NARRA:
Mischa Bauer.
La noche anterior
me había dejado con una rara sensación de placer. Moverme tanto tiempo frente a
unas cámaras me hacía más feliz de lo que imaginaba… o eso creo ahora; de no
ser por eso, no entiendo porque amanecí tan complacida.
Cuando eran las
once de la mañana del 2 de Marzo, Nixie estaba pidiendo una reunión en su
habitación, era de extrema urgencia que asistiéramos todos, incluyendo hijos y
cónyuges, ya saben como es ella de especial. Y así lo hicimos, obligué a Ville
a levantarse para que vistiera a los trillizos mientras yo me vestía luego de
estirar un poco las sábanas.
–
Buenos
días… – rió Andréu con su tono de inglés afrancesado.
–
¿Estamos
todos? – levantó las cejas la pequeña Bauer.
–
Eso
parece – dijo Alex mirando a todas partes.
–
Muy
bien, comencemos con esto…
Su voz de suspenso
era algo incómoda… como siempre. Le gustaba permanecer en el misterio, añorar a
que todos nos interesemos de una u otra manera por lo que ella haga o diga,
bien digo yo, ya que la conozco desde que éramos pequeñas… dos almas perdidas.
–
Hoy es
nuestro último día de gira aquí en Europa – guardó silencio un largo rato –
Felicitaciones chicos… ha sido una de las mejores – sonrió ampliamente – Y he
aquí el fruto de nuestras siembras…
Entonces de no sé
donde encendió el DVD que había aquí en su habitación y la música comenzó a
esparcirse por todas partes a gran velocidad… La introducción de “Never die in my mind” fue
estruendosamente agradable para nuestra emoción espontánea, el DVD de la gira estaba listo.
Los gritos, los
aplausos, las alabanzas no tardaron en aparecer, el efecto de surround de la
televisión nos transportaba a todos los presentes al plató principal, como si
estuviéramos en la primera fila de aquel estadio, presenciando el mejor show de
la banda tras haber salido del mismo infierno ya unas cuantas veces. Las
melodías nos erizaban la piel, el tono de voz de mi hermana, el movimiento de
Lu sobre el escenario, las caras de Alex en sus solos de guitarra, la potencia
que destacaba a Andréu atrás en la batería e incluso yo misma me sorprendí al
ver lo buena que podía ser mientras la música se escuchase fuerte… a todo
volumen para que todos la apreciaran.
Verme en una jodida
televisión me hacía despertar del eterno sueño que estoy viviendo, digo yo, es
lo que siempre quise… lo que Nixie me decía que lograríamos tras mucho
esfuerzo, y para ser sincera jamás le creí, yo solo seguía su juego para que no
se deprimiera, pero quien lo creería. Aquella chica irresponsable, lanzada a la
vida, quien pensaría que esa chica me llevaría a la cima de mi vida, a conocer
el éxito.
Muchas veces
cuestiono su forma de ser, su carácter de mierda, su vocabulario tan extraño,
incluso las decisiones que toma en ocasiones… pero es una gran mujer, tal vez
su vida sea un caos pero siempre cumple lo que promete, de alguna u otra forma
acaba cumpliendo su palabra. El fin
justifica los medios. Eso repite siempre… siempre.
–
¡Es lo
mejor que mis ojos y oídos han presenciado! – gritó Lu eufórica.
–
Y es lo
mejor que alguna vez presenciarás – dijo ella con orgullo.
–
Chicos…
ha quedado genial, los invito a todos para tomar un desayuno en el mejor
restaurante de la cuadra – dijo Jackson felicitándonos.
–
Nada de
lujos, desayunamos aquí en el hotel y nos largamos a disfrutar del día – gritó
Andréu.
–
Hoy
damos el último show, no podemos perder todo el día…
–
Cierto.
Entonces desayunamos y perdemos parte del día, para luego ensayar e irnos al
espectáculo ¿está bien? – rió el francés.
–
Está
bien – sonrió Bauer.
Entre gritos y
emoción salimos del cuarto y bajamos al gran comedor que tenía el hotel, por
primera vez en mi vida me sentía una diva. Creía que los ojos de todas las
personas me acosaban, me observaban con envidia, con interés y admiración, tal
vez fuera así, tal vez no. Pero de todos modos me sentía realmente bien, nada
podía bajarme de esta gran nube en la que estaba.
El desayuno fue
realmente agradable, risas por todas partes, una comida deliciosa nos hizo
bailar el estómago. Las charlas que se hicieron presentes convirtieron la
ocasión en algo mucho más especial, las memorias rozaban con nuestra piel, un
constante escalofrío nos recorría a los cinco, como que algo muy grande
estuviese por pasar; pero no esperamos nada, es decir, ya teníamos la gloria
necesaria, no necesitábamos más.
