lunes, 18 de junio de 2012

Chapter 93.


Ya comenzaba a extrañar el viejo aroma a aire marino de la costa de Los Ángeles. Sentía tanta melancolía al recordar a toda la gente que he dejado atrás allá, en Estados Unidos, parecía incluso que me hacían más falta que de costumbre. Necesitaba a mi hermano, a mi madre, a mis compañeros de parranda y a esas personas que incluso me joden la existencia… necesitaba verlos aunque sea por una última vez.

La mañana del 1 de Marzo del 2018 estaba recién comenzando, de una manera única y especial. Mis ojos ser abrieron de goce al sentir la intimidad de mi marido perturbando mi sueño, sintiendo sus caricias abarcar todo mi cuerpo hasta el más mínimo lugar… No podía negarme a ese placer, él me complementaba en su totalidad.

A eso de las 8:15 de la mañana el desayuno llegó al cuarto, en una bandeja reluciente y tan linda que provocó algo en mí que comenzaba a extrañar: asombro.

        Vaya… – dije sorprendida.
        ¿Qué? ¿No te gusta? – levantó las cejas.
        ¿Cómo no me va a gustar? – reí – ¿Pero a que debo esta sorpresa?
        Pues… a nada en especial, solo quería darte un regalo tonto para que sepas que te amo y que hoy será un gran día – sonrió.

Aquella sonrisa… ese gesto tan noble de su parte, era como caer en un pozo místico en que no sabes que es lo que te espera en el fondo. Él era tan bueno que parecía mentira, con el tan solo hecho de que respirara junto a mí cada mañana, me alegraba la vida, tenía un porque para seguir.

Acabado el acto de desayunar, Jackson me llamó al teléfono de la habitación para comunicarme que tendríamos una reunión extraordinaria con algunas personas de la disquera, nos necesitaba a los cinco en el hall del hotel en media hora más, era un tema urgente que debía quedar cerrado esta misma mañana. Así que me vi en la obligación de darme una ducha rápida y vestirme lo más normal posible y pedirle a Sean que cuidara a los niños una media hora mientras me presentaba en dicha reunión.

        ¿Qué pasa? – miré a Jackson.
        Esperamos a Lu y ya te digo – me guiñó un ojo.

Sullivan llegó tarde, riendo por alguna cosa (quien sabe qué), y comenzamos.

        La disquera propuso grabar todo el día de hoy para incluirlo en el DVD como parte extra de un documental de “Nevinger in France: Au Revoir Europe”
        ¿Y eso? – se sorprendió Mischa.
        Pues mañana es el último show de la banda aquí en Paris, y como ya se grabó el concierto en Troya, y mañana acaba la gira, la disquera propuso la idea de acabarlo grabando un día con ustedes, capturando el momento en que ríen, en el que comen… en el que son como el resto de las personas – dijo convencido Jackson.
        Me parece una idea interesante – reí.
        A mi también, suena divertido – me acompañó Lu.
        ¿Están de acuerdo entonces?
        Claro que sí, vamos a demostrar que somos personas comunes con vidas raras – dije como autoridad.
        Me gusta eso – rió Jackson mientras aplaudía.

Y antes de que pudiéramos hacer otra cosa, Jackson llamó a dichas personas para decirles que habíamos aceptado el trato. Rápidamente todos subimos a cambiarnos de ropa, peinarnos, prepararnos para vernos bien incluso en nuestro peor momento; eso sí, tuvimos un acuerdo con Jackson, y fue que nuestras familias y acompañantes pudieran participar de esta locura.

Mientras nos arreglábamos, unas dos cámaras aparecieron afuera de nuestras habitaciones y comenzaron a grabar todo desde el primer momento, provocando risas y miradas extrañas entre todos nosotros, era gracioso y un poco perturbador, pero no nos molestaba tanto…
Partimos entonces al lugar en donde podríamos ensayar un poco a estas horas de la mañana… eran apenas las 10, era muy temprano para que fuéramos a un bar o a comer a algún lado, más que mal ya habíamos desayunado. Las cámaras captaban todo, hasta los comentarios sin sentido que a veces existían entre yo y Mischa, haciendo reír incluso al más serio, como lo era Ville, mi cuñado.

