El
viento de invierno se hacía presente con fuerza, las dulces reacciones de Sean
hacía mi cuello me hacían sentir plenamente enamorada. Ya era febrero del 2013, el tiempo había pasado muy rápido, tal vez
más rápido que en las películas. Se
estarán preguntando que ha pasado… y les haré un breve resumen de aquello.
Naomi
con Corey se casaron a fines de Octubre, sin inconvenientes, sin problemas ni
más engaños. Se cumplió un año de la muerte de Dero, aquel día lloré como una
niña desconsolada, el dolor que tenía en mi interior fue muy grande y
desgarrador. Nevinger publicó su nuevo álbum con mucho tiempo de retraso, ya
que Lu estaba internada, pero por suerte sus sesiones fueron reducidas a
sesiones semanales y ya estaba de vuelta en casa junto a su marido y sus tres
hijos. Ángela y Andréu ya fueron padres de una hermosa niña, May era su nombre.
Petter no ha presentado mejoras, para nada. La banda ha participado de grandes
festivales a lo largo del país y alrededor del mundo, incluyendo el reciente
festival ‘Hostile Dolls’. Mi carrera de solista marcha bastante bien, también
lancé un nuevo disco hace unas semanas atrás y bueno… me alejaré de los
escenarios por un buen tiempo, ya que hace dos días me diagnosticaron 4 semanas
de gestación, sí… yo y Sean seremos
padres.
La
noticia venía bastante bien, nuestra unión era algo sorprendente, la gente no
podía creer que dos personas muy diferentes llegarían tan lejos juntas, más aún
con toda la historia que me perseguía a mí, ya saben, infidelidades,
traiciones, riñas con la gente… etcétera.
Hace
pocos días había sido el cumpleaños de Cristal, cumplió once lindos años… los
mismos que cumpliría la banda dentro de un mes. Era asombroso como las cosas se
ponían tan buenas, parecían mentiras, y eso me asustaba mucho… siempre he
tenido miedo cuando las cosas buenas vienen una tras otra… algo malo estaba por
venir, o eso creo.
–
¿Qué crees que sea? ¿Niño… o niña? – sonreía desde la
cocina.
–
Pues… me gustaría que fuera niño, para así tener dos chicas
y dos chicos – reí desde el sofá, comiendo palomitas.
–
Sí, sería lindo… ¿Cómo le llamaríamos si fuese niño? – se
aproximó a mí.
–
Me gusta el nombre Dave, también Derek… también Dero…
–
Son lindos nombres… – sonrió Sean acariciando mi mejilla
luego de sentarse junto a mí – Pero debemos decidirnos tan solo por uno – rió.
–
Sí… eso lo veremos con el tiempo – apoyé mi cabeza en su
hombro.
–
¿Cuándo vuelven los niños…?
–
No lo sé, los chicos suelen volver muy de noche desde la
playa… Llamaré a Mischa – tomé mi celular.
–
Déjalos, los niños deben pasar tiempo con sus primos – besó
mi cabeza – veamos la película tranquilos.
–
Después no te quejes entonces – reí.
Nos
acurrucamos en el sofá y seguimos viendo una película, nos besamos, nos
acariciamos, disfrutamos de la intimidad que había en la casa. Ya era casi
media noche cuando el timbre sonó, ninguno de los dos quería levantarse a
abrir, nos daba tanta pereza… pero al final lo hice yo.
–
¿Qué sucede? – dije casi sin ganas, sonriendo.
–
¿Interrumpí algo? – jugó con sus cejas.
–
No Bauer, no interrumpes nada – reí.
–
Diablos, quería llegar en un momento inoportuno – sonrió –
Los chicos quieren quedarse en casa, a dormir… Haremos pizza, ¿te molesta si se
quedan?
–
Mischa, mañana tenemos que viajar a New York… ¿lo
recuerdas?
–
¡Mierda! – gritó cubriéndose el rostro – ¡Lo había
olvidado! Siquiera he hecho las maletas…
–
Perfecto… lo único que faltaba es que olvidaras nuestro
importante viaje – fruncí el seño.