La gente que estaba
aquí se reía de nosotros, por nuestros comentarios, por nuestras risas
exageradas. ¿Cómo no hacerlo? Éramos lo mejor de lo mejor, no pasábamos
inadvertidos ni por mucho que lo quisiéramos.
Recuerdo que uno de
los superiores de los meseros nos felicitó por nuestro logro y se tomó unas
fotografías con nosotros, también Lu no pudo evitar sacar su cámara profesional
y capturar este dichoso momento.
–
Todo
parece mentira – decía Nixie fumando junto a mí en una terraza del comedor.
–
¿Quieres
que sea sincera? – la miré.
–
Siempre.
–
Jamás
creí que lograríamos esto… cuando comenzamos pensé que nos rendiríamos rápido y
que solo seríamos una banda local como muchas otras, jamás imaginé que mi
nombre sería aclamado por europeos – sonreí discreta, fumando también.
–
Yo
sabía que este día llegaría, tarde o temprano… más tarde que temprano – rió –
Solo había que esperar que la vida diera una de esas vueltas locas que te trae
cosas buenas. Míranos, tuvimos suerte Mischa…
–
¿Suerte?
No digas eso, te esforzaste mucho para traernos aquí.
–
No creo
que me haya esforzado lo suficiente, estamos aquí por el logro de cada uno –
dijo modesta, como siempre.
–
Cállate,
no empieces con eso – reí.
Ella sonrió. Amaba
verla sonreír, con esa mueca de diva que ponía cuando sonreía de costado,
mostrando sus marcados colmillos, entre esos gruesos labios… Demonios, mi mejor
amiga era la mejor, no tenía porque quejarme, ella alegraba mi existencia por
completo, aunque peleáramos por algunas estupideces… eso era lo de menos.
–
¿Ya
están listas? Nos vamos en quince minutos – sonrió Andréu abrazándonos a ambas
por nuestros hombros, él estaba justo al centro de ambas.
–
Siempre
estamos listas – sonrió ella.
–
Esas
son mis chicas…
–
Los
tres viejos – reí.
–
¿Eh? –
me miraron ambos.
–
Quiero
decir, somos los que quedamos… ya saben, desde la formación original – bufé.
–
¡Cierto!
– gritó él – Mis dos reinas, no saben cuanto las amo mis amores – nos apretó
con fuerza.
–
Lu se
pondrá celosa – rió Nixie.
–
¿Celosa
por qué? – me extrañé.
–
Ya
sabes, Lu ama a Andréu – movió sus cejas rápido de arriba abajo riendo.
–
Oye
para con eso – rió – Ya sabes que yo solo te amo a ti bombón…
–
Si van
a empezar me voy – reí.
Nixie y Andréu,
nunca sabré si son solo mejores amigos… o qué demonios, aunque se parece mucho
a la relación que tenía yo con Petter desde siempre. Pero si son míos, mis
mejores amigos, ambos y cada uno por separado.
Tras bromear un
largo rato Jackson vino por nosotros y nos fuimos a un lugar para ensayar por
una última vez antes de dejar el país. Todos abordamos la gran camioneta y nos
pusimos a gritar al unísono con las canciones que se escuchaban en la radio,
Nevinger por todas partes. Nuestras canciones sonaban a todo volumen, mientras
el chofer y Jackson reían, nosotros cantábamos con nuestras peores voces, no
era necesario ser entonado, gozábamos compartiendo el momento con nosotros
mismos, ¡qué importaba la opinión del resto!
Pero, para hacer de
todo algo mucho más emocionante, Nixie sacó la mitad de su cuerpo por una de
las ventanas y comenzó a cantar con todas sus fuerzas mientras la camioneta
estaba en movimiento, yo no podía quedarme fuera y Lu menos. Parecíamos tres
locas gritando y moviendo nuestras cabezas al compás de cada canción, la gente
nos gritaba cosas buenas, reía al vernos pasar y otros nos tomaban fotos. Al
parecer en Francia la gente no era tan escandalosa como lo estábamos siendo
nosotros, eso captó la atención de muchos transeúntes.
Cuando llegamos
todos nos reíamos de todos, el chofer nos deseó una buena tarde al igual que
nosotros a él, el sujeto era muy amable, no podíamos ser groseros con un buen
hombre.
Entramos al lugar
causando caos, gritando cosas sin sentido, ya saben, para darnos ánimo. Ahora
que lo pienso… somos bastante extraños. Nos sentamos todos en unos sofás que
allí habían e hicimos un brindis con cerveza alemana, luego de un rato Jackson
comenzó a fastidiarnos para que ensayáramos un poco, podría estar un rato y
luego marcharse para dejarnos libres hasta las 20.15, que sería la hora en que
la van nos llevaría hasta el estadio para acabar con esto de una vez por todas.