Cuando entramos al lugar en donde ensayaríamos, los niños corrieron por todas partes, provocando gritos en Mischa y Lu, como madres responsables, diciendo a los pequeños que no corrieran por ahí sin tener cuidado; me daba mucha risa verlas gritar así, todos reímos, era inevitable…

        ¿Y tú porque no les gritas también a los tuyos? – me preguntó un camarógrafo.
        Porque ya estoy acostumbrada a que corran y hagan destrozos, va en su ADN – reí – Gritar es una perdida de tiempo, lo harán de todos modos…

Y él rió con ganas. Todos partimos al lugar en donde estaban nuestros instrumentos para poder comenzar y darles a los presente lo que querían ver, oír… y sentir hasta en el roce del aire con su piel.

        ¿Están preparados? – los miré a todos desde en frente del micrófono.
        Siempre estamos preparados para ti – dijo Sean lanzándome un beso.

Entonces mi voz comenzó a expandirse en el lugar, con los ojos cerrados pude percibir el escalofrío que recorría todos los cuerpos presentes incluso los de mis hijos, junto a mí Mischa me sonreía aprobando el tono de mi voz, al igual que Lu al otro costado quien movía su cabeza al lento compás que las guitarras estaban llevando acabo. Cada vez que me subo a un escenario junto a estos chicos… me transformo en otra persona, como si ellos sacaran lo mejor de mí incluso cuando puedo ser la peor persona del mundo.

Las viejas melodías de la banda hacían que la melancolía se presentara dentro de todos, las viejas canciones eran incomparables incluso para el mejor crítico que las escuchase, los presentes disfrutaban del mini show que presenciaban, no hay nada mejor que dejarse llevar por la inspiración del momento. Podía sentir las miradas sobre mí, sentir las sonrisas de mis compañeros y amigos, podía percibir en mi interior que lo que estaba haciendo hacía feliz a otros, que mi trabajo no era tan malo después de todo… al menos disfrutaba con él.

Acabado dicho ensayo todos aplaudieron, diciendo alguno que otro piropo a todos sobre el escenario, lo que nos hizo sonreír y sentirnos magníficos. Andréu me abrazo como una niña pequeña y me dijo que cada día cantaba mejor, aunque en el fondo yo sabía que solo estaba mintiendo. Muy por el contrario, a mi juicio mi voz estaba decayendo cada día más, perdiendo la afinación, alejándose del ritmo y mucho peor… sonando cada vez peor.

        ¿Qué haremos ahora? – me miró Mischa, dando la espalda a las cámaras.
        Ni puta idea, dime a donde vamos y acabamos con esto – sonreí discreta.
        Es muy temprano para ir a un bar, y además estamos con los niños… eso complica un poco las cosas.
        Lo sé, pero tú eres la genia, dame una idea y yo te apoyo.
        ¿Genia? Oh que mal estas – rió – Podríamos ir a la torre Eiffel ¿no crees?
        ¡Estupendo! Vamos allá.

Nos acercamos a los chicos y les propusimos visitar la torre, los gritos de Lu casi nos dejan sordos a todos, jamás la había visto tan emocionada, lo digo en serio. Los niños se pusieron felices y los camarógrafos reían con más ganas. Y partimos allá, subimos a la gran camioneta que nos estaba transportando todo el tiempo, encendió el motor y el radio, lo que nos hizo cantar a todos las canciones nuevas de Metallica, escucharan ustedes como chillaba Mischa… no hay palabras para explicar aquello.

Alex y Lu tomaban fotografías todo el camino por las ventanas, gritando cosas en inglés que dudo que los franceses pudieran entender, los niños estaban emocionados cantando con todos nosotros, mientras que los maridos de las tres se reían de nosotros y comentaban cosas con los camarógrafos.

Alrededor de una media hora arribamos, llegamos a las orillas del centro turístico que se ubica bajo la gran torre. Había muchos turistas, los chicos estaban maravillados con la majestuosidad que tenían en frente, jamás creyeron que sería tan grande e imponente, sacaron sus cámaras fotográficas y comenzaron a capturar la maravilla, mientras que los chicos tomaban fotografías, algunas personas nos reconocieron y se acercaron para pedirnos autógrafos, para saludarnos y claro, también fotografiarnos.

Los mismos camarógrafos estaban maravillados con el cariño que las personas demostraban hacia nosotros, me sentía aún más conmovida al ver a pequeños niños corriendo a nosotros felices, sonrientes y emocionados de vernos por primera vez… No pude creer que nuestro público fuera de edades tan variadas, era realmente alucinante.

