de humor para perder el tiempo –
cerró los ojos apaciguándose.
Ella estaba
actuando un poco extraña, lo que nos dejaba muchas preguntas al azar, pero por
lo mismo nadie quiso decir o preguntar alguna cosa, tal vez sacaría un rifle y nos dispararía a todos…
Pasamos la tarde
allí, encerrados en ese pequeño escenario, luego nos hicieron subir al
escenario para poder hacer la prueba de audio, todo estaba perfecto, excepto
una falla con los micrófonos añejos de Nixie, pero no hubo mayor inconveniente.
Luego de eso partimos a comer un poco para subir con la panza llena.
Cuando ya faltaba
unos veinte minutos para empezar, todos partimos a los camerinos para que nos
arreglaran a cada uno, nos maquillaran, y nos arreglaran unos últimos detalles
en las ropas que traíamos. Cuando yo salí, me encontré con parte de Stone Sour
que abriría el concierto, ya estaban subiendo al escenario para iniciar con
todo; me puse junto al escenario para poder mirar como los franceses
disfrutaban del show; luego los siguió Foo Fighters con unas cuantas canciones
y finalmente subiríamos nosotros, corrimos todos para bebernos nuestro trago
como cábala y subimos a darle gloria al mundo.
La batería de
Andréu comenzó a sonar en la oscuridad, mientras todo el público gritaba el
nombre de la banda, las luces comenzaron a hacer juego cuando mi bajo comenzó a
sonar y las guitarras comenzaron a pelear para ver que riff era el más
melodramático, “Ruins” comenzó a ser escuchada cuando la voz de Nixie apareció
en escena. El público estalló en gritos y aplausos, gritos aclamando su nombre
como si fuera un dios.
Otras tres
canciones pasaron para que al fin tuviéramos un descanso y Nixie pudiese
interactuar con el público de forma más fraternal.
–
Bonne Nuit!! – gritó Bauer.
Teniendo como
respuesta un mar gigantesco de gritos, como un monstruo hambriento de nosotros.
Todos sonreíamos, era el primer ínter lapso, las cámaras se paseaban frente a
nosotros para obtener nuestro mejor ángulo y hacer que todo fuera especial.
Seguimos con otras
tantas canciones, mientras que el ritmo hacía delirar cada uno de mis sentidos,
como si fuera la primera vez que me subía a un escenario junto a estos grandes
chicos, mi bajo parecía tener más participación que ningún otro instrumento
sobre el escenario iluminado. Nixie jugaba conmigo como lo hacía siempre,
riendo con el micrófono muy cerca de su boca, moviendo su cuerpo como si la
música de Nevinger fuera la que tuviera más ritmo, siendo que eso no era
cierto, sin embargo era eso lo que la cámara quería capturar, cada movimiento
que caracterizaba a la chica sobre el escenario, además de su voz, claro.
La manera en que
hacía que cada uno de nosotros cinco participáramos la hacía especial, pocos
cantantes se dan el tiempo de hacer aquello, incluso saltaba sobre la batería
de Andréu, haciendo así que todos gritaran con más ganas. Mischa y Alex movían
sus dedos tan rápidos como podían, haciendo lucir sus grandes dotes de
guitarristas, moviendo sus cabelleras al mismo tiempo que el mío mientras Nixie
nos obligaba a movernos de un lado al otro sobre la plataforma musical.
Cada canción traía
algo diferente, la manera en que mi voz se esparcía haciendo coros junto a
Mischa me erizaba la piel, me gustaba bastante escuchar al público gritar no
tan solo el nombre de Nixie o de Nevinger, si no que el de todos nosotros, cada
uno amaba a alguien diferente, por cada cosa especial. Comenzaron a llegar
flores y prendas hasta nosotros, lo que me hacía sonreír tal vez más de la
cuenta, pero era inevitable.
Antes de que
acabáramos con el concierto, el francés de Nixie apareció entre nosotros, y se
tomó el tiempo de dar un pequeño discurso agradeciendo la forma en que la gente
amaba nuestra música, que sin ellos nunca hubiéramos llegado tan lejos. Agotada
dio mil gracias, hizo mil reverencias y lanzó piropos a los franceses en su
lengua natal, sonrió y nos hizo participar de la última gran reverencia frente
al público y a las cámaras que con tanto esmero se movieron de un lugar al otro
para grabar todo el intenso recital.
–
Je t’aime France! – gritó con su último aliento la pequeña Bauer.
Bajamos orgullosos,
bañados de placer, rebozando de alegría al recibir tantos gritos y aplausos por
un público tan mal cotizado por otros músicos. Los asistentes del staff nos
felicitaron con abrazos y apretones de manos al bajar, también las otras dos
bandas que nos estaban acompañando en esta travesía.
Con Mischa corrimos
a nuestros camerinos para bebernos un trago, teníamos tanta sed… aunque no lo
crean cantar los coros también te agotan la garganta. Reímos, disfrutamos de
beber como locas y compartimos un rato más los cinco, luego nos marchamos al
hotel agotadísimos, felices de nuestro desempeño y ansiosos por ver el vídeo
editado.
–
¿Quieres que me bañe contigo? – reía Brian desde afuera.
–
¿Los
niños están durmiendo?
–
Hace más de dos horas – rió.
–
Entonces
ven aquí – reí.
Y como un gato
sigiloso entró en la ducha ya desnudo, para así poder gozar de este momento de
intimidad en un lujoso hotel del país del amor. Disfrutando de una velada
única, diferente y especial.
Lo que empezamos en
la ducha, lo desarrollamos en la cama para darle un placer suculento a mi
fantasía de tener sexo en Francia, jamás creí que lo concretaría… a veces estar
en una banda tiene sus privilegios, curiosidades y ¿Por qué no decirlo? También te das unos gustos.
La noche se
desvaneció entre caricias y besos apasionados, transportándome a otra
dimensión, haciendo ensordecerme de la realidad, callando mi más íntimo deseo
de gritar como una loca excitada. El roce de la piel suya contra la mía me
hacía exaltar más de la cuenta.
Esa noche fue
maravillosa, había estado en lo más alto de la gloria musical, logrando
entender que yo si era importante dentro de la banda, de que yo en verdad era
fundamental, sabiendo que el público también me aclamaba, no tenía porque
discutir. Además tenía a mis maravillosos hijos aquí y a este hombre sensual
para complacer mis más mínimos caprichos… Es como estar en el cielo, digo,
digo… estar en Francia es lo mejor.
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