Los platillos de
Andréu marcaron el paso unos segundos, luego las guitarras y el bajo entraron estrepitosamente
logrando un sonido estupendo, la voz de Nixie hacía de las suyas como siempre.
Pasó una hora de ensayo sin detenernos y pudimos descansar y perder el tiempo
como tanto nos gusta.
–
¿Cómo
acabaremos el show hoy? – preguntó Sullivan.
–
Tiene
que ser especial… algo lindo pero no tan exagerado – levantó las cejas Nixie.
–
¿Lanzamos
champagne? – reí.
–
Dije no
exagerado – rió.
–
Yo creo
que el arte está en la improvisación – dijo Alex tan misterioso.
–
¿Y qué
cosa podrías improvisar arriba del escenario? – rió Andréu.
–
No sé,
un baile – rió sin contenerse.
¿Baile? ¿Estaba hablando en serio? No me imagino
a nosotros bailando algo en grupo… al menos no sobrios. Recuerdo a la
perfección el cumpleaños de Max en Los Ángeles por aquellos años pasados, en
que estábamos tan borrachos que los cinco nos pusimos en una fila en la orilla
de la piscina y comenzamos a bailar una coreografía que estaba de moda en esos
días, no recuerdo cual era, pero había un vídeo de aquello, todos riendo y
coordinados, lo mejor de todo fue que luego uno a uno fue cayendo a la piscina
porque perdía el equilibrio… esa noche fue maravillosa.
Muchas ideas fueron
surgiendo en el momento, unas sonaban tentadoras, otras… eran aterradoras, lo
digo en serio. La imaginación de esta gente daba para mucho, no había límites.
Además, teníamos una confianza hermosa que nos permitía hablar de cualquier
tipo de cosa sin escrúpulo, eso era lo mejor de todo.
Faltaban quince
minutos para que la van nos recogiera y los nervios atacaron a todos, como si
fuera la primera vez que hacíamos esto, ya estábamos preparados, con nuestros
instrumentos allá en el lugar que correspondía, solo faltaba que nos
transportaran al estadio. Cuando llegamos corrimos a maquillarnos, a vestirnos,
a prepararnos; compartimos un rato agradable con Stone Sour y Foo Fighters
antes de comenzar, deseándonos la mejor de las suertes, hoy debíamos hacer del
show algo inolvidable…
Primero subió la
banda de Corey, ellos se encargaron de encender al público, despertarlos de la
larga espera. Luego Dave Grohl y su banda se preocuparon de que la emoción
estuviese al máximo, los prepararon para el plato fuerte. Y antes de que
subiéramos a escena, nos bebimos un vaso de whiskey cada uno, de un sorbo… sin
respirar, para que fuera más intenso y concentrado.
–
Vamos
por ellos – dijo Nixie con esa maldita sonrisa que la destaca.
–
Mostrémosles
lo bueno que somos – la miré.
Asintió aún
sonriendo. Nos abrazamos, nos besamos las mejillas y nos empujamos a subir,
allí los gritos nos hicieron llegar al cielo una vez más. Entonces el show comenzó.
Las voces del
público aclamaban nuestra música, nosotros les dábamos lo que tanto pedían. Mis
solos no se dejaban persuadir tan fácil, amaba ver ese centro tan distinguido
de gente, rodando y empujándose para sentir el sonido un poco más intenso del
que oían, la pasión los dominaba. El bajo de Lu no se quedaba atrás, a ella le
gustaba reír mientras me empujaba para que comenzáramos a reír, Alex permanecía
sensual y sonriendo al público mientras Nixie acariciaba su abdomen, como
siempre lo hacía con Petter y el difunto Max. Atrás Andréu se movía más rápido
que de costumbre, como si hoy estuviera al máximo nivel de potencia.
Cuando ya íbamos en
la séptima canción la voz de Nixie se vio un poco complicada, dejaba que el
público continuara las frases muy seguido, intentaba mantener el micrófono
alejado de su boca, se tocaba el pecho disimuladamente… como si algo le
estuviese molestando. Me percaté de ello a la distancia, pero no quise decir
nada. Sabía que si le preguntaba me diría que está bien, que no me preocupara…
pero yo lo hacía de todas formas.
La emoción rozaba
con la perfección, la gloria máxima estaba bailando con nosotros, la astucia de
ser una banda liderada por chicas nos hacía marcar una tendencia necesaria,
éramos como dioses desfilando en el olimpo, realmente éramos buenos, nadie
podía decir lo contrario.