Todos nuestros hijos también participaron de toda la travesía, la gente adoraba a nuestros pequeños, sobre todo a los mayores y a los “Mini-Nevinger”. ¿Habría un futuro prometedor? Al menos tenía esperanzas de que algo bueno pasara luego del caos…

        ¿Podemos subir ya? – rió Brian
        Claro, ya es hora y se nos hace tarde – rió Andréu.
        Pareciera que nunca hubieran venido a Paris – reí.
        Claro que no, tú y Andréu vivieron aquí, nosotros no – dijo Lu haciendo pucheros.

Reímos un rato muy corto, y seguidos de las cámaras emprendimos rumbo arriba para explorar la torre Eiffel, era un largo camino por escaleras, pero no tan extenso en ascensor. Fuimos valientes y subimos como unos diez pisos a pie, para apreciar el paisaje, pero luego nos agotamos y en tres grupos subimos en los elevadores para llegar a la cima. Un guía turístico nos contó parte de la historia, nos relató que la torre se había construido con el fin de ser una gran antena para televisión y radio, ese era su propósito, pero luego fue llamando la atención de las personas y fue creciendo como centro de atracción.

Disfrutamos del ambiente, del paisaje… de todo, la vista era maravillosa, las personas eran agradables, y el idioma era lo que más te encantaba, te hacía enamorarte de este lugar. Ese acento tan arrastrado, sin modular demasiado… era cautivador, te envolvía en una magia que no sabías explicar. Yo y Andréu éramos los que debíamos hablar por el resto, ya que no tenían idea de hablar francés, eso era gracioso… más aún cuando les decíamos cosas para que dijeran y no eran más que cosas sin sentido.

Pasamos la tarde allí, en la hora de almorzar visitamos un restaurante cercano a los alrededores, bebimos unos buenos vinos, comimos una rica comida nacional y disfrutamos de un delicioso postre. Por cuenta de la casa nos regalaron unas ensaladas nutritivas y frescas, pese a que el frío se hacía presente.

Hicimos una buena sobremesa todos los presentes, hubo charlas interesantes sobre cosas que habíamos vivido a lo largo de toda la gira, sobre las cosas que hicimos y que aún nos faltaba por hacer. Las personas que dirigían las cámaras eran bastante curiosas, nos hacían preguntas que jamás creímos que tendríamos que responder, aunque no nos asustaban si nos llamaban la atención, como cuando le preguntaron a Lu que qué debió hacer para ser aceptada en la banda, o cuando le preguntaron a Mischa que si se arrepentía de haber tenido trillizos cuando la banda estaba en su gloria máxima… Son cosas que tal vez no son asombrosas, pero no esperábamos que algún día nos preguntaran aquellas cosas, eran más bien como que no venían a la situación y solo nos descolocaban.

Acabado el almuerzo partimos a pasear por la ciudad, visitamos algunos museos y nos reímos bastante con los comentarios que Alex y Andréu hacían, el ambiente entre nosotros era demasiado bueno, no podíamos estar mal aunque malos pensamientos nos asechasen. Lu, Mischa y yo no parábamos de reír por la manera en que Alex y el rubio francés se referían a las esculturas extrañas que habían allí. Sean no se despegaba de mí por nada, pero si estaba atento a los niños que corrían por ahí, riendo y echando carreras con los otros hijos de Lu y Mischa.

        Mientras no rompan nada… estará todo bien – rió Alex.
        ¿Y si lo hacen qué? – rió Mischa.
        Pues tendrás que correr con los gastos – dijo Andréu.
        Ah pues, lo haré, son mis hijos, no los tuyos maldito rubio – rió ella.

Y entonces comenzaron a discutir de bromas, provocando risas en todos nosotros.

Terminado el Tour por la ciudad, partimos al viejo bar de la calle Bonn, una de las principales de la ciudad. Hicimos que nuestros maridos e hijos volvieran al hotel, los de la banda queríamos tener un poco de espacio para nosotros, ya saben… beber como locos y molestarnos por secretos que solo nosotros sabíamos, y que claro, ahora se harían públicos ya que hay cámaras siguiéndonos en todo momento.