–
No, nada de eso… – miró la hora – le diré a Ville que
traiga a tus hijos mientras preparo todo… ¿está bien? Por cierto… ¿Tú tienes
los modelos, los dibujos y esas cosas?
–
Tengo casi todos yo… creo, tú te llevaste dos de los
modelos de las estrelladas, querías reajustar algunas cosas y…
–
Si, las tengo yo esas, bueno, mando a Ville con los niños y
nos vemos mañana, que duermas bien – me besó la mejilla acelerada y se marchó.
Sonreí,
permanecí en la puerta unos dos minutos y aparecieron los cuatro pequeños
corriendo, felices y agotados al mismo tiempo. Les abracé, los besé y mimamos
un buen rato con Sean, luego les pedí que se fueran a dar unos baños para irse
a dormir, Sean se fue a la cama mientras yo bañaba a Lilian.
–
¿Mañana veré a papá? – me sonreía.
–
Tal vez, si él tiene tiempo… lo verás mi amor.
–
Espero que así sea… desde que nació mi nueva hermana ya no
recuerda que existimos…
–
No digas eso Lilian, él ha venido de vez en cuando a
verlos, sabes que el trabajo de tu padre es complicado, tener dos bandas
requiere mucho tiempo…
–
Y también tener más hijos – bufó.
–
No pienses así hija, sabes que papá te ama, no te pongas
celosa…
–
No son celos mamá… es que extraño a papá – me miró apenada.
–
Lo sé hija, pero ten calma, ya mañana lo verás – sonreí.
Asintió.
Acabé de bañarla, la rodeé con una toalla y la sequé, cepillé sus cabellos y
luego le puse su pijama, la llevé al cuarto y la acosté, le di su peluche de
panda y la dejé durmiendo. Volví a mi cuarto y me encontré con Sean en boxer,
recostado sobre la cama leyendo un libro con unos anteojos ópticos que lo
hacían lucir muy sensual.
–
Oh por dios… ¿Me he equivocado de casa? – reí en la puerta.
–
¿Por qué? – levantó sus cejas.
–
Un hombre sexy está en mi cama… ¿Qué hiciste con Sean?
–
Yo soy el nuevo Sean nena – sonrió sexy.
–
¿Ah si? – reí.
–
Ven a dormirte, deja de jugar que mañana debemos madrugar –
rió mostrando su hermosa dentadura.
–
Está bien…
Fui
al baño y me puse el pijama, peiné mi cabello y me acosté a dormir, Sean dejó
su libro de lado y se durmió junto a mí, rodeando mi cintura con su gran brazo,
con su mano… acariciaba mi vientre.
A
la mañana siguiente dos taxis nos esperaban afuera, conmigo se fueron las tres
niñas en el primero y Alexander se fue con Sean en el otro; Mischa se fue con
Ville y sus cuatro niños en otro taxi. Abordamos el avión a eso de las 10.30 de
la mañana, con dirección a la ciudad de New York, donde nos reuniríamos con
unos ejecutivos de las guitarras Gibson y Johnson, debíamos afrontar con Mischa
la situación de crear una marca propia: Bauer
Splendid. Marca que sería originaria de ambas, guitarras V, guitarras
estrelladas, estándar y las clásicas eléctricas y acústicas, queríamos lanzar
al mercado un legado de las mejores guitarristas del mundo y que mejor hacerlo
con aquellos instrumentos que nos dieron tanto renombre en el mundo.
Los
vuelos en este país eran realmente maravillosos, eran tan veloces que parecían
mentira, tardamos unas cinco horas en arribar en el aeropuerto de New York, una
van muy grande nos estaba esperando, subieron los niños, luego nosotros cuatro,
el chofer nos saludó y nos llevó al hotel; quizá unos 15 minutos tuvieron que
pasar para poder llegar y al fin descansar un poco.
–
Ya estamos aquí – dije
–
Bien, ¿es el hotel de
siempre?
–
Sí… ¿vendrás por ellos?
–
Claro, voy ahora mismo…
–
Está bien, así aprovechas de hablar con Sean – dije
irónica.
–
¿Qué tiene que hablar ese
sujeto conmigo? – dijo un poco molesto.
–
Son cosas que tienen que pasar tarde o temprano Richard –
dije en alemán.