Los gritos de Bauer
hacían explotar al público, con ese fino y alargado tono que la destacaba, mi
piel se erizaba cada vez que ella arqueaba su espalda para hacer el tono más
intenso, cada vez que el micrófono se ponía en forma vertical sobre su boca,
cada vez que su cabellera intentaba alcanzar el suelo a sus espaldas. Pero
cuando todo parecía ser glorioso, ella se derrumbó.
Hubo un grito muy
prolongado de la canción “Say Goodbye”,
antes de acabar la misma se tomó el pecho mientras cantaba y ella me miró con
agonía, cayó al suelo de improviso lanzando el micrófono tan lejos que casi me
alcanza. Yo estaba muy alejada de ella, por el costado derecho del escenario,
jugando con la gente, ella estaba en el centro para variar animando el show.
Verla caer me hizo recordar, entonces lancé la guitarra sin cuidado a un
costado y corrí hasta ella; Lu, Alex y Andréu no comprendían nada, no sabían lo
que estaba pasando. La música se detuvo.
–
Nixie…
¡¡¡Nixie! – grité cuando me arrodillé para socorrerla.
–
Me
duele… Mischa – dijo sin voz.
–
Aguanta…
¡¡Que alguien traiga un paramédico!!
– les grité a los chicos que no reaccionaban.
–
Ya es
hora – sonrió con dolor.
–
No,
nada de eso… no puedes…
–
Mischa…
Su rostro ya no era
al que estaba acostumbrada, mis lágrimas comenzaron a florar como la lluvia en
un día de invierno, sentía un profundo vacío en mi interior al verla acabada.
Su sonrisa era débil, sus ojos se estaban apagando a medida que el dolor cobraba
fuerza, su mano ya no podía apretar la mía… podía sentir que un frío me
abrazaba, podía asegurar que ya nada podía evitar que esto terminase.
–
Te amo…
nunca lo olvides… – sonrió ya casi sin energía.
–
Nixie…
no… Connie, tú no puedes – supliqué sin contenerme.
–
Quedas
a cargo querida… hay una carta entre mis cosas… deben leerla – sus ojos se
cerraron.
–
No… no, no, no… ¡¡NIXIE!!
Me abalancé sobre
ella, queriéndola sentir conmigo, sintiendo su calor corporal, añorando oír su
voz una vez más, no quería que se marchara así… ella no podía abandonarme…
–
Permiso
señorita, debemos asistirla – dijeron unos paramédicos que aparecieron para
quitarme de encima.
–
Tráiganla
de vuelta… por favor – supliqué llorando.
–
Haremos
todo lo posible – asintió.
Andréu corrió a mí
y me abrazó, Lu tenía una cara de shock mientras que Alex daba las disculpas al
público por no poder continuar el concierto. En el suelo yo permanecía abatida,
derrumbada, aclamando a mil voces que esto solo fuera un sueño.
En verdad esto
no podía estar pasando, todo estaba tan bien… esto no podía terminar así, no,
no podía. Podía sentir como me desgarraban el alma, como me ardía el pecho, no
podía calmar mis jodidos nervios, estaba temblando por completo mientras
lloraba sin consuelo; no podía borrar la imagen cuando la vi caer, cuando chocó
su espalda contra el suelo, cuando su voz se apagó…
–
Esto no
puede estar pasando – mi voz ya no se escuchaba.
–
¿Qué
fue lo que pasó…? – Andréu tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos.
Sin que yo pudiera
decir nada, sus ojos se pusieron lagrimosos, negó con su cabeza mientras yo no
podía responderle alguna cosa.
–
No… eso
no es cierto – su voz se rompió.
Y entonces la
desesperación se apoderó de ambos, yo solo quería desaparecer, irme tan lejos
como pudiera para gritar y acabar con esta maldita agonía, Andréu me acurrucó a
él como una niña pequeña, como una frágil
muñeca de cristal. Permanecían Lu y Alex sin comprender nada, ella estaba
con la vista perdida, tal vez imaginando mil cosas, pero no obtenía respuestas,
lo que la dejaba aún más perdida; tampoco se acercaba a mí a preguntarme algo,
ella estaba tal vez igual que yo, pero de otra forma. Andréu me mecía como un
bebé, pareciendo que él lo necesitaba más que yo, la incertidumbre permanecía, no se iba.
Definitivamente el caos
estaba recién comenzando… ¿Cómo mierda iba a enfrentar todo esto yo sola? Nunca
creí en nada, perdí mi fe desde hace muchos años atrás… pero a cualquier cosa
que pudiera existir, en donde sea… pido una vez en mi vida, un milagro.
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