Ingresamos al bar a eso de las 22:41 horas, logrando una paz enorme al entrar y sentarnos en una de esas mesas de media luna, así todos quedamos cerca de todos, sin excluir a nadie. El sujeto del bar nos preguntó porque veníamos con cámaras, nos preguntó si éramos conocidos o alguna cosa por el estilo; nosotros nos dimos el tiempo de explicarle todo, el sujeto era agradable, no había porque negarnos al placer de contar nuestra historia. Y muy sorprendido de todo lo que escuchó, decidió regalarnos la primera ronda de tragos, a los cinco de la banda y a los sujetos que venían con nosotros.

Bebimos como condenados, riendo, gritando y creando una gran juerga en donde el silencio abundaba, el dueño del bar sonreía al vernos así, él nos explicó que le gusta ver a la gente feliz dentro de su recinto… casi siempre aquí solo venían parejas para emborracharse y tener sexo luego en algún hotel cercano. Pero ese no era nuestro caso, creo.

Vodka, whiskey, brandi, tequilas, ron, y quien sabe que otra clase de cosas ingerimos esa noche, uno tras otro, como si de verdad la sed nos matara o como si el alcohol no dañara nuestra resentida garganta, más aún la mía, que cada día estaba peor.

        Ustedes si tienen aguante – rieron ellos.
        Nadie puede superarnos – rió Andréu.
        Ya veo porque dicen que la vida de un músico es algo extrema…
        Esto no se compara con nada – dije yo bebiendo.
        Deberíamos invitarlos más seguido, se nota que les hace falta fiesta – rió Mischa en mi oreja.
        Les hace falta fiesta, buena ropa y sentido del humor – agregó Lu derramando un trago sobre la mesa.

Todos la regañamos, ella ya estaba borracha, pero de todos modos no podíamos parar de reírnos, incluso respirar nos causaba gracia.

Luego de reír como unos maniáticos y beber como unos sedientos piratas, comenzamos a charlar; la hora de las bromas desubicadas entraba en acción, eran bromas pesadas, crueles pero eran reales. Solíamos hacerlo todo el tiempo, como para tolerarnos incluso cuando ya queríamos solo matarnos entre nosotros.

Nada parecía fuera de lo normal, ya estábamos acostumbrados a este tipo de situaciones, el problema es que las cámaras captaban todo, y si no editaban bien las cosas… saldríamos gravemente perjudicados. Lo digo por el hecho de cada uno de nosotros tiene temas “pendientes” con figuras públicas muy conocidas, de diferentes ámbitos, pero todos son conocidos… Por eso no era bueno salir con los chicos de la banda y relajarse mucho, nuestros secretos salían a la luz tarde o temprano, peor hubiera sido traer droga a Francia, al menos no se nos ocurrió hacer eso.

        Creo que ya es hora de volver a casa, serán las 3 de la mañana – dije.
        Sí, mañana tenemos que dar un concierto… debemos descansar – me apoyó Mischa.
        Está bien… ¿Taxi? – rió Andréu.
        Nos vamos en dos grupos, la van no vendrá por nosotros a estas horas – rió Lu.

Y así lo hicimos. Todos borrachos, mareados y riendo como locos, salimos del bar en dirección a la calle, seguidos nuevamente por las cámaras que dejarían de grabar en el momento que entráramos a nuestros cuartos y le dijéramos que ahí acabó el día.

Mischa, Lu, un camarógrafo y yo nos fuimos en un taxi, en el primero. En el segundo se fueron Andréu, Alex y el otro camarógrafo. Llegamos al hotel muy rápido, tal vez en unos diez minutos… o quizás menos. Nos despedimos todos y nos fuimos a la cama, agotados y más que nada ebrios a más no poder.

Me di una ducha con mi marido que despertó cuando entré al cuarto no pudiéndome mantener en pie, quebrando así un jarrón que había junto a la puerta. Fue una dulce noche, llena de caricias y placer, de lujuria y amor que desbordaba por completa la tina de ese baño en el hotel… en mi cuarto del quinto piso, con vista al centro de París.

        Te amo tanto – se depositó su boca en la mía.
        Y yo a ti mi amor, no tienes idea de cuanto te amo…

Su voz reposaba muy cerca de mi oreja, diciendo que nada en su vida tenía sentido si yo no estaba con él. Sus manos acariciaban todo mi cuerpo, logrando así que la melancolía se marchara al menos por unos momentos. Que pena me daba tener que arrebatarme a mí misma todos estos lujos de existir… de esta exquisita sensación de ser amada como ninguna otra, de ser tan feliz con personas que en verdad me valoran… pero que tarde o temprano tendrán que dejarme ir, lo quieran… o no.

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