–
Ya me imagino a lo que
llegaremos…
– respondió en el mismo idioma – Hablaré
con él de todos modos.
–
Más te vale, apresúrate, que los niños quieren verte.
–
Nos vemos en un rato,
adiós.
–
Adiós – corté.
Dejé
el celular sobre la mesita y me lancé al sofá, teníamos una suite realmente
cómoda, los chicos estaban felices porque tenían un gran televisor plasma en su
cuarto. Sean dejó las maletas junto a nuestra cama matrimonial y me miró un
poco confundido.
–
¿Qué sucede? – lo miré.
–
Sé que tu ex marido reaccionará mal ante lo que tengo que
decirle…
–
No importa lo que haga, él no puede reclamar nada – sonreí.
–
Pero… olvídalo.
Negó
con su cabeza, caminé hasta él y lo abracé, sentí su perfume y lo hice
tranquilizar, hasta que tocaron el timbre de la habitación.
–
Tardaste – levanté las cejas.
–
Lo siento, el tráfico en esta ciudad es un asco – apretó
sus labios.
–
Lo sé – rasqué la punta de mi nariz.
–
¿Los niños?
–
Sean está en el cuarto… habla con él primero, luego verás a
los niños… – dije seria.
–
Está bien – bufó harto – Hablaré con él para que dejes de
fastidiar…
Caminó
enojado hasta el cuarto, se cerró la puerta con fuerza, me senté en el sofá
esperando que no se mataran a golpes o algo por el estilo; luego de unos veinte
minutos Richard salió respirando agitado como un toro, me miró e iba a decir
algo pero prefirió tragárselo.
–
¿Dónde están los niños?
–
Están en sus cuartos…
–
Los traigo mañana a medio día, espero que no nos veamos
hasta entonces – dijo molesto.
–
Descuida, no te buscaré – sonreí irónica.
–
Bien.
Fue
al cuarto de los chicos y los niños gritaron felices, se despidieron de sus
hermanas, de Sean como un padre y de mí, Richard estaba enojado y se los llevó.
Miré a Sean quien permanecía en silencio, levantó las cejas.
–
Después te cuento – sonrió apenas.
Asentí,
tomé su mano y llevamos a las chicas hasta el ascensor, era hora de la junta.
Ville y Sean irían a visitar la ciudad con todos los niños, mientras que Mischa
y yo nos enfrentábamos a los negocios. Un auto especial pasó por nosotras al
hotel, nos llevó a una zona alejada de la ciudad, a un edificio muy elegante y
estilizado, era bonito y futurista.
–
¿Estás lista? – le dije a Mischa mientras miraba el
edificio.
–
Eso creo… ¿Y tú? – me respondió sin mirarme.
–
Lo mismo digo – sonreí.
Nos
abrieron la puerta y entramos, un hall bonito te daba la bienvenida, guitarras
por todas partes, gente importante estaba aquí y nos miraban, eran artistas de
todo tipo, cantantes, músicos… algunos me parecían conocidos, a otros jamás los
había visto; nos sonrieron de todas formas, un hombre alto nos guió hasta la
última oficina del pasillo, el nerviosismo nos mantenía en un permanente
silencio, con Mischa habíamos planeado esto hace mucho, pero jamás creímos que
tendríamos que enfrentarnos a grandes industrias para conseguirlo.
–
Adelante – dijo el sujeto abriendo la puerta.
–
Muchas gracias – sonreíamos ambas.
Allí
estaban, dos sujetos de traje, con cara de momia, hablando muy en secreto el
uno con el otro, guardando silencio al vernos entrar. Tenían un par de carpetas
frente a sus manos, el tipo cerró la puerta y nos sentamos frente a ellos,
ambas veníamos vestidas como siempre, con la ropa distintiva de músicos de
metal, tal vez no era apropiado para la situación pero… nosotras somos así.
–
Buenas tardes señoritas – dijeron ambos.
–
Buenas tardes – sonreímos.
–
¿Cómo fue su viaje? – preguntó uno de ellos.
–
Pues bueno, sin complicaciones – respondí perspicaz.
–
Que bien, yo soy Jean Lombardee y represento a la compañía
distribuidora de las guitarras Gibson – estrechó su mano por sobre la mesa.
–
Yo soy Luigi Quiñón, representante de la empresa de las
guitarras Johnson, un placer – sonrió el otro.
–
Un placer, soy Mischa Bauer – sonrió ella.
–
Nixie Bauer – estreché mi mano.
Nos
presentamos todos, hablamos un poco sobre los intereses que teníamos ambas en
las guitarras y en el legado que queríamos dejar durante nuestra paso por la
música, y que mejor que hacerlo… cumpliendo con la creación de nuestras propias
guitarras. Ellos nos comentaron que aún éramos jóvenes para hacer algo como
esto, pero discutimos sobre ese punto. La reunión se alargó unas tres horas,
más de lo que teníamos planeado con Mischa, les mostramos los diseños que
teníamos en mente y quedaron interesados, sus rostros lo demostraban y eso nos
dejó un aire de esperanza.
–
Para ser tan jovencitas, tienen metas plantadas, lo que es
bastante bueno. Además, tienen bases extraordinarias, están muy organizadas y
tienen un gran poder de expresar lo que tienen en mente – dijo Luigi tocando su
barbilla.
–
Tal vez en un par de horas nuestros asistentes les llamen
diciéndoles nuestra respuesta, si no es así… tal vez mañana por la mañana ya
estén enteradas, debemos evaluar los modelos y el costo de cada uno – dijo Jean
– ustedes sabrán que hay que hacer un modelo de prueba y lanzarlo al mercado,
dependiendo el éxito… será su comercialización ¿está bien?
Asentimos.
–
Fue un verdadero placer conocerlas señoritas Bauer, nos
mantendremos en contacto – nos dijeron.
–
Muchas gracias por su tiempo – les sonreí.
Nos
estrechamos las manos nuevamente y salimos de ahí más aliviadas, antes de
abandonar el lugar gente nos pidió nuestros autógrafos y fotografías, no nos
negamos, estábamos felices.
Salimos
de allí y fuimos a Central Park, a descansar un poco, nos sentamos en una banca
bajo la fría tarde que caía sobre nosotras, le sonreímos a los niños que
pasaban frente a nosotros comiendo dulces y paseando perros.
–
¿Por qué Richard salió tan molesto del hotel hoy? –
preguntó.
–
Porque Sean al fin pudo hablarle…
–
¿Hablarle sobre qué? – se extrañó.
–
Sobre nuestro matrimonio… y la nueva vida que estamos
llevando – sonreí mirando al frente.
–
¡¿TE VAS A CASAR?! – gritó.
–
Sí, aún no, tal vez en un tiempo más… pero está en mis
planes casarme con Sean… además… hay algo que no te he dicho – la miré de
reojo.
–
¿Qué me estás ocultando Nixie? – sonrió encogiendo sus
ojos.
–
No quería decirlo hasta dentro de un tiempo más… creo que
aún es muy pronto… y…
–
Diablos, dilo ya – rió.
–
Tengo cuatro semanas de embarazo – sonreí.
No
dijo nada, solo sonrió ampliamente y se puso de pie, me obligó a también
hacerlo para que así ella pudiese abrazarme, su felicidad también me conmovía,
no sé porque creí que me regañaría, vendría siendo mi cuarto hijo, quinto si
cuento también a la hija de Sean…
–
Tu familia si es bastante numerosa – rió en mi oído.
–
Seguiré liderando el ranking – reí.
–
Eso ya está dicho – siguió abrazándome.
–
¿No crees que debemos celebrar esto? – la miré a los ojos.
–
Si, creo que deberíamos – sonrió.
–
¡Consíganse un hotel,
tórtolas!
– gritó un sujeto que pasó en bicicleta junto a nosotras.
Ambas
reímos, nos hacía tanta gracia cuando la gente pensaba que éramos lesbianas y
más aún pareja, pero bueno, la gente siempre juzga por lo que ve, pero me da igual. Nos fuimos de aquel
parque y partimos en busca de nuestras parejas para compartir nuestra estadía
en la ciudad, debíamos esperar el llamado que nos señalaría en qué dirección
debíamos ir de ahora en adelante